Sangre Azul

18. EL AMOR Y OTRAS ENFERMEDADES

Carden

Hoy he despertado convencido de que Lanish siempre tuvo razón al decir que conocer a las chicas podría ayudarme en algo. Quiero creerlo con todas mis fuerzas. Porque en lo que quiero que me ayude es en olvidarme de Nyx Rubssen, dejarla de ver como una opción maravillosa cuando claramente no lo es.

Quizá alguna de las seis pueda tener algo que me ayude a distraerme un poco, algo que me haga dejar de pensar en esa chica.

Creo que Nyx es como una de esas enfermedades estacionales, como la gripe que llega en invierno y la alergia que llega en primavera, no puede quedarse para siempre, pero uno tiene que ayudarla a marcharse. En esta ocasión no poseo los brebajes curativos del médico, ni los tés medicinales de la señora Kahn, pero tengo seis opciones con nombres y apellidos. Y tendré que echar mano de todos mis recursos si eso me ayuda a sacar de mi mente a esa chica.

Así que esta mañana no espero en mi habitación a que llegue Nyx y decido salir antes. Llego a mi oficina, donde un muy agotado Lanish me mira asombrado en cuanto cruzo el umbral. Sigue con atención cada uno de mis pasos y pregunta:

— ¿Ha pasado algo?

Sus ojos se abren en señal de alarma. Niego con la cabeza.

—No… bueno, sí. Si que ha pasado algo. He decidido poner este reino en orden. Eso es lo que ha pasado.

Lanish suspira aliviado. Su barriga sube y baja con sus respiraciones. Recuerdo que, cuando yo era pequeño corría detrás de él para lanzarme contra su frondoso torso y salir disparado, como efecto resorte. Una sonrisa nace en mi rostro. Este hombre cansado y viejo frente a mí ha pasado toda su vida en este palacio, ha dado su lealtad a mi familia, incluso cuando mi padre era una persona horrenda. Sigue aquí, incluso ahora, cuando todo se derrumba sobre nuestras cabezas. Dirige mis pasos, me guía. No sé qué haría sin él, me surge la idea de que lo menos que puedo ofrecer ahora mismo es mi voluntad para solucionar los problemas cuanto antes y para ello es necesario elegir una esposa.

— ¿Y cuál es esa importantísima decisión si se puede saber?

—Voy a seguir tu consejo. Voy a ponerle entusiasmo a esto de las seis, elegiré a la que más nos convenga y quizá coincida en ser la que más me agrade.

—Carden, no sabes cuanto he soñado con este momento —murmura con una mueca de loca felicidad.

Reímos un momento. Luego dejamos de hacerlo y nos miramos, porque ambos tenemos la certeza de que la felicidad dentro de estas paredes es efímera e irreal.

— ¿Con cuál de ellas quieres pasar el día?

—La señorita Mesh —respondo, a pesar de que me convencí de que no fuese ella.

Porque en mi mente hay una pregunta especifica que solo podría hacerle a Irena y no sé si la respuesta pueda cambiar algo de lo que he decidido hasta ahora.

Lanish me lanza una mirada maliciosa. Sé que recuerda mi historia con la más joven de las Mesh, fue algo que todos los empleados sabían. Si no nos habían visto alguna vez, lo habían escuchado de alguno de sus compañeros. En el palacio como en cualquier otro lugar con empleados, los chismes vuelan.

—Entonces la señorita Mesh será…

—Pídele a Nyx que lo organice.

—A la orden, capitán —dice él, haciendo una mueca ridícula y poniéndose de pie con lentitud.

Lanish ha pasado días ideando un plan que nos saque de este embrollo, pero es evidente que ha fracasado en cada uno de los intentos. De pronto, me entran ganas de decirle que no estamos solos en esto, pero la realidad es que lo estamos. Si tan solo pudiese elegir a alguna de las chicas sin más y hacer que esto termine pronto… la realidad es que no es posible. No puedo ni siquiera formular las palabras adecuadas de aliento para darle un poco de motivación a Lanish, porque cuando me doy cuenta ha salido de la biblioteca, que ha comenzado a utilizar de oficina puesto que la suya fue requerida por un líder de los oponentes. Han invadido mi hogar como una plaga que no puedo erradicar por mí mismo. Y, ahora, temo por el futuro, temo por lo que vaya a suceder con alguien más que no soy yo. Y, probablemente lo mas terrorifico de todo es que ese aguien no son todos mis subditos, ni mis trabajadores, ni mi ejercito. Ese alguien es una presencia cada ve más imponente, improbbable...

Lanish vuelve una hora más tarde, trae en sus manos un plato lleno de pastelillos, me ofrece uno cuando entra en la biblioteca, yo niego con la cabeza a pesar de que mi estómago ha comenzado a rugir desde hace varios minutos.

—Irena Mesh te esperará al medio día en el invernadero.

— ¿El invernadero?

—Una idea de la señorita Rubssen, dice que es para darle un poco de emoción a las citas, ya que la expectación ha comenzado a menguar en las chicas. Dice que varias hablan de la posibilidad de que termines por extender el plazo o no elijas a ninguna.

— ¿Y cómo lo sabe?

—Pues porque pasa mucho tiempo entre ellas, esa chica lo que mejor hace es perder el tiempo. Su madre era tan distinta, ¿de donde habrá sacado la chiquilla ese espíritu rebelde?

Me quedo en silencio, hablar de Nyx con alguien que no sea yo mismo se siente como algo demasiado grande ahora mismo. Es un tipo de traición es volver a su fantasma un ser viviente en boca de ajenos, aun más si la describe de esa manera tan lejana a la fascinación que origina en mi mente. Así que cambio de tema.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.