El silencio en la pequeña sala era tan denso que pesaba contra la piel. Caleb caminaba de un lado a otro detrás del escritorio, con las manos detrás de su espalda y las pequeñas venas en lo alto de su frente a punto de reventar.
Max y yo ocupamos los asientos frente a él. Mi rival sentado recto, fingiendo despreocupación, pero con el lado derecho de su cara empezando a inflamarse y tratando de cubrir las quemaduras de sus manos al ocultarlas en sus bolsillos. Yo no pretendía, si me veía como la mierda luciría como tal. Cada músculo de mi cuerpo temblaba temblando por el uso de la magia, mientras las pequeñas heridas causadas por la tierra escocían en la superficie.
— ¿Quieren explicarme qué carajos fue eso?— que su voz no fuese un grito solo lo hacía peor. mi conciencia hundiéndose aún más dentro de mi— ¿Y bien?
El pelirrojo y yo nos encogimos de hombros.
— No tienen nada que decir ahora, ¿No?
Silencio.
— Son estúpidos, ambos— hizo hincapié hacia mi. Desvié la mirada— En vez de estar entrenando, pierden el tiempo en riñas infantiles, dañando la mitad del campo de entrenamiento y pudiendo herir a otros reclutas.
— Nadie más salió lastimado.
Sus ojos como dos puñales se clavaron en mí. No llegué a cerrar la boca, pero ninguna otra palabra se atrevió a salir. Max sonrió ampliamente.
— ¿Te parece gracioso?— masculló Caleb dirigiéndose por completo hacia él— ¿Te crees muy fuerte? Tienes suerte de estar vivo. Ese temperamento tuyo te va a llevar a la muerte. Agradece que no estés en mi maldito escuadrón o ahora mismo estarías moviendo tu trasero al cuartel de la milicia.
El pelirrojo guardó silencio, su cuerpo levemente tenso como si estuviera dispuesto a levantarse de nuevo, más esta vez no lo hizo. El chico parecía ser consciente de cuáles batallas podía o no ganar.
— Fue irresponsable, infantil...
— Con todo respeto, capitán. No se porque debo recibir este regaño si no fui yo quien empezó, ese chico..
— No me interesa quien empezó— sentenció golpeando la mesa — Lo que me interesa es quien tuvo el juicio suficiente para terminarlo y ninguno de los dos lo hizo. Fueron como dos chiquillos luciéndose sin escrúpulos y sin calcular las consecuencias de sus actos— se volvió hacia mí con firmeza— me decepcionan los dos.
Me ardió el rostro. Quise explicar, justificarme, pero mis manos seguían temblando por la adrenalina y sabía que cualquier excusa solo sería otra mentira.
— Dos semanas de sanción en el Silo. — sentenció— Ahora largo.
Se volteó hacia el escritorio apoyándose en él. Max abrió la boca, listo para replicar, pero reflexiono en el último instante tragándose su orgullo y se levantó azotando su silla contra el suelo. No la levantó en su camino hacia la puerta.
Me puse de pie tras él, dispuesta a marcharme, mas no llegué lejos cuando las palabras me detuvieron.
— Tu no.
Max apenas se detuvo a comprobar que no había sido con él antes de azotar la puerta a su paso.
Suspiré dejando salir toda la tensión de mis músculos antes de intentar sentarme de nuevo, más no me dejó. Estuvo parado delante de mí antes de que pudiese parpadear. Tan rápido como una sombra haciéndome tambalear antes de poder recomponerme.
— Eres un desastre, Pierce.
— ¿Quieres que me disculpe?
Escrutó mi cara, el enojo escondiéndose allí en alguna parte, pero pareció dejarlo ir.
— Eso fue muy irresponsable por tu parte.
—Estaba defendiendo a un compañero.
— No es excusa, Allison.
— ¿Vas a seguir regañándome?— me alejé un paso enojada.
— Las veces que haga falta— Se acercó
— No eres mi hermano, Caleb.
— Lo sé.
Se quedó mirándome en silencio. Afilando sus ideas como un cuchillo que podría haber cortado la sombra que nos envolvía. Ladeo un poco la cabeza, el azul infinito en su mirada brilló por un segundo y la duda se reflejó allí.
Parpadeé un par de veces rompiendo el hechizo, me reí y me alejé sintiendo mi corazón martillando en mi pecho.
— Solo compórtate— me advirtió pasando una mano por su cabello alborotándolo aún más— Tu hermano no va a ser tan amable como yo si ve que algo así sucede de nuevo.
— No fue nada. Solo una discusión estúpida. El idiota se enojó porque Dion insinuó que las protecciones estan fallando.
Pensé que iba a decir algo, pero el sonido de mis pasos fue lo único que hizo eco en la habitación. Le observé, no se movía, solo respiraba despacio. Parecia normal y sin embargo allí estaba. ese tirón en el musculo de su mandíbula, esa micro expresión que nadie parecía notar cada vez que él se congelaba de esa manera. Con el rostro en blanco, pero la sensación aun allí, en la punta de su lengua. Alarma...Miedo...
— Eso es una tontería.
Justo ahí, ese tono, esa voz que ponía fue todo lo que se necesitaba.
— Si están fallando— afirmé despacio— ¿Verdad?
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Editado: 06.05.2026