Meses Antes.
Cuidad de México (México).
Residencia Alfaro'S.
Viernes.
1:20 P. M.
ALEJANDRÍA.
La casa del abuelo no
impresiona.
Eso es lo peor.
No hay ostentación, no hay exceso. Todo es sobrio, silencioso, perfectamente colocado. El tipo de lugar donde nadie levanta la voz porque no hace falta.
Entramos.
Él está de pie, de espaldas, mirando por el ventanal. Manos cruzadas detrás. Postura de hombre que ya decidió cosas.
—Siéntense.
No es una sugerencia.
Akira lo hace primero. Yo después. Ella no me mira.
—Akira —Dice él, sin voltearse—Hoy me mentiste.
Silencio.
—Nonno…
—No —Se gira— No intentes suavizarlo. Me mentiste. Y peor aún, involucraste cosas que no me dijiste.
Akira aprieta la mandíbula.
—Lo tenía controlado.
—¿Controlado? —Arquea una ceja— ¿Con un blog activo, un chico drogado y unos adolescentes haciéndose cargo del problema?
Gira la cabeza hacia mí.
Akira me mira mal. Muy mal.
—¿Quiénes drogaron a Alejandro? —Pregunta el abuelo.
—No lo sabemos —Responde Akira rápido.
Mentira.
François no le responde a ella. Me mira a mí.
Ese tipo de mirada.
La que no presiona.
La que espera.
Trato de sostenerla. Juro que quiero hacerlo.
Dos segundos.
Tres.
Empiezo a sudar.
Maldita sea. Ya ganó él.
—Yo… —Trago saliva— No sé quiénes fueron exactamente, pero…
Akira se tensa.
—Alejandría —Advierte.
—Aleksander Kuznetsov lo sabe —Lo suelto—Él sabe quiénes fueron.
Silencio absoluto.
El aire se rompe.
—¿Kuznetsov? —Dice lento, es obvio que estamos en un problemón — ¿El hijo del ministro ruso?
Akira se pone de pie.
—¡Nonno, basta!
François golpea la mesa.
No fuerte.
Pero definitivo.
—¡BASTA TÚ! —La mira por primera vez con dureza real—¿En qué momento decidiste que era buena idea meter al hijo de un ministro extranjero en este desastre?
Akira abre la boca.
E inesperadamente no sale ninguna palabra.
—¿Lo tenías controlado? —Continúa—¿Eso llamas control? ¿Sabes lo que acabas de hacer diplomáticamente?
—Yo… —Respira— Aleksander no está involucrado. Solo sabe cosas.
—Eso ya es estar involucrado —Responde muy serio—Y tú lo sabes.
La tensión es distinta ahora.
Akira no está acostumbrada a esto.
Nunca la había visto así.
—Explíquenme —Dice el abuelo— ¿Cómo accedieron a Alejandro?
Akira tarda.
—Hicimos una fiesta.
—¿Quiénes ?
—Tú sabes quiénes
—¿Y ustedes?
Silencio.
—Akira —Dice— No me hagas repetirlo.
—Yo estaba terminando con Kalel —Dice al fin, rígida.
El abuelo se queda quieto.
—¿Terminando?
Yo cierro los ojos.
—Sí —Dice ella— Esa noche.
—¿Y no pensabas decírmelo? —Pregunta, incrédulo.
—No era relevante.
El abuelo suelta una risa seca.
—Claro que era relevante.
Me mira.
—¿Y tú?
—Yo estaba con Kaida —Respondo—No vimos cuando drogaron a Alejandro.
El se pasa la mano por la cara tratando de reunir paciencia y maybe se recuerde que somos sus nietos, y que nos ama.
—Una fiesta. Rupturas. Alcohol. Jóvenes con demasiado acceso —Dice recapitulando — ¿Y pensaste que eso no escalaría?
Akira aprieta los puños.
—Podía manejarlo.
—Ese es tu error —Responde— Creer que por ser brillante no necesitas pedir ayuda.
La mira fijo.
—Nunca te había regañado así —Dice— Porque nunca me habías puesto en esta posición.
Akira baja la mirada.
Silencio largo.
Pesado.
—Esto ya no es solo tuyo —Concluye el abuelo— Ni mío. Y mucho menos de ustedes.
Se endereza.
—Desde ahora, nada se mueve sin que yo lo sepa. Nada.
Akira lo mira orgullosa.
—¿Quedó claro?
—Sí —Dice ella.
Su voz no tiembla.
Pero duele.
—¿Quedó claro, Alejandría? —Alza un poco la voz.
—Si abuelo, quedó claro —Bajo la mirada, da miedo.
—Nunca había sentido decepción de ti, Akira,—Mi abuelo la mira a ella— de Alejandría lo espero todo, pero de ti.
¿Okey?
—Quiero toda la información que tengan sobre Parker Mons —Dice— Todo. Sin filtrar. Sin proteger a nadie. Ya hicieron los dos mucho ocultando esto cómo para que me sigan ocultando más cosas.
Akira se cruza de brazos.
—No voy a soltarlo así como así.
Mala idea. Pésima. A Akira de verdad que ahora se le ocurren los peores comentarios.
El abuelo la mira con calma quirúrgica.
—Entonces se lo contaré yo mismo a mi hija.
Silencio nuclear.
Akira palidece apenas. No mucho. Lo justo para que yo sepa que estamos en problemas reales.
Porque si su mamá se entera…No es regaño. Es ejecución diplomática.
—Nonno… —Empieza ella.
—Akira —La corta—O colaboras, o tu madre sabrá absolutamente todo. En este mismo instante.
Yo trago saliva.
—Abuelo —Me meto, porque alguien tiene que morir primero— Papá también sabía. O sea… tu hijo menor. Sabía lo de la fiesta. Pero no sabía nada de Parker.
Cierra los ojos un segundo.
Respira.
Los abre.
—¿Y aun así fueron a casa de los Mons?
Akira y yo: silencio sincronizado.
—¿Fueron. A. Casa. De. Octavio. Mons? —Repite, más lento.
—Sí —Digo yo— Fue idea… compartida.
Mentira piadosa. Fue idea de Akira. Siempre es idea de Akira.
—Inconscientes —Dicta— Los dos.
Akira no se achica.
—Octavio dijo que conocía a mi madre.
Boom.
Eso sí lo hace reaccionar.
—¿Qué dijiste? —Pregunta.
—Que Octavio Mons mencionó haber conocido a mi mamá —Repite Akira—Y no sonó casual.
Yo miro a mi abuelo.
Él la mira a ella.
Ella me mira a mí.
—¿O no, Alejandría?
¿Por qué me hunde más con ella?
—Sí, es cierto abuelo —Digo. Bueno, mínimo hasta los 40 no estaré castigado.