Carden
En mi siguiente cita me encuentro con la certeza de que esto de concretar encuentros con las chicas todos los días para intentar olvidarme de la que ocupa mis pensamientos será inútil. Tan inútil como mis intentos por mantener alejadas de mi cuerpo las manos ansiosas de Cecil Luscinia que me mira, con sus ojos verdes suplicantes, enormes, oculta algo tras ellos, me recuerdan a los de una serpiente peligrosa.
Cecil pasó toda la hora anterior murmurando cosas en mi oído que no lograba entender del todo, por el fuerte canto de los cicádidos. Nuestra cita consistía en un paseo por el jardín a la luz de la luna. Según mi primera impresión era una de las ideas más originales que ha tenido Nyx, pero, en cuanto noté que Cecil tomaba la oscuridad de nuestro entorno como una oportunidad de enrollarnos, decidí que esta era mi cita menos favorita. Y no es que me sean indiferentes los deseos de un cuerpo caliente junto mío, pero, no podía mirarla sin desear que no fuera ella, ni sus manos veloces, ni su piel distante.
Cecil acababa de besarme y sonreía, sin una pizca de vergüenza. Y yo solo quería irme. Encontrar un espacio solo del palacio y esconder mi cabeza en la frialdad, como una avestruz, para olvidarme de Nyx, dejarme de hacer ideas inapropiadas, dejar de ser tan tonto. Me aclaré la garganta antes de hablar y me aparté a tiempo de volver a tenerla encima.
—Cecil, no creo que esto sea correcto.
—Yo estoy de acuerdo y si usted está de acuerdo entonces no hay nada malo en pasar la noche juntos.
— ¿Cómo?
—No veo porque no quiera, supongo que necesitará un poco de alivio, con tanto tiempo sin estar con nadie…
Solo puedo mirarla, estupefacto. Su propuesta le sería muy tentadora a mi yo de diecisiete años. Pero hoy, sabiendo de ella su procedencia, solo me divierte.
— ¿Cómo sabes eso?
—Solo lo supongo, al menos que se acueste con alguna de las criadas no tiene a nadie con quien aliviar la tensión y… no es que las sirvientas del palacio sean bonitas. Ni siquiera hay muchas opciones.
La convicción en su voz me parece digna de burla. Se equivoca en solo una cosa, porque sí que existe una sirvienta bonita con la que estaría muy complacido de “aliviar la tensión” si tan solo tuviese la oportunidad.
—Cecil…
—No se lo diré a nadie —dice, colgada de mi cuello aun cuando yo hago todo por alejarla.
—Créeme que no…
—Oh… —. Se aleja de forma abrupta —. No me diga que le gustan los hombres.
—Eso no es…
—Pues entonces no veo razón para que no me desee.
Se cruza de brazos. El labial rojo se emborronó en sus labios. Sé que debo tenerlo por todos lados, en la camisa y el cuello. Pienso en que tendré que tirar esta camisa al fuego, puesto que imaginar a Nyx viendo las manchas me produce vértigo. La forma en la que Cecil me observa desafiante me hace volver en el tiempo a la noche en la que caí en la trampa de Ileana Mesh, las palabras que ella usó fueron similares. Pero, lo que me hizo sentir la chica de hace años no se puede comparar con el ahora, porque ahora no siento nada, salvo desinterés.
—Tu comportamiento no me parece digno de una futura reina, ahora mismo me das la impresión de que podrías hacer esto mismo con cualquier hombre en el futuro y eso no es un problema, ni algo que me escandalice, pero, no es de mi agrado tampoco.
Sus ojos se tornan preocupados y se lanza a rodear mi torso con ambos brazos. Esconde el rostro en mi pecho.
—Tiene toda la razón su alteza. Lo lamento, lo lamento tanto. No sucederá de nuevo. Es solo que… pensé que usted lo apreciaría.
—No te angusties, Cecil. Por ahora haremos como si esto no hubiese sucedido. Vamos, te acompaño dentro.
Se aferra a mi mano en todo el camino y cuando llegamos al interior del palacio, antes de soltarme, se pone de puntillas y me planta otro beso, esta vez en la mejilla.
—Le va muy bien el rojo —dice, con voz lenta y mirada lasciva.
Niego con la cabeza, harto a todas luces.
—Buenas noches, Cecil —digo, para instarla a retirarse a la sala de las seis, que conduce a sus recámaras, cada una privada y sencilla.
—No se olvide de que si me elije tendrá a una esposa guapa y talentosa —dice, con su mano aun en mi pecho.
No espero su siguiente movimiento, así que no puedo hacer nada cuando sus labios chocan con los míos. Una vez más.Se aleja cantando notas imposiblemente altas y yo me quedo con la sensación de querer borrar toda la noche de hoy.Me arrastro hasta mis aposentos, cansado y necesitando un baño caliente que borre las manchas invisibles que Cecil dejó en mi rostro. La realidad es que, aunque intente buscar en las chicas un poco de la pasión que Nyx me despierta, un poco de la diversión que el estar con Nyx me produce, no la encuentro. No de la misma manera revitalizante y única.
Sentir los labios de Cecil sobre los míos, ver la sonrisa sonrojada que nace en el rostro de Sandy, escuchar la forma en la que tiembla la voz de Milena Alcot cuando está conmigo, reírme con lo que Irena dice, todo esto no me produce más que indiferencia comparado con lo que siento al solo mirar a Nyx caminando por ahí, distraída con uno de mis libros entre sus manos o concentrada en la ventana, siguiendo con sus ojos el camino que lleva a la escuela a la que asistía.
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Editado: 13.06.2026