Sangre Azul, Corazones Rotos.

Capítulo 51:“¿Sabes que una parte de mi quiere echarte de mi casa?”.

Meses Antes.

Cuidad de México (México).

Residencia Rubs.

Miércoles.

6:48 P. M.

KAIDA.

—Alejandría… —Pauso un segundo, respiro— A ver, no sé si estás ignorándome o si de plano ya me odias, pero… mínimo dame una señal de vida, ¿sí?

Miro la pantalla.

Otra vez.

Su chat arriba. Siempre arriba. Siempre en gris.

Ni siquiera los ha visto.

—Solo… —Cierro los ojos— Solo quiero saber si estás bien. Si están bien. Tú y Alejandro.

Trago saliva. Me cuesta más de lo que debería.

—Ya sé que he mandado como… ¿qué? ¿cien mensajes? —Suelto una risa seca— No es acoso si es con preocupación, ¿ok?

Silencio.

No sabía cuánto podía doler no obtener respuesta.

—Es que… no sabía —Mi voz baja, pierde filo— Yo pensé que él… que Alejandro había hecho lo mismo de siempre. Que había sido un idiota, que había lastimado a Vesper, que… —Aprieto los labios— que era igual a ti.

Ahí está. Lo dije.

—Pero no —Mi tono se rompe apenas—Sé que nada fue su culpa.

Me dejo caer en la cama, mirando el techo como si me fuera a juzgar.

Spoiler: sí lo hace.

—Y yo… —Cierro los ojos— yo fui una imbécil.

Silencio otra vez. Pero ahora es más pesado. Más honesto.

—Les dije cosas… —Susurro — Cosas que no debía. Y ni siquiera me detuve a escuchar. Solo… ataqué.

Paso una mano por mi cara, frustrada.

—Así que… si estás enojado, lo entiendo. Si no quieres contestarme, también. Pero mínimo dime que estás vivo, Alejandría. Porque este silencio ya parece castigo divino y yo ni siquiera soy tan mala persona… creo.

Una pequeña risa se me escapa. Suena más triste de lo que me gustaría admitir.

—Si escuchas esto… llámame. ¿Sí? Aunque sea para decirme que me calle.

Dudo un segundo.

—O para insultarme. Te lo ganaste.

Pausa.

—Pero contéstame.

Suelto el botón.

El audio se envía.

Y me quedo ahí… mirando la pantalla como si fuera a parpadear y cambiar todo.

No lo hace.

Nada cambia.

Solo ese maldito “enviado”.

Ni “recibido”.

Ni “visto”.

—Genial, Kaida —Murmuro — Te ignoran y todavía te haces la graciosa. Icónica.

Lanzo el celular a un lado… pero a los dos segundos lo vuelvo a tomar.

Por si acaso.

Porque claro que lo haría.

Porque aunque no lo diga en voz alta…
me preocupa.

Y mucho.

Y porque hay algo peor que estar enojado con alguien.

Y es no saber si esa persona está bien.

Miro el chat otra vez.

Sigo esperando.

Como una idiota.

Como una idiota que, por primera vez…
no sabe cómo arreglar lo que rompió.

El chat sigue en silencio.

Y mi mente… decide apuñalarme con recuerdos.

--------------------

Cuidad de México (México).

Residencia Rubs.

Lunes.

9:15 A. M.

Un día después de la fiesta.

Después del beso que no debió importar… pero importó.

Y mucho.

El timbre suena.

No necesito ver.

Abro.

Ahí está.

Alejandría

No sonríe. No juega. No coquetea.

Eso debería haberme alertado.

Pero yo ya tenía una historia armada en la cabeza… y necesitaba que él fuera el villano.

—Kaida, necesito hablar contigo.

Lo dice serio. Directo.

Como si esto fuera importante.

Error.

—¿Hablar? —Me cruzo de brazos— ¿Ahora sí quieres hablar? Qué conveniente.

—No es lo que piensas.

—Claro que sí —Respondo rápido— Es exactamente lo que pienso.

Da un paso hacia mí.

—Solo escúchame.

Y esa palabra… escúchame…

Me suena a excusa.

A mentira bien ensayada.

A todas las veces que alguien intenta salirse con la suya.

Así que sonrío.

Pero no es una sonrisa bonita.

Es de esas que ya vienen con filo.

—No —Niego despacio— Ya entendí todo lo que tenía que entender de ti.

Silencio.

Y él… no se va.

Sigue ahí.

Insistiendo con la mirada.

Eso me irrita más.

—Eres igual a todos —Digo, ladeando la cabeza— Encantas, dices lo correcto, haces sentir especial a quien tengas enfrente… y luego muestras tu verdadero ser.

No responde.

Solo me mira.

Y eso… eso me hace querer ir más lejos.

—La diferencia es que tú ni siquiera lo disimulas bien.

Apenas se mueve.

Pero sé que está escuchando cada palabra.

—¿Sabes qué es lo más triste? —Continúo, bajando la voz, más fría— Que ni siquiera eres tan interesante. Solo eres… fácil.

Silencio.

—Fácil de leer. Fácil de usar. Fácil de olvidar.

Ahí algo cambia en sus ojos.

Pero sigo.

Porque ya estoy ahí.

Y cuando estoy ahí… no paro.

—La gente como tú… —Hago una pausa, como si estuviera eligiendo bien cada palabra— nunca podría ser amada.

El aire se queda quieto.

—Porque nadie te tomaría en serio —Añado — Nadie confiaría en ti lo suficiente como para quedarse.

No levanta la voz.

No se defiende.

Solo… se queda.

Recibiendo.

—Y al final, —Me encojo de hombros, mirándolo como si no fuera nada—nadie te va a querer exactamente por ser tú.

Pausa.

—Qué lástima, ¿no?

Ahí lo veo.

No es enojo.

No es orgullo herido.

Es algo más… profundo.

Más silencioso.

Y aún así… sigo.

—Yo, por ejemplo, —Sonrío, pero no hay nada amable en eso— me arrepiento de haber sentido algo por ti.

Directo.

Sin anestesia.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.