El sueño que anhelaba siempre Viella fue poder tener una infancia especial, pero es lo único que no pudo obtener. Acambio de eso, obtuvo sufrimiento, estrés, descontrol, traumas e incluso obtuvo poder al desatar su ira.
Un rostro realmente asustado, con lágrimas acomulandose en sus bellos ojos de un inmenso color ambarino. Contempla sus pequeñas manos qué arden con un fuego diminuto en sus palmas.
—¿Que me esta pasando? — dice con voz llena de asombro y miedo.
Eleva sus manos para poder contemplarlas los más bien posible, todavía no creyendo lo que ve. Asustada, sale corriendo en busca de su madre.
Al llegar junto a ella, le muestra sus manos. Esperando a que su madre le dé alguna respuesta de ello. Pero a cambio, su madre la contempla con sus ojos llenos de terror — no creyéndose al igual que su hija —, de lo que ve.
De inmediato agarra las pequeñas manos de su hija, calmando el creciente fuego que crece en ellos. Estrecha a Viella entre sus brazos, Viella echa a llorar, librandose de esa carga emocional.
—Tengo miedo. — dice Viella, entre sollozos. Su madre la estruja más fuerte entre sus brazos, temiendo a que su pequeña y dulce hija desapareciera.
—Lo se, pequeña mariposa — dice acariciando su cabello —. Todo estará bien.
Su madre contempla a la nada, esperando a que alguna respuesta se formula en su cabeza. Pero nada llega, tendra que esperar a su esposo, para resolver esto.
~◇◇◇~
Viella esta tumbada en su cama, recién despierta de su pequeña siesta. Su madre no está a su lado — quien dijo que no la dejara sola —, pero eso es lo que hizo dejarla sola.
Viella se levanta de su cama, y camina con pasos lentos hacia la entrada de la cocina; en busca de su madre. Al divisarla sentada en una silla frente a la pequeña mesa que yacía en el centro de la cocina, con su padre al lado de ella estableciendo una conversación seria. Viella se queda observando y escuchando lo que estan hablando.
—Hay que hacer algo — reclama su madre, mirando fijamente a su esposo —. No podes permitir que nadie la vea, ni siquiera que sepan que contiene ese poder.
Su padre divisa a su esposa con determinación, escogiendo sus siguientes palabras:
—Tienes razón, no pueden verla — dice el padre con firmeza —. Porque si la llegarán a ver, nos la revatarian de nuestros brazos; no somos nada en este reino.
Viella contempla la conversación con curiosidad y un poco de miedo, al saber de lo que estan hablando; de ella.
Su madre empieza a lloriquear, llevándose sus manos a su rostro. Su padre se inclina sobre el asiento y apoya una mano sobre el hombro de su esposa, intentando decirle que no está sola.
—Todo saldrá bien — expresa el padre con un temblor en su voz —. Hay que evitar que Viella salga de la casa, y evitar que la vean.
Su madre abrazo con fuerza a su padre, sus palabras salen quebradas:
—No quiero perderla, el lo único que tenemos. — dice la madre entre sollozos.
—Lo se... lo se — el padre intenta consolarla —. Yo tampoco quiero perdería.
Viella observar la situación con tristeza en sus ojos. Sabe que no tendra que salir de su casa, es la única formada de evitar el sufrimiento de sus padres; tendra que dejar sus amistades en su pueblo, dejar de ver a su mejor amiga violet, quien siempre saliendo a buscar flores para sus madres.
Tendra que dejar todo, solo para protegerse a ella misma, y a sus padres. Tendra que empezar a vivir en su pequeña casa, lejana del peligro.... pero ella lo comprende.