Meses Antes.
Ciudad de México (México).
Institute of International Education of Mexico (IIEM).
Viernes.
7:10 a. m.
ALEJANDRÍA.
Parker.
Parker Mons.
El tío de Odessa.
Maldita sea… y me caía bien.
Sigo sin creer que él sea quien esté detrás de todo esto, pero el tipo lo reconoció al instante cuando le mostramos la foto. Aun así, quiero pensar que lo están culpando sin pruebas. No me cuadra que sea el tipo de hombre capaz de matar a tres adolescentes porque sí.
Demonios.
Parecía decente, pero Dios… las apariencias engañan brutal.
—Bueno, eso es todo por hoy —Vuelvo a poner atención a la clase—. Para el lunes quiero el protocolo de investigación de un antecedente histórico, formato APA 7, mil doscientas páginas, Arial 12. Sin falta.
—¿No quiere mi alma también? —Murmura Nikolai cuando el profesor sale.
—No creo que alguien quiera algo de ti—Aleksander, siendo encantador como siempre.
—Oye, todos me aman —Se defiende Nikolai.
—“Amar” es un término fuerte, ¿sabés? Vos no sos tan peak como creés —Vito se burla sin piedad.
—¿Qué? —Nikolai lo mira raro.
—Tenés que aprender más español, boludo. Ofenderte así no es gracioso.
—¿Y por qué vos no aprendés ruso? —Dexter lo mira, serio.
—Porque los rusos me chupan un huevo.
—¡Vito! —Vittorio lo regaña.
—Es la verdad —Se encoge de hombros.
—Hay una dama presente, Vito. Por amor a Jesús —Kalel lo fulmina con la mirada.
—Yo no discuto que la Princess sea una dama, eso es obvio. Pero ella ya está acostumbrada a las cosas que salen de mi boca.
—Eso no es cierto —Digo—Akira es peor.
—¿Perdón? —Akira gira la cabeza y me mira.
—I’m just saying —Alzo las manos.
—Podrías intentar decir cosas útiles con esa boca algún día —Dice, volviendo a su iPad.
—Ok, eso fue ofensivo.
—Pero practicar no te haría mal, Dría —Kalel se ríe. Maldito mongol.
—Shut the fuck up, chino.
—¡Soy coreano!
—La misma mierda.
—¡Vittorio!
—Alejandría, por favor, no te metas con el chingu —Me regaña Vittorio.
Mariquita.
—Que vaya a ching—
La puerta se abre de golpe.
—¡Akira! —Odessa y Noah entran jadeando, sin aire.
—Me parece que algunos estuvieron muy entretenidos en algo, ¿eh? —Me burlo.
—Tenemos un problema, Kira —Noah intenta recuperar el aire.
—Volvieron a publicar un blog… sobre nosotros —Dice Odessa. Noah solo asiente.
—Bueno, me parece que ustedes tienen un problema. Yo no —Suelta Akira.
—Lo tenemos todos. Esta vez están diciendo cosas muy personales —Insiste Odessa.
—Solo por curiosidad… ¿a mí también me cancelan? —Pregunta Vito.
—¡A todos! —Odessa ya está desesperada.
—La concha de mi hermana… —Gruñe Vito.
—¿Qué es eso? —Me susurra Nikolai.
—No lo repitas —Le digo.
—¿Y por qué debería importarme ese blog nefasto? —Akira se cruza de brazos.
—Te atacan a ti… y a Alejandro especialmente —Dice Noah.
Akira suspira, se levanta y sale del salón. La seguimos porque, uno: chisme. Dos: Akira sin supervisión nunca es buena idea.
Salimos del área exclusiva y cruzamos todo el edificio.
—¿Akira?
—¿A dónde vamos?
—Shhh.
Llegamos a la sección de quinto año de universidad.
Gente más grande que nosotros. Adultos. Adultos de verdad.
—¿Qué hacemos aquí? —Le pregunto.
—Alguien me debe un favor —Responde, sin detenerse.
Entramos a los dormitorios de quinto año.
El ambiente cambia de golpe. Pasillos más amplios, alfombras caras, puertas de madera oscura con placas doradas. Huele a perfume caro, café fuerte y superioridad moral. Adultos con complejo de CEO.
—Ok… —Murmuro— aquí ya nos pueden arrestar solo por respirar.
—Cállate, —Susurra Odessa— mira como nos miran.
Y lo hacen. Nos escanean. Como si estuviéramos fuera de lugar. Spoiler: lo estamos.
Akira camina al frente, segura, recta, intimidante sin intentarlo. Nadie la detiene. Nadie pregunta. El aura de “no me jodas” va en automático.
—Busquen a Bernie —Dice en voz baja— No debería estar muy lejos.
—¿El inglés rarito? —Pregunta Vito— ¿el que parece que si lo tocás se desarma como Lego viejo?
—Ese mismo —Responde Akira.
—Che, respeto igual. Si es hacker, seguro nos puede borrar las deudas, los pecados y el historial de porno.
—Vito, —Vittorio suspira— por favor.
—¿Qué? Es una necesidad social.
Seguimos avanzando hasta ver a alguien sentado en el piso, espalda contra la pared, laptop sobre las piernas, audífonos enormes y una sudadera dos tallas más grande. Flaco, pálido, ojeras premium. Clásico nerd de manual.
Akira se detiene.
—Bernie.
El chico levanta la cabeza de golpe. Sus ojos se abren como si hubiera visto a la reina con una guillotina en la mano.
—Y-y-yo… h-hola, A-Akira—
Se pone de pie tan rápido que casi se tropieza con su propia mochila.
—Dijiste que me debes la vida, bueno, vengo por ello.
Eso no ayuda.
—Y-yo s-s-solo estaba… eh… —Mira su pantalla— d-depurando c-código.
—Qué mentira tan tierna, —Susurra Dexter—nadie depura código feliz.
Bernie traga saliva.
—¿E-ellos…?
—Ignóralos —Dice Akira.
—Ey —Protesta Kalel.
—Ayudan o me dejan en paz —Nos mira.
Bernie parece que tiene hipotermia, no deja de temblar.
—¿S-sucede a-a-algo?
Akira se cruza de brazos.
—Necesito que rastrees un blog. Anónimo. Asqueroso.
Silencio.
Bernie parpadea.
—¿E-e-es… i-ilegal?
—Mucho —Responde Akira.
Bernie duda. Se muerde el labio.
—P-puedo… i-intentar.
—Lo harás —Dice ella.
La tensión cae como un bloque de cemento.
—Che, Bernie —Vito rompe el silencio— ¿vos dormís acá o vivís permanentemente en modo cueva?
Todos lo miran.
—¿Q-qué?
—Nada, curiosidad. Porque este pasillo huele a encierro y a desodorante fallido.