Sangre de Cazador

Preludio

Arrastraba sus pies descalzos sobre la roca, pesados, constantes. Podía sentir las lágrimas rodando por el filo de sus labios, latidos marcando aquella descompasada respiración al esforzarse por no caer, dar el siguiente paso sin que sus piernas chocasen. La sangre mezclada con el sudor al bajar por su mentón, goteando lentamente sobre las tenues telas blancas que aferraba contra sí mismo.

La alarma no había sido dada. Aunque intentara agudizar su oído y estar alerta no podía escuchar sonido alguno aparte de sus pisadas. Las bestias negras aún estaban dormidas. Quería pensar que tenía una oportunidad, pero se estaba engañando a sí mismo y de cierta forma lo sabía. El único motivo por el cual aún. Los cielos no castigan a sus seguidores, solo a aquellos que amenazan con derribarlos…

Sus deseos no eran otros que bajar la vista hacia ese pequeño bulto entre sus brazos. ¿Tendría el cabello de su madre? ¿Tendría sus ojos? Quizás heredaría su lunar en el hombro, ¿se parecería a ellos siquiera? Las lágrimas no paraban de brotar ante el silencio que lo rodeaba, pues mientras la sangre corría el miedo de que ni siquiera estuviera vivo lo hacía romperse en pedazos. Lo comprobaría al salir, se prometió otra vez. Solo tendría que correr un poco más, la penumbra se esfumaría y vería el cielo, la amplitud de ese mundo tan lejanos de ellos…

Un silbido cortó el aire antes de que pudiese reaccionar. El sonido de su propio hueso cediendo ante el impacto de algo filoso atravesando su piel. Miró al vacío impotente dejando que el grito emergiera desgarrando su garganta del dolor. Un arpón atravesaba su pierna por debajo de la rótula, el metal ensangrentado apenas visible entre las sombras; más el rechinar de las cadenas fue lo que congeló su alma en segundos.

─¿Sin siquiera despedirte? Que desconsiderado.

Mordió su labio luchando por mantenerse en pie al escuchar los pasos tras de sí; tan lentos que parecían darle toda una vida de ventaja. Gruñó salvajemente ante los espasmos que se extendían por su pierna, negándose a caer allí estando tan cerca; más otro grito emergió de sí cuando la cadena que agarraba al arpón fue tirada hacia atrás impulsándolo al suelo. Sus brazos se cerraron sobre el pequeño protegiéndolo del impacto, el dolor extendiéndose al sentir su carne siendo desgarrada mientras aquellas fuertes manos tiraban de él cómo un animal acorralado.

─ ¿En serio pensaste que podrías?

Como un cuchillo la tenue voz cortó el silencio. Una calma tan apaciblemente aterradora, tan pausada y calculada que por un segundo el joven cerró los ojos y tembló.

─ ¡Oh! Kadian, Kadian, Kadian. ─Su tono magistral casi ensayado, disfrutando el sonido de aquella simple palabra─ Es muy impropio de ti.

Su cuerpo se estremeció en respuesta, el miedo y la ira revolviendo su interior mientras los pasos se acercaban. Se abrazó con fuerza a la pequeña figura, protegiéndola de la luz que traían los hombres a sus espaldas. Luchó una vez más por ponerse en pie; y una vez más cayó cuando la cadena fue tirada arrastrándolo por la fría piedra ahora cubierta de sangre.

─¿Traicionar a la Fuente, Kadian? ─habló aquella siniestra voz una vez más─ Klea sabía más que eso. Ella creía en la Fuente, tenía la fe de su lado, un hermoso futuro por delante…

─Cierra la boca.

─Pero la corrompiste, torciste su bondad.

─¡Cierra la Boca!

Con rabia levantó la vista mirando hacia atrás. La imponente sombra de aquella figura esbelta que le observaba impasible protegido por los Shia. Sus blanquecinas vestimentas contrastando con la luz de las antorchas en una demoníaca visión de su retorcida realidad. Los Shia resguardaban al Amos como leales bestias de expresiones inciertas, inquebrantables ante la macabra escena que ellos mismos estaban obligados a realizar. Sus ojos los escrutaba llenos de preguntas, buscando una especie de familiaridad, pero a la vez aterrado de encontrarla ¿Detrás de las máscaras doradas estaría algún conocido? ¿Serían capaces de hacerlo...?

─Kadian─ llamó una vez más la voz mientras la figura extendía las manos hacia él.

El hombre negó ampliando sus ojos, su rostro tensándose en pavor mientras sujetaba el pequeño ser con firmeza. Su cuerpo giró ignorando aquellas dolorosas punzadas, se impulsó gateando sobre la roc, rezando en silencio porque realmente existiese la más mínima oportunidad.

─Todo podría haber sido tan diferente.

Escuchó el sonido de las cadenas al moverse y supo que tirarían de ellas una vez más. Su cuerpo gritó lo que él no pudo cuando las puntas del arpón rasparon su tibia rompiéndola en pedazos. Cayó sobre sus codos, luchando por no aplastar a la criatura, sintiendo el frio helarlo en sus entrañas mientras se negaba a dejar de luchar. Su grito silencioso empañado en lágrimas sangrientas fue lo más que pudo hacer negándose a aceptar la derrota.

─ Tan buen soldado, solo para acabar en esto. Es casi una lástima… Casi─ aquella empalagosa voz le recorrió la piel propagando aquel nauseabundo sentimiento por cada ápice de su ser ─ Entrégalo ahora.

Kadian apretó los dientes hasta que el dolor fue más fuerte que su miedo, se volvió un escudo para el bebé en sus brazos culpándose por ser tan lamentable. Klea probablemente hubiese podido huir. Ella era más lista, siempre lo fue. Ni siquiera había podido despedirse…¿Su cuerpo aún estaría en la sala? ¿o la oscuridad la habrían reclamado ya…?

─ Tómenlo. ─ordenó aquella voz y Kadian la odio como nunca lo había odiado.

Odió haberlo seguido, odió haber confiado en él. Odió que cualquiera bajo las máscaras doradas lo estuviese haciendo y luchó entre gritos mientras las manos se abalanzaron sobre si, forzándolo a voltearse y arrebatándole aquello que se negaba a soltar. Aquella parte de su vida.

─ No. ─Bramó, forcejeando contra los brazos que le sostenían. ─No, ¡NO!

─ No es tuyo, Kadian.




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