Sangre de Cazador

Tercer Canto

─ Con cuidado, despacio…

Todo sonaba lejano, ausente, como si me encontrase sumergida varios metros bajo el agua. Mi mente se encontraba allí refugiándose de aquello que mis ojos observaban. Los cuerpos. No podía apartar la vista de lo que quedaba de ellos. El rojo lo cubría todo. Las camillas, las paredes, el suelo, mis manos. Y los gritos seguían ahi, como un amargo eco proveniente de la distancía, luchando por hacerse oir, pero aun sin alcanzarme.

─ Respira…no te apresures.

─ No todo el mundo sobrevive a que toquen su nucleo.

─Hay gente que simplemente no es compatible.

─ Pierce, concéntrate─ me llamaba una voz por encima del murmullo de voces.─ Concéntrate en mí…

Hasta el dolor parecía adormecerse frente al mundo que me rodeaba. Mis manos temblando y las miraba sin entender. Simplemente estaban rojas. Era sangre… ¿de quien? ¿Quién había estado a mi lado?...

─ ¿Allison…?

No lograba recordarlo. ¿Lo había mirado?

─ ¿…Allison…?

Ya no estaba. Había muerto…

─ ¿Allison, me estás escuchando?

El agarre de una mano en mi antebrazo me hizo despertar alejándome del recuerdo. La visión de la casa de los sanadores desvaneciéndose de mi memoria como si no tuviese ningún derecho de permanecer allí y trayéndome de vuelta a la realidad.

─ ¿Qué...?

─ Presta atención al camino─ me regañó Dion.

Su mano era lo único que me había impedido tropezar, más una vez que asentí se permitió liberarme.

Llevábamos dos días adaptándonos a la nueva rutina. Aquellos que sobrevivimos a la revisión médica formamos oficialmente parte de los reclutas de los cazadores. Los oficiales nos brindaron una cinta que debíamos usar en todo momento en alguna parte visible de la vestimenta, apenas un trozo de tela de color uniforme que distinguía a cada escuadrón de sus aledaños. La nuestra era roja, de un color tan profundo que me había encontrado a mí misma preguntándome si Caleb la habría escogido con un significado oculto. Empezaba a no gustarme el rojo.

─ Tienes la cabeza en las nubes hoy.

─ Déjala en paz.

Dion y Nadia solían rondarme luego del incidente con los cazadores. Nuestras camillas habían estado cercanas aquel día y creo que el hecho de compartir el trauma nos había vuelto aliados en la desgracia. Eso no había vuelto a Dion menos parlanchín. Aun mantenía el mismo comportamiento hiperquinético que el dia de la selección; creo que había empeorado. Y Nadia, supongo que solo se refugiaba en lo que conocía

─ Solo digo que no voy a recoger su trasero del suelo la próxima vez ─se defendió el rubio manteniendo el trote.

─ Si la sigues provocando voy a ser yo la que tenga que recoger tu trasero del suelo.

La familiaridad que los envolvía era casi embriagadora. La chica de tez morena no sabía que mas hacer aparte de negar ante las constantes quejas de su compañero, ambos dejándose llevar por la inercia de la rutina.

Miré mas allá de ellos al resto de los escuadrones que mantenían el trote por delante de nosotros a un paso ligero. Desde que todo había comenzado nuestras nuevas asignaciones nos mantenían ocupados a tiempo completo; iniciando con este patrullaje por la frontera cada mañana. De lejos observábamos el Refugio al rodearlo y en mi mente aun estaba fresco el terror de los nuevos al aventurarse a esa tarea. A pesar de ser un clan viajero, la conciencia de que el exterior simbolizaba la muerte era compartida y costó mucho para que los reclutas la afrontasen con facilidad. Para el tercer día algunos hinchaban el pecho y hacían bromas relajadas acostumbrados a la calma que nos envolvía. Podías ver a unos cuantos haciendo trotes de espalda intentando mantener el ritmo de sus compañeros y provocando alguna que otra sonrisa entre quienes los rodeaban.

Nadia reviraba los ojos ante esos comportamientos, su ceño fruncido frente a lo que ella consideraba una actitud infantil.

─ No empieces ─amenazó a Dion al ver que este sonreía ampliamente.

─ ¿Empezar?

─ A actuar como esos idiotas del escuadrón Cían.

La dureza de su mirada haciéndome sonreír pues aquellos que mi compañera consideraba críos no eran otros que Max Cullehan y su séquito de idiotas. Dion, por su parte, apenas hizo un puchero fingiendo molestia antes de reír también dejando salir una leve neblina de sus labios. El frio, cada vez más presente en lo que el invierno se acercaba, nos obligaba a todos a llevar las chaquetas sobre el uniforme. Estaríamos sudando luego de completar la patrulla, pero mientras tanto los helados vientos podían colarse entre tus huesos haciéndote temblar.

─ ¿Hoy tenemos iniciación al combate?

─ Cuerpo a cuerpo─ le respondí asintiendo hacia ella.

─ ¿Nos darán toda la instrucción de las 5 facciones?

─ Creo que solo lo básico para presentarnos a la selección y la prueba.

Dion sonrió abiertamente ampliando las manos hacia nosotras con arrogancia.

─ Voy a ser seleccionado, chicas. Sin duda, estáis viendo al próximo mejor centinela del Clan del Este.




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