El pitido constante del monitor cardíaco marcaba el ritmo de la recuperación en la habitación de cuidados postoperatorios. Liria abrió los ojos lentamente, parpadeando barios veces para disipar la pesadez de la anestesia. Sentía el cuerpo dolorido y un vendaje ceñido alrededor de su abdomen, pero la calidez de la luz de Los Ángeles entrando por la ventana le indicó que estaba a salvo, de regreso en la base.
A su lado, el cirujano militar revisaba las constantes en la pantalla electrónica. Al ver que su paciente recobraba el sentido, le dedicó una sonrisa amable pero cargada de alivio.
—Bienvenida de vuelta, teniente Park. Tuvo mucha suerte allá afuera —dijo el médico, anotando unos datos en la tabla clínica—. La esquirla causó una hemorragia moderada, pero logramos detenerla a tiempo. Estás completamente estable.
Liria soltó un suspiro débil, llevándose una mano al vientre por puro instinto militar de evaluación. —Gracias, doctor... ¿El informe de la misión ya fue entregado?
—El informe puede esperar, teniente. Lo que no podía esperar era la vida que lleva dentro —respondió el médico con tono firme—. Logramos estabilizarla a ella y al bebé que viene en camino. Tiene cuatro meses de gestación. Es un milagro que no lo haya perdido con el impacto de la emboscada.
Liria se quedó completamente paralizada en la cama, con los ojos castaños abiertos de par en par. La confusión y la incredulidad inundaron su rostro pálido.
—¿Un... un bebé? Doctor, eso es un error, es imposible —declaró Liria con la voz temblorosa, intentando incorporarse—. El último hombre con el que estuve fue mi exesposo, el mayor Grayson. Y él no puede tener hijos; sus niveles celulares y la movilidad de sus espermatozoides son demasiado bajos debido a una vieja lesión. Yo misma vi los análisis. No hay forma de que esté embarazada.
En ese preciso instante, la puerta de la habitación se abrió de golpe.
Damon entró al cuarto. El imponente y sexy militar de más de un metro ochenta y cinco lucía completamente devastado; tenía el uniforme arrugado, los ojos verdes inyectados en sangre y las manos tatuadas le temblaban visiblemente. Había escuchado las últimas palabras de Liria desde el pasillo, y cada una de ellas se sintió como una estocada directa a su orgullo arrepentido.
El doctor Evans, que venía entrando justo detrás de Damon, miró a Liria con una profunda compasión y luego fulminó al mayor con la mirada.
—No es ningún error, teniente Park. Su exesposo ya sabe toda la verdad —intervino el doctor Evans, cruzándose de brazos—. Ya sabe que usted alteró el informe original para proteger su estúpido ego de macho alfa y su preciado linaje familiar. Y lo que tiene en su vientre, teniente... es un auténtico milagro verídico. La ciencia tiene un margen, y esa última noche que pasaron juntos fue suficiente para que ese porcentaje mínimo de movilidad lograra su objetivo. Está embarazada del mayor Grayson.
Liria miró a Damon, conmocionada. El gran e imponente Damon Grayson dio un paso vacilante hacia la cama, cayendo de rodillas al lado de ella. Tomó la mano de Liria entre las suyas, pegando la frente a las sábanas mientras derramaba lágrimas de pura culpa, amor y asombro.
—Perdóname, Liria... Dios mío, perdóname por ser un monstruo —sollozó Damon con su voz ronca completamente rota—. Me protegiste de la peor humillación y yo te pagué con desprecio. Me dé sise de ti sin saber que me estaba deshaciendo de mi propia vida... de nuestro hijo.
El cirujano jefe interrumpió el dramático momento con un carraspeo profesional, sosteniendo un equipo de ultrasonido portátil que una enfermera acababa de ingresar a la habitación.
—Bien, ya habrá tiempo para los lamentos, mayor. Ahora mismo lo importante es verificar el estado actual del feto después del trauma físico —sentenció el cirujano, acomodando el monitor al lado de la cama—. Teniente Park, vamos a hacerle una ecografía de inmediato para asegurarnos de que todo marche en orden.
Damon levantó la cabeza, limpiándose las lágrimas con brusquedad, y se puso de pie sin soltar la mano de Liria, preparándose para ver por primera vez la pantalla que cambiaría el destino de los Grayson para siempre.