Sangre, Armas y Linaje (liria y Damon)

Capítulo 3: La hostilidad del linaje

La noticia del informe médico corrió como la pólvora en la residencia de los Grayson. Esa misma noche, el general Arthur y el abuelo Silas convocaron a la pareja a una reunión urgente en el despacho principal. El ambiente estaba cargado de un humo denso de habano y un silencio sepulcral que hacía eco de la decepción de la dinastía.

Liria permanecía de pie, con la espalda recta y las manos entrelazadas al frente, soportando la mirada fulminante de los dos hombres mayores. Damon, a su lado, mantenía una postura rígida, cruzado de brazos, dejando ver los oscuros tatuajes que trepaban por sus bíceps. Sin embargo, su habitual mirada de adoración hacia Liria se había transformado en un frío distanciamiento. Su ego, aliviado por saberse "puro", se había volcado en una silenciosa superioridad.

—Es inaceptable —sentenció el abuelo Silas, dándole un golpe seco a su bastón contra la alfombra—. Una mujer que no puede dar hijos no es una mujer digna para el apellido Grayson. Nuestro linaje se compone de hombres imponentes, de sangre fuerte. No podemos permitir que una falla biológica detenga nuestra historia.

—Pensamos que al ser militar entenderías el peso del deber, Liria —añadió el padre de Damon, Arthur, con total frialdad—. Pero un vientre seco no le sirve a esta familia. Lo correcto, lo que exige el honor de este apellido, es que te divorcies de mi hijo. Damon necesita una mujer que esté a su altura, una mujer capaz de darle el heredero que su linaje exige.

Liria sintió una punzada de dolor agudo en el pecho. Miró de reojo a Damon, esperando desesperadamente que el hombre que juró amarla y protegerla saliera en su defensa. Esperaba que recordara las noches de entrega, el amor de estos tres años de matrimonio. Pero Damon no se movió. El machismo arraigado en su crianza, la presión de ser el alfa de la familia y el orgullo de su apellido nublaron por completo su juicio.

—Ellos tienen razón, Liria —soltó Damon. Su voz, usualmente ronca y sexy, sonó gélida, desprovista de cualquier rastro de la ternura pasada—. Un Grayson no puede quedarse sin descendencia. Pensé que eras una mujer completa.

A partir de esa noche, el infierno se instaló en el hogar que alguna vez compartieron con amor. Damon cambió por completo. El hombre apasionado que la buscaba con desesperación en las noches se convirtió en un extraño prepotente y hostil. Comenzó a tratarla mal en la casa y en la base, lanzándole miradas de desprecio y recordándole con comentarios hirientes su supuesta "incapacidad". Ya no la tocaba, ya no la miraba como su esposa; la miraba como un obstáculo para su glorioso legado.

—Podemos adoptar, Damon... —le sugirió Liria una noche, con los ojos empañados en lágrimas, intentando salvar lo último que quedaba de su matrimonio—. Hay muchos niños que necesitan un hogar, y nuestro amor podría...

—¿Adoptar? —la interrumpió Damon, su soltando una risa arrogante y cargada de desprecio—. ¿Un Grayson criando la sangre de un extraño? No digas estupideces, Liria. Mi hijo tiene que llevar mis genes, mis tatuajes, mi fuerza. Tiene que ser un Grayson puro, un hombre de mi propio linaje. No voy a manchar mi apellido con un huérfano solo por tus caprichos.

Liria lo miró en silencio, sintiendo cómo el corazón se le rompía en mil pedazos. El hombre al que estaba protegiendo con su silencio la estaba destruyendo sin piedad, cegado por un machismo absurdo y una arrogancia ciega, sin sospechar que la supuesta "falla" que tanto despreciaba, en realidad le pertenecía a él.




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