Sangre de la Mafia

Capítulo 4: El apellido Vitale

Valeria permaneció inmóvil.

El teléfono seguía junto a su oído, pero apenas podía escuchar la respiración de su padre al otro lado de la llamada.

Frente a ella estaba Liam.

Liam Vitale.

El chico que había conocido en el club.

El chico que la había buscado.

El chico que, hacía apenas unos minutos, había tomado su mano para ayudarla a escapar.

—Valeria —dijo su padre—. ¿Me estás escuchando?

Ella no apartó la mirada de Liam.

—Sí.

—Regresa a la residencia inmediatamente.

—Padre, yo...

—Ahora.

La llamada terminó.

Valeria bajó lentamente el teléfono.

Liam frunció el ceño.

—¿Qué ocurre?

Ella tardó unos segundos en responder.

—Nada.

Liam soltó una pequeña risa, aunque no parecía divertido.

—Otra vez.

—¿Qué?

—Otra vez me dices que no ocurre nada.

Valeria cruzó los brazos.

—¿Y qué quieres que te diga?

—La verdad sería un buen comienzo.

Sus palabras la hicieron guardar silencio.

Porque Liam tenía razón.

Pero ella tampoco podía confiar completamente en él.

No después de lo que acababa de descubrir.

—Mi padre quiere que vuelva a casa —dijo finalmente.

—¿Por qué?

—Porque piensa que estoy en peligro.

—Después de lo que acaba de pasar, creo que tiene razón.

Valeria lo miró.

—¿Tú sabías que alguien me estaba buscando?

La expresión de Liam cambió.

—¿Qué?

—Tu familia.

—¿Mi familia?

Ella dio un paso hacia él.

—No finjas que no sabes de qué hablo.

—No estoy fingiendo.

Valeria lo observó atentamente.

Por un instante pensó que estaba mintiendo.

Pero Liam parecía realmente confundido.

—Mi padre me acaba de decir que los Vitale saben que estoy en esta ciudad.

Liam guardó silencio.

—Valeria...

—¿Tu padre sabe quién soy?

Él apartó la mirada.

Ese pequeño gesto fue suficiente.

—Así que sí sabes algo.

—No exactamente.

—Liam.

Él suspiró y pasó una mano por su cabello.

—Mi padre está buscando a alguien.

Valeria sintió que su cuerpo se tensaba.

—¿A quién?

—No me lo dijo.

—¿Pero sabías que era yo?

Liam tardó demasiado en responder.

Valeria retrocedió.

—No puedo creerlo.

—Escúchame.

—¿Cuándo lo descubriste?

—Esta mañana.

—¿Y aun así me buscaste?

Liam sostuvo su mirada.

—Sí.

Aquella respuesta la sorprendió.

—¿Por qué?

Él dio un paso hacia ella.

—Porque quería saber si estabas bien.

Valeria apartó la mirada.

Era exactamente la respuesta que no quería escuchar.

Porque una parte de ella quería creerle.

Y eso la asustaba más que cualquier otra cosa.

—No sabes quién soy —dijo ella.

—Entonces dímelo.

Valeria volvió a mirarlo.

El callejón estaba en silencio.

La ciudad seguía moviéndose a su alrededor, pero por unos segundos parecía que solo existían ellos dos.

—Si te digo quién soy, todo cambiará.

—Ya está cambiando.

Valeria sonrió sin humor.

—No tienes idea.

Antes de que pudiera continuar, el teléfono de Liam comenzó a sonar.

Él miró la pantalla.

Su expresión se volvió seria.

—Es mi padre.

Valeria retrocedió inmediatamente.

—No contestes.

Liam levantó la mirada.

—¿Por qué?

—Porque si sabe que estás conmigo...

Se detuvo.

Liam frunció el ceño.

—¿Qué pasa si sabe que estoy contigo?

Valeria cerró los ojos por un instante.

No quería decirlo.

No todavía.

—Valeria.

Su teléfono volvió a sonar.

Liam miró la pantalla.

Después contestó.

—¿Sí?

Valeria permaneció en silencio, observándolo.

—Estoy ocupado.

La voz de su padre era demasiado baja para que ella pudiera escucharla.

Pero la expresión de Liam cambió.

—¿Qué dijiste?

Valeria sintió un escalofrío.

—¿Estás seguro?

Su mirada se dirigió lentamente hacia ella.

Valeria dejó de respirar por un segundo.

—Entiendo —dijo Liam.

Colgó.

Durante varios segundos, ninguno habló.

—¿Qué quería? —preguntó finalmente Valeria.

Liam guardó el teléfono.

—Quiere que vuelva a casa.

—¿Solo eso?

—No.

Valeria esperó.

Liam la observó.

—Me dijo que si veo a una chica llamada Valeria Drăculea, debo avisarle inmediatamente.

El silencio fue absoluto.

Valeria no se movió.

Liam tampoco.

—Entonces ya sabes mi apellido —dijo ella.

Él asintió lentamente.

—Sí.

—¿Y qué piensas hacer?

Liam no respondió de inmediato.

En lugar de eso, dio un paso hacia ella.

—Primero quiero que me digas la verdad.

Valeria soltó una pequeña risa.

—¿La verdad?

—Sí.

—¿Sobre qué?

—Sobre quién eres.

Valeria sostuvo su mirada.

Ya no tenía sentido seguir ocultándolo.

Al menos no completamente.

—Mi nombre es Valeria Drăculea.

—Eso ya lo sé.

—Y mi familia no es precisamente... normal.

Liam arqueó una ceja.

—Eso también lo sospechaba.

Valeria respiró profundamente.

—¿Qué sabes sobre los vampiros?

Liam se quedó inmóvil.

Por primera vez desde que se conocieron, no tuvo una respuesta inmediata.

—Lo suficiente para saber que existen.

Valeria lo observó.

—Entonces sabes quién soy.

—Sé lo que podría significar tu apellido.

—¿Y eso no te asusta?

Liam soltó una pequeña risa.

—¿Debería?

Valeria lo miró sorprendida.

La mayoría de los humanos reaccionaban de forma diferente.

Con miedo.

Con desconfianza.

Pero Liam simplemente estaba allí.

Mirándola como si su respuesta no hubiera cambiado nada.

—Eres la heredera —dijo finalmente.

Valeria asintió.

—Sí.




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