Cuatro meses pasaron desde aquella última y dolorosa noche. Para Liria, la vida en las barracas del comando militar de Los Ángeles se convirtió en su único refugio. Se sumergió por completo en su trabajo en el área de logística y operaciones, buscando en la estricta disciplina militar el anestésico perfecto para sanar su corazón roto. Ya no quedaba rastro de la esposa abnegada que soportaba los desplantes de los Grayson; ahora era una oficial fría, eficiente y enfocada. Sin embargo, en las últimas semanas, un extraño y constante cansancio, acompañado de sutiles mareos por las mañanas, había comenzado a aquejarla, atribuyéndolo simplemente al estrés y a las largas jornadas de guardia.
Por su parte, Damon Grayson continuaba con su imponente rutina como mayor del ejército. Su figura alta, sexy y tatuada seguía infundiendo el mismo respeto y temor en la base, pero por dentro, un vacío extraño lo carcomía. A pesar de tener la libertad que su familia exigía, la ausencia de Liria se sentía como una llaga abierta.
Para llenar ese vacío y cumplir con las expectativas de su linaje, Damon había comenzado a salir con alguien más. Se trataba de Valerie Vance, una mujer de la alta sociedad de Los Ángeles e hija de un coronel influyente, a quien su padre, el general Arthur, le había presentado formalmente. Valerie era hermosa, refinada y provenía de una familia "digna", pero carecía por completo de la valentía, la entrega y la conexión profunda que Damon solo había tenido con Liria. Aunque salía con ella y la llevaba a los eventos del club militar para complacer a su abuelo y a su padre, Damon se sentía extrañamente distante en cada cita. Su cuerpo respondía por inercia, pero su mente seguía atrapada en los ojos de su exesposa.
Una mañana, el ambiente en el centro de mando se tornó crítico. Una alerta roja llegó desde una zona conflictiva en la frontera, requiriendo el despliegue inmediato de un equipo de apoyo logístico y táctico para una misión de alto riesgo en el terreno. Debido a su impecable historial en los últimos meses, el nombre de Liria Park encabezó la lista de oficiales asignados.
Damon, que se encontraba en la oficina de comandancia revisando las órdenes de despliegue, sintió que el corazón le daba un vuelco violento al ver el nombre de Liria en el reporte de salida. Un extraño e inexplicable presentimiento, un miedo profundo que no lograba comprender, le apretó el pecho.
Instintivamente, Damon caminó hacia la zona de embarque, deteniéndose a varios metros de distancia justo cuando el equipo terminaba de equiparse. Vio a Liria de espaldas, ajustándose el chaleco táctico sobre su uniforme. Lucía un poco más pálida de lo habitual y respiraba con cierta dificultad, pero mantenía la mirada firme de un soldado listo para cumplir con su deber.
Damon dio un paso al frente, con la intención de usar su autoridad para detenerla o exigirle que se quedara, pero el orgullo de su apellido y el peso del rango lo frenaron en seco. Liria se giró, y por un breve segundo, sus miradas se cruzaron en el bullicioso hangar. No hubo palabras, solo un silencio cargado de historia no resuelta. Ella subió al helicóptero militar junto a su escuadrón, y las hélices comenzaron a girar, elevándose hacia el cielo de Los Ángeles. Damon se quedó observando la aeronave desaparecer en el horizonte, con una opresión en el estómago que le advertía que esa misión cambiaría sus vidas para siempre.