Sangre Carmín

CAPÍTULO TRECE.

Justo en ese instante no supe qué decir. Antes de este momento ya tenía una vaga idea de cómo luciría Nerón, la gente solía describirlo mucho e incluso había visto un par de carteles con su rostro. Pero ahora, al tenerlo a unos metros, podía distinguir con mayor facilidad las facciones de su cara, el verde intenso de sus ojos, muy similares a los míos, el cabello de un negro oscuro y su piel morena clara. Se veía mucho más joven de lo que imaginaba, su sonrisa era algo sádica y dejaba ver sus blancos dientes.

Toda su imagen me hacía sentir petrificada, no porque él luciera como un monstruo, sino más bien porque era imposible verlo y pensar que en su interior albergaba al ser más oscuro y cruel que uno pudiera imaginar.

Por fin pude reaccionar y sentí el impulso de gritar y correr hacia aquel hombre para asesinarlo. Tenerlo ahí, justo en ese momento, quizás sería la mejor de las soluciones. Si acabábamos con él, todo lo demás dejaría de suceder. Alba y Eleonor no tendrían que ser sacrificadas, cientos de personas ya no serían ejecutadas o enviadas para qué se experimentara con ellas.

―No hagas una estupidez―dijo Egan tomándome por el brazo y mirándome con advertencia.

―Y tú no me des órdenes― le respondí enojada.

Él tenía razón, haría una estupidez, pero la furia me cegaba. Yo quería que el hombre frente a mí pagara por sus crímenes y si nadie se atrevía a hacerlo, si nadie más le hacía daño, yo estaría dispuesta a arriesgarme.

Nerón avanzó unas cuadras más, alejándose del bar donde nos encontrábamos escondidos. Salí rápidamente y el rubio me siguió al instante, pero antes de poder reducir la distancia que nos separaba del que era mi padre, alguien se interpuso en nuestro camino.

―¿Qué haces con él?—preguntó Oliver con tono serio, posándose frente a mí.

―No es momento para tus celos―respondió Egan, intentando apartarlo de nosotros, pero el castaño pareció tomárselo mal, porque le lanzó un golpe en el rostro.

Egan soltó un quejido automáticamente, Oliver lo había golpeado justo donde aún tenía un inmenso moretón.

Sabía que el rubio iba a reaccionar mal, ambos comenzarían una pelea y yo no lograría alcanzar al presidente o peor aún, atraeríamos su atención y nos asesinarían. Por suerte Winston y Marina aparecieron en ese momento.

―¿Qué está pasando aquí?―preguntó el mayor de nosotros, notando la tensión y la forma en la que ambos chicos se veían.

―En resumen, Egan apartó a Oliver del camino y Oliver golpeó a Egan, y si continuamos perdiendo el tiempo no podremos alcanzar a Nerón, que sigue alejándose ―respondí aceleradamente, mientras intentaba hacerme camino, pero el rubio me detuvo una vez más.

―No lo conseguirás, ¿crees que es tan fácil vencerlo? Pensé que eras más inteligente que eso

Ignoré su comentario y me acerqué a Winston, quien tomaba del hombro a Oliver para evitar que se abalanzara contra Egan.

―Winston, quizás esta sea nuestra única oportunidad. Nerón está a unos metros de nosotros y no tiene su enorme ejército con él —dije señalando discretamente para que el hombre pudiera entender de lo que le hablaba. Miró, atento, parecía pensar lo que debía hacer. Su semblante era serio y su cuerpo estaba tenso, pero después reaccionó.

―Tiene a tres theriones Carmín. Sabes bien que como muchos también quiero asesinarlo, pero si lo hacemos mal, no solo estamos poniendo nuestra vida en riesgo, sino también la de Alba y Eleonor.

―Pero...

―¿Por qué estás actuando así, Carmín?—preguntó Oliver interrumpiendo―. ¿Acaso Egan te obliga?... En verdad, no entiendo por qué ahora te portas de esta manera, porque lo elegiste a él —dijo con expresión dolida—. ¿Por eso me dijiste eso ayer, no? —continuó alterado. Su tono de voz era amenazantemente alto y, si comenzaba a gritar, seríamos el centro de atención del lugar y nos descubrirían. Egan soltó una pequeña risa y eso pareció descontrolar al castaño. ―Aunque ahora lo veo, ya entendí que haga lo que haga, siempre lo escogerás a él, porque al parecer tu debilidad son los idiotas y asesinos.

No tenía una respuesta para eso, porque ni yo misma sabía lo que sentía. Era claro que no podía enamorarme justo ahora y menos de alguien que acababa de conocer. Pero últimamente ya nada era normal, así que no debería sorprenderme si al final me sentía atraída por Egan. Era una idea tonta, después de todo él solo se dedicaba a molestarme y atormentarme, pero también había arriesgado su vida por nosotros. Aunque justo en este momento eso era lo que menos importaba, mientras Nerón viviera no podría dedicar mi tiempo y alma a otra cosa que no fuera derrotarlo.

― Oliver, por favor baja la voz― le pedí suavemente, pues un par de personas ya nos estaban observando.

―¿O qué? ¿Tienes miedo que tu padre nos escuche?―soltó de repente, tomándome por sorpresa.

―¿Su padre?—preguntó Marina, mientras miraba a Oliver con expresión confundida.

―Oh sí, que solo tu novio lo sabía ―dijo Oliver refiriéndose a Egan― No los ocultaste a todos, excepto a él que lo acabas de conocer. Nosotros somos tus amigos y confiaste más en este tipo —comentó señalando al rubio. Su tono era más bajo, pero aún lucía alterado.

Yo estaba aterrada, Winston y Marina seguían sin entender, pero sabía que este sería el momento en el que tendría que suceder, debía decirles, pues aunque el castaño no se los revelara, después de esta discusión sería fácil unir todas las piezas y descubrir de dónde provenía.

―¿De qué está hablando?—preguntó Winston, mientras nos observaba a Egan y a mí, pero el rubio no emitió ni una palabra.

Seguí sin responder, era claro que todo empeoraría si continuaba prolongando mi verdad, pero me sentía asustada y nerviosa. Las lágrimas se estaban acumulando en mis ojos y el pecho me dolía.

―Su padre es Nerón ―soltó Oliver finalmente―. Los escuché antes de que entraran al bosque.




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