El Centro Médico de la Base Militar de Los Ángeles era un lugar pulcro, de paredes blancas y un silencio sepulcral. Damon había tenido que atender una llamada urgente del alto mando en el pasillo, por lo que Liria entró sola al consultorio del doctor Evans, el especialista en fertilidad de la base. Se sentó frente al escritorio, manteniendo la postura firme de su rango militar, aunque el corazón le latía con fuerza por los nervios.
El doctor Evans acomodó los expedientes y los exámenes de laboratorio de ambos sobre el escritorio. Miró a Liria con un semblante de profunda seriedad y soltó un suspiro pesado.
—teniente Park, tengo los resultados definitivos de los análisis —anunció el médico, ajustándose las gafas—. Y debido a que usted está sola aquí, creo que es mejor hablar con total franqueza. El problema para concebir no está en usted. Sus niveles y su sistema reproductor están en perfectas condiciones. Es una mujer completamente fértil.
Liria frunció el ceño, sintiendo un vuelco en el estómago. —¿Entonces el problema es de mi esposo, doctor?
—Así es. El mayor Grayson tiene una deficiencia severa en la movilidad de sus espermatozoides; son extremadamente lentos. Esto se debe a un traumatismo que sufrió en una misión de combate cuando era más joven. Debido a esa baja eficiencia, sus espermatozoides no logran llegar al óvulo por vías naturales, lo que hace imposible un embarazo sin intervención médica.
Liria se quedó helada. Conocía perfectamente a Damon: sabía lo orgulloso, prepotente y machista que era con el tema de su linaje puro y la perfección de los hombres Grayson. Sabía que si Damon se enteraba de que él era el motivo por el cual no podían tener hijos, su ego militar y su orgullo se destruirían por completo frente a su padre y su abuelo. No soportaría esa humillación.
Pensando con el corazón y dispuesta a proteger al hombre que amaba a costa de su propio bienestar, Liria miró fijamente al doctor Evans y tomó una decisión radical.
—Doctor... le pido que no le diga la verdad a él —soltó Liria con voz firme pero cargada de angustia—. No le diga que es él quien no puede tener hijos. Redacte el informe diciendo que yo soy la que tiene el problema de infertilidad, pero agregue que con un tratamiento especializado podemos lograr tener bebés a largo plazo. Por favor, deje el historial de mi esposo limpio. Yo asumiré la responsabilidad.
El doctor Evans la miró con asombro, impactado por el tremendo sacrificio de la joven militar. —teniente, ocultarle esto a su esposo y cargar con esa culpa ante una familia como los Grayson es un precio muy alto. ¿Está segura?
—Completamente segura, doctor. Hágalo así —sentenció Liria.
Un par de minutos después, la puerta se abrió y Damon entró al consultorio. Su imponente presencia física de más de un metro ochenta y cinco, sus hombros anchos y sus brazos tatuados dominaron la habitación. Se sentó al lado de Liria con arrogancia, esperando el veredicto.
El doctor Evans, cumpliendo el trato con Liria, carraspeó y miró el nuevo informe. —Mayor Grayson... ya le explicaba a su esposa. Los resultados muestran que el inconveniente está en el organismo de la teniente Park. Ella presenta una condición que le impide salir embarazada de manera natural. Sin embargo, no todo está perdido; con un tratamiento médico estricto y paciencia, existe una posibilidad de que puedan concebir en el futuro.
Damon soltó un suspiro de alivio, una sonrisa de suficiencia y soberbia cruzando su atractivo rostro. Su ego de macho alfa Grayson estaba intacto. Miró a Liria de reojo, y aunque la tomó de la mano, una chispa de decepción y superioridad se encendió en sus ojos verdes. La mentira estaba armada, y Liria acababa de sellar su propio destino sin imaginar que el hombre que tanto amaba se convertiría en su peor verdugo.