El regreso a la residencia oficial de los Grayson en Los Ángeles no tuvo nada que ver con la dolorosa partida de Liria varios meses atrás. Esta vez, Damon la cargó en sus brazos desde el auto hasta la entrada principal, ignorando las tímidas protestas de ella, cuidándola como si fuera la joya más preciosa y frágil del mundo. La instaló en la habitación principal, rodeándola de comodidades, antes de bajar al despacho donde la verdadera tormenta estaba a punto de estallar.
Sentados en la gran mesa de roble, el general Arthur Grayson y el abuelo Silas esperaban con semblantes de piedra. El rumor de la ruptura con Valerie y el incidente en el hospital militar ya había llegado a sus oídos.
—Espero que tengas una excelente explicación para el espectáculo que diste en la base, Damon —soltó el general Arthur, cruzándose de brazos—. Dejar a la hija del coronel Vance por traer de regreso a esa mujer...
—¡Silencio! —el rugido de Damon cortó el aire del despacho con una violencia que hizo que ambos hombres mayores se tensaran.
Damon caminó hasta el centro de la habitación. Su imponente figura de más de un metro ochenta y cinco, con los músculos en tensión bajo la camiseta negra y los oscuros tatuajes cubriendo sus brazos, destilaba una furia contenida que pocas veces se le había visto. Arrojó con fuerza dos carpetas médicas sobre la mesa.
—Abran los ojos y lean la verdad del glorioso linaje Grayson —siseó Damon con su voz ronca y profunda—. Durante meses permitieron, e incluso exigieron, que tratara mal a Liria. La humillaron y la obligaron a firmar el divorcio llamándola "incapaz" y diciendo que no era digna de nuestro apellido. Pues lean bien: el defectuoso, el que no podía tener hijos por culpa de la esquirla en Medio Oriente, soy yo. Mis espermatozoides son extremadamente lentos.
El abuelo Silas abrió la carpeta con manos ligeramente temblorosas, mientras el general Arthur se ponía pálido al leer los gráficos verídicos del laboratorio. La farsa de la perfección biológica de los Grayson se desmoronaba ante sus ojos.
—¿Ella... ella lo sabía? —balbuceó Arthur, mirando a su hijo con desconcierto.
—Lo supo desde el primer día —respondió Damon, con los ojos verdes encendidos en rabia y culpa—. Y se calló. Modificó el informe y cargó con el desprecio de ustedes, con mi hostilidad y con la humillación pública solo por amor. Solo para proteger mi estúpido orgullo de macho alfa y que ustedes no me vieran como un fracaso. Mientras nosotros nos creíamos seres superiores, ella demostró tener más honor que todos los hombres de esta familia juntos.
El despacho se sumió en un silencio sepulcral. El orgullo machista de Arthur y Silas quedó completamente sepultado bajo el peso de la vergüenza. Pero Damon aún no había terminado de soltar su arsenal.
—Y hay algo más —añadió Damon, una sonrisa de orgullo indomable cruzando su rostro—. El destino se burló de nuestra soberbia. En nuestra última noche, ocurrió un milagro médico. Liria está embarazada de cuatro meses. Está esperando un hijo mío.
El abuelo Silas se levantó de inmediato, apoyándose en su bastón, con los ojos iluminados por la sorpresa. —¡Un heredero! ¡Un varón para continuar el apellido! Sabía que la sangre Grayson...
—No, abuelo, se equivocan otra vez —lo interrumpió Damon, disfrutando cada segundo del golpe de gracia—. Le hicimos una ecografía en el hospital de la base. El médico lo confirmó: es una niña. Viene una niña en camino. La dinastía de puros hombres se terminó.
Arthur y Silas se miraron entre sí, completamente estupefactos, procesando la hermosa ironía del destino. Una niña. La primera mujer con sangre Grayson estaba en camino.
—Quiero que les quede algo muy claro —sentenció Damon, apoyando sus manos tatuadas sobre la mesa y mirándolos con fijeza implacable—. Liria es mi esposa y la mujer de mi vida. Si quieren volver a ver a su nieta y a su bisnieta cuando nazca, van a tener que subir ahora mismo a esa habitación, pedirle perdón de rodillas por todo el daño que le hicieron y ganarse el derecho de pertenecer a su vida. Porque a partir de hoy, el que manda en esta familia soy yo, y mi único linaje es el amor de mi mujer y de mi hija.