Sangre de la Mafia

Capítulo 2: Un nombre en la oscuridad

Valeria mantuvo la mirada fija en el desconocido.

Había algo en él que le provocaba curiosidad.

No parecía nervioso. Tampoco intentaba impresionarla como otros hombres que había conocido en las fiestas organizadas por su familia.

Simplemente la observaba.

Como si estuviera intentando descubrir quién era.

—¿Siempre eres así de misteriosa? —preguntó él.

Valeria tomó la copa que había dejado sobre la barra.

—¿Y tú siempre haces tantas preguntas?

Una sonrisa apareció en los labios del joven.

—Solo cuando alguien llama mi atención.

Valeria levantó una ceja.

—Entonces debes hacer muchas preguntas.

—No tantas como crees.

Durante unos segundos, ninguno dijo nada.

La música seguía sonando alrededor de ellos. La gente bailaba, reía y hablaba sin prestarles atención.

Y, por alguna extraña razón, Valeria olvidó que estaba en una ciudad desconocida.

—Liam —dijo finalmente él.

Valeria lo miró.

—¿Liam?

—Mi nombre.

Ella sonrió.

—Valeria.

Él repitió su nombre en voz baja.

—Valeria.

Por alguna razón, escuchar su nombre en sus labios hizo que ella apartara la mirada por un instante.

—¿Eso es todo? —preguntó Liam—. ¿Solo Valeria?

—Por ahora.

Liam soltó una pequeña risa.

—Definitivamente eres misteriosa.

—Y tú demasiado curioso.

—Tal vez.

Un hombre se acercó a Liam y se inclinó para decirle algo al oído.

Valeria notó inmediatamente el cambio en su expresión.

Liam dejó de sonreír.

—¿Ocurre algo? —preguntó ella.

Él volvió a mirarla.

—Nada importante.

Pero Valeria sabía reconocer una mentira.

No porque pudiera leer mentes ni nada parecido.

Simplemente porque había pasado toda su vida rodeada de personas que ocultaban cosas.

—Claro —respondió ella.

Liam observó cómo se alejaba unos pasos.

—Espera.

Valeria se detuvo.

—¿Sí?

—No quiero que desaparezcas otra vez.

Ella giró lentamente.

—¿Y quién dijo que iba a desaparecer?

Liam sonrió.

—Tengo un presentimiento.

Valeria lo miró durante unos segundos.

Después, sin responder, se perdió entre la multitud.

Liam se quedó observando el lugar donde había desaparecido.

—¿Ya sabes quién es? —preguntó a su amigo.

—Estoy trabajando en eso.

—Trabaja más rápido.

—¿Desde cuándo te importa una desconocida?

Liam tomó su chaqueta.

—No me importa.

—Claro que no.

Liam ignoró el comentario.

Pero mientras caminaba hacia la salida, buscó a Valeria una última vez entre la multitud.

No la encontró.

Valeria salió del club con una sonrisa que no podía explicar.

El aire frío de la noche golpeó su rostro.

—¿Liam? —murmuró para sí misma.

Era extraño.

No sabía nada de él.

Solo su nombre.

Pero quería volver a verlo.

Mientras caminaba hacia el automóvil que la esperaba, escuchó una voz detrás de ella.

—Valeria.

Se detuvo.

No era Liam.

Su expresión cambió inmediatamente.

Un hombre vestido de negro estaba a unos metros de distancia.

—¿Quién eres? —preguntó ella.

El desconocido sonrió.

—Alguien que lleva tiempo buscándote.

Valeria sintió cómo su cuerpo se tensaba.

—Creo que me estás confundiendo con otra persona.

—No. Estoy seguro de quién eres.

El hombre dio un paso hacia ella.

—Valeria Drăculea.

Su sonrisa desapareció.

Nadie en aquella ciudad debía conocer su apellido.

—No sé de qué estás hablando.

—Claro que sí.

Antes de que el hombre pudiera acercarse más, una voz fría lo interrumpió.

—Creo que ella ya te dijo que no sabe quién eres.

Valeria giró.

Liam estaba allí.

A unos pasos de ella.

El hombre desconocido lo observó con cautela.

—Esto no te concierne.

Liam avanzó.

—Ahora sí.

Valeria lo miró sorprendida.

—¿Me seguiste?

Liam sonrió apenas.

—Digamos que tuve suerte.

Ella estuvo a punto de responder, pero el desconocido volvió a hablar.

—Deberías tener cuidado, Vitale.

El silencio cayó entre ellos.

Valeria giró lentamente hacia Liam.

—¿Vitale?

Por primera vez desde que se habían conocido, la expresión de Liam cambió.

Y entonces Valeria comprendió que él tampoco le había dicho toda la verdad.

El desconocido dio un paso atrás.

—Esto no ha terminado.

Después se perdió en la oscuridad de la calle.

Valeria volvió a mirar a Liam.

—Así que Liam Vitale.

Él suspiró.

—No era exactamente así como quería que descubrieras mi apellido.

—Qué conveniente.

—Puedo explicarlo.

Valeria cruzó los brazos.

—Adelante.

Liam la observó durante unos segundos.

—Mi familia tiene… negocios en esta ciudad.

Valeria soltó una pequeña risa.

—Eso no suena nada sospechoso.

—Créeme, si supieras todo, sería peor.

Valeria volvió a ponerse seria.

Ella tampoco podía contarle quién era.

Porque si Liam Vitale pertenecía a la familia que ella creía…

Entonces su encuentro no había sido una coincidencia.

—¿Qué hacía ese hombre aquí? —preguntó Liam.

Valeria sostuvo su mirada.

—No lo sé.

—Sabía tu apellido.

—Y ahora tú también.

Liam se acercó un poco.

—Valeria…

Ella dio un paso atrás.

No por miedo.

Sino porque estaba empezando a darse cuenta de algo.

Había llegado a aquella ciudad pensando que podía pasar desapercibida.

Pero alguien ya sabía quién era.

Y ese alguien acababa de pronunciar el apellido de Liam como si fuera una advertencia.

—Tengo que irme.

—¿Vas a desaparecer otra vez?

Valeria sonrió levemente.

—Tal vez.

—No me gusta esa respuesta.

—Entonces tendrás que encontrarme.




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