Valeria observó su mano entrelazada con la de Liam durante unos segundos.
—Puedes soltarme —dijo.
Liam bajó la mirada hacia sus manos.
—Tú tampoco la has soltado.
Valeria parpadeó.
Inmediatamente retiró la mano.
—No significa nada.
Una sonrisa apareció en el rostro de Liam.
—Claro.
—No empieces.
—No he dicho nada.
—Pero estabas pensando algo.
—Eso tampoco puedes saberlo.
Valeria entrecerró los ojos.
—Créeme. Puedo imaginarlo.
Liam soltó una pequeña risa.
Por unos minutos, todo pareció extrañamente normal.
Como si no estuvieran siendo perseguidos.
Como si el padre de Liam no estuviera buscando capturarla.
Como si ella no fuera la heredera de uno de los linajes vampíricos más poderosos.
Solo eran Liam y Valeria.
Dos personas caminando por la ciudad.
—Necesitamos un lugar donde hablar —dijo Liam.
—¿Tu casa?
—Definitivamente no.
—Bien.
—¿Qué?
—Nada. Solo me alegra que tengas sentido común.
Liam la miró.
—Pensé que confiabas en mí.
—Dije que éramos socios.
—Eso no es lo mismo.
—Exactamente.
Liam negó con la cabeza, divertido.
—Ven.
La llevó hasta un edificio antiguo, alejado de las calles principales. Subieron por unas escaleras hasta llegar a una puerta.
Valeria observó el lugar.
—¿Dónde estamos?
—Es mío.
—¿Tuyo?
—Un apartamento que uso cuando necesito estar lejos de mi familia.
Valeria lo miró con curiosidad.
—¿Te gusta estar lejos de ellos?
Liam tardó unos segundos en responder.
—A veces.
Ella comprendió que había algo más detrás de esa respuesta, pero decidió no insistir.
Al entrar, Valeria recorrió el lugar con la mirada.
Era moderno, aunque mucho menos lujoso que la residencia de los Vitale.
—Esperaba algo diferente.
—¿Peor o mejor?
—Más... mafioso.
Liam soltó una carcajada.
—¿Qué significa eso?
—No sé. Armas en las paredes. Cuadros antiguos. Una habitación secreta.
—Te decepcionarías.
—Todavía no estoy segura.
Liam se acercó a una mesa.
—Voy a buscar información sobre los hombres que te perseguían.
Valeria asintió.
Mientras él revisaba algunos documentos y mensajes en su teléfono, ella caminó hacia la ventana.
La ciudad se extendía frente a ella.
—Es bonita.
—¿La ciudad?
—Sí.
—Pensé que no te gustaba.
Valeria lo miró por encima del hombro.
—No dije eso.
—Parecía que querías irte.
Su expresión cambió ligeramente.
—Mi padre quiere que regrese.
—¿Y tú?
Valeria guardó silencio.
Liam dejó el teléfono sobre la mesa.
—¿Quieres regresar?
Ella tardó en responder.
—No lo sé.
—Eso no sonó muy convincente.
Valeria sonrió apenas.
—Toda mi vida ha sido planeada por otras personas.
Liam se quedó observándola.
—¿Incluso venir aquí?
—Especialmente venir aquí.
Por primera vez, Liam no hizo ninguna broma.
—Entonces, ¿por qué no haces algo que tú quieras?
Valeria soltó una pequeña risa.
—Porque no es tan fácil.
—¿Por qué?
Ella se giró completamente.
—Porque soy la heredera, Liam.
Él permaneció en silencio.
—Cuando todos esperan algo de ti, cuando toda una familia depende de las decisiones que tomes... dejas de preguntarte qué quieres.
Las palabras quedaron suspendidas entre ellos.
Liam la observó durante unos segundos.
Después caminó hacia ella.
—¿Y qué quieres ahora?
Valeria levantó la mirada.
Liam estaba demasiado cerca.
Ella podía notar cada detalle de su expresión.
Su pregunta parecía sencilla.
Pero no lo era.
—No lo sé —susurró.
—Creo que sí lo sabes.
Valeria sostuvo su mirada.
Por un momento, quiso retroceder.
Pero no lo hizo.
—¿Y tú? —preguntó—. ¿Siempre sabes lo que quieres?
Liam sonrió apenas.
—No.
—Entonces estamos iguales.
—No exactamente.
—¿Por qué?
Él se acercó un poco más.
Valeria dejó de respirar por un instante.
—Porque ahora mismo sí sé lo que quiero.
Ella sintió cómo su corazón se aceleraba.
—Liam...
Él levantó lentamente una mano, como si fuera a tocar su rostro, pero se detuvo antes.
—Dime que me aleje.
Valeria debería haberlo hecho.
Debería haber dicho que sí.
Pero no pudo.
Sus ojos bajaron por un segundo hacia los labios de Liam.
Cuando volvió a mirarlo, él estaba todavía más cerca.
—No dije que te acercaras —susurró ella.
Liam sonrió.
—Pero tampoco me dijiste que me alejara.
Valeria intentó ocultar una sonrisa.
—Eres insoportable.
—Eso no responde mi pregunta.
Por unos segundos, ninguno habló.
La distancia entre ellos era mínima.
Entonces Valeria inclinó ligeramente la cabeza.
—Solo un poco.
Liam frunció el ceño.
—¿Qué?
—Puedes acercarte.
La sonrisa que apareció en el rostro de Liam hizo que Valeria se arrepintiera inmediatamente.
—No pongas esa cara.
—¿Qué cara?
—Esa.
—No sé de qué hablas.
—Liam.
Él rió suavemente.
Y, por primera vez, Valeria dejó escapar una risa sin preocuparse por nada.
Pero entonces Liam volvió a quedarse en silencio.
La miró.
De verdad la miró.
Y Valeria sintió que el aire desaparecía de la habitación.
Liam se inclinó lentamente hacia ella.
Valeria cerró los ojos.
Estaba a punto de ocurrir.
Lo sabía.
Y, sorprendentemente, no quería detenerlo.
Pero el teléfono de Liam comenzó a sonar.
Los dos se separaron inmediatamente.
Valeria abrió los ojos.
Liam miró su teléfono con evidente molestia.
—¿En serio?
Ella soltó una risa.
—Parece que el universo tiene algo en contra de ti.