Sangre, Armas y Linaje (liria y Damon)

Capítulo Extra: Caos y galones en el comando

El Centro de Mando Militar de Los Ángeles mantenía su habitual ritmo riguroso, pero esa tarde, el imponente silencio de los pasillos se vio interrumpido por el sonido de varios pasos apresurados y barios murmullos contenidos.

Damon Grayson, ahora luciendo barios galones más en su uniforme y con sus característicos tatuajes oscuros asomando bajo las mangas remangadas, caminaba con paso firme hacia la oficina principal. A sus costados, con doce años de edad, marchaban los mellizos. Ethan y Kiara ya no eran unos bebés; se habían convertido en el orgullo de la base. Kiara lucía una mirada decidida, unos ojos verdes idénticos a los de su padre y una postura firme que vaticinaba una futura gran líder. Ethan, por su parte, caminaba con la misma espalda ancha y la suficiencia que Damon tenía a su edad, pero con la nobleza innata de su madre.

Al entrar a la oficina, encontraron a Liria sentada frente al escritorio, rodeada de informes logísticos del comando. Sin embargo, la impecable teniente Park lucía visiblemente estresada. Tenía el cabello sutilmente despeinado y sostenía un bolígrafo con fuerza, mientras miraba fijamente una tableta digital.

La razón de su estrés no eran las misiones de combate, sino el verídico terremoto de dos años que venía marchando detrás de su esposo.

Damon entró cargando en cada uno de sus masivos brazos a los nuevos integrantes de la dinastía: Leo y Bruno, los gemelos de dos años. Tras el nacimiento de los mellizos, Damon se había sometido rigurosamente al tratamiento especializado para corregir su morfología celular y, para sorpresa de todos los Grayson, el resultado biológico había sido doblemente efectivo. Ahora tenían a dos gemelos varones idénticos, con una energía indomable que ponía de cabeza la residencia militar todos los días.

—¡Mamá! —exclamó Kiara de doce años, rompiendo la formación militar para acercarse al escritorio y darle un abrazo—. Vinimos a rescatarte del papeleo. Papá dice que estabas a punto de colapsar por culpa de estos dos monstruos antes de salir de casa.

Liria soltó un largo suspiro de alivio, dejando caer el bolígrafo, y estiró los brazos para recibir el abrazo de su hija. —No exageres, Kiara. Pero sí, tener a los gemelos en la etapa de los dos años es barios veces más difícil que coordinar un despliegue de tropas en el terreno —admitió Liria con una sonrisa cansada, mirando a su esposo.

Damon soltó una carcajada ronca y sexy, dejando a los gemelos en el suelo alfombrado de la oficina. De inmediato, los pequeños de dos años corrieron hacia las piernas de su madre, balbuceando palabras entusiasmadas y buscando atención. Damon se acercó por detrás del escritorio, apoyando sus manos tatuadas en los hombros de Liria para darle un suave masaje, antes de inclinarse y darle un beso posesivo y tierno en los labios.

—Te lo dije, nena. El informe de logística puede esperar, pero el almuerzo familiar no —murmuró Damon con su voz profunda—. Además, Ethan y Kiara querían ver cómo avanza el entrenamiento de la base hoy.

Ethan, que observaba los mapas tácticos en la pared con fascinación, asintió con entusiasmo. —Papá nos prometió que, si terminamos la tarea temprano, nos llevaría a ver los helicópteros de carga esta tarde.

—Y yo voy a demostrarle a los reclutas cómo se hace una posición de firmes verídica —añadió Kiara, inflando el pecho con una arrogancia que hizo que Liria rodara los ojos con diversión. Era el vivo retrato de Damon.

Los gemelos de dos años comenzaron a aplaudir en el suelo, imitando los gestos de sus hermanos mayores y causando que el general Arthur, que venía entrando a la oficina con un par de juguetes en las manos, soltara una risa de absoluto orgullo. La rigidez del pasado ya no existía en este lugar; el despacho militar ahora era el escenario de las risas de una familia ruidosa y llena de vida.

Liria miró a su imponente esposo, a sus hermosos y maduros mellizos de doce años, y a los traviesos gemelos que jugaban en la alfombra. El estrés acumulado de la semana desapareció por completo. Recordó los días de dolor y cómo la última noche de amor y el posterior sacrificio lo habían cambiado todo. El arrogante mayor Grayson se había convertido en el padre más devoto, consentidor y protector del mundo, y el comando de Los Ángeles finalmente tenía el legado más valioso de todos: una familia unida por un amor verídico e indestructible.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.