Sangre de la Mafia

Capítulo 6: Bajo la misma protección

El silencio volvió a instalarse en el apartamento.

Valeria seguía junto a la ventana.

Liam estaba frente a ella, con el teléfono todavía en la mano.

—Tu padre no va a dejar de buscarme —dijo ella finalmente.

—Lo sé.

—Y ahora sabe que estoy con su hijo.

Liam dejó el teléfono sobre la mesa.

—No sabe dónde estamos.

Valeria lo miró.

—Pero alguien sí.

Él frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

Valeria caminó hasta el sofá y tomó su bolso.

—Cuando salimos del club, alguien sabía dónde encontrarme. Después aparecieron en la cafetería.

—¿Crees que nos están siguiendo?

—No lo sé.

—Eso no me gusta.

—A mí tampoco.

Liam se acercó a una de las ventanas y miró hacia la calle.

Todo parecía normal.

Demasiado normal.

—Quédate aquí —dijo él.

Valeria cruzó los brazos.

—No me des órdenes.

Liam giró la cabeza hacia ella.

—No era una orden.

—Sonó como una.

—Entonces fue una sugerencia muy seria.

Valeria intentó no sonreír.

—Sigues siendo insoportable.

—Y tú sigues aquí.

Ella se quedó en silencio.

Liam sonrió apenas.

Pero antes de que pudiera decir algo más, Valeria sintió algo.

Su expresión cambió.

—Liam.

Él se puso serio inmediatamente.

—¿Qué pasa?

Valeria levantó una mano.

—Silencio.

Liam no entendía qué estaba haciendo.

Entonces ella cerró los ojos.

Podía escuchar cosas que para él eran imposibles de percibir.

Pasos.

Lejanos.

Pero acercándose.

Uno.

Dos.

Tres personas.

Valeria abrió los ojos.

—No estamos solos.

Liam la observó.

—¿Cómo lo sabes?

Ella dudó un segundo.

—Confía en mí.

Él no preguntó nada más.

Eso la sorprendió.

—Hay tres personas —continuó—. Están subiendo.

Liam miró hacia la puerta.

—¿Tres?

—Sí.

—¿Son los hombres que te perseguían?

—No estoy segura.

Liam caminó rápidamente hacia una habitación.

—Entonces tenemos que irnos.

—¿Por dónde?

—Hay una salida trasera.

Valeria lo siguió, pero antes de llegar a la puerta, Liam se detuvo.

Ella chocó ligeramente contra él.

—¿Qué haces?

—Espera.

Liam la miró.

—Quédate detrás de mí.

Valeria arqueó una ceja.

—¿Perdón?

—No sabemos quién está ahí.

—Liam, puedo protegerme.

—Lo sé.

—No, no lo sabes.

Él guardó silencio.

Valeria suspiró.

—Soy una vampira.

—Sí, eso ya lo entendí.

—Entonces deja de actuar como si fuera indefensa.

Liam la miró durante unos segundos.

—No estoy diciendo que seas indefensa.

—Entonces...

—Solo quiero asegurarme de que estés bien.

Valeria se quedó callada.

Aquellas palabras fueron mucho más difíciles de ignorar que cualquier otra cosa.

—¿Por qué? —preguntó.

Liam frunció el ceño.

—¿Por qué qué?

—¿Por qué te importa tanto?

Él abrió la boca, pero no respondió inmediatamente.

Y esa pequeña pausa fue suficiente.

—No lo sé —admitió al final.

Valeria sintió una extraña sensación en el pecho.

Liam dio un paso más cerca.

—Pero me importa.

Por unos segundos, olvidaron los pasos.

Olvidaron a los hombres.

Olvidaron todo.

Valeria levantó la mirada.

—No deberías decir cosas así.

—¿Por qué?

—Porque complicas las cosas.

Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Liam.

—Las cosas ya son complicadas.

Valeria intentó apartarse, pero Liam sujetó suavemente su mano.

Ella bajó la mirada.

Sus dedos estaban entrelazados otra vez.

—Liam...

—Solo estamos hablando.

—¿Siempre tomas la mano de las personas mientras hablas?

—Solo cuando quiero hacerlo.

Valeria levantó la mirada.

Esta vez ninguno sonrió.

La distancia entre ellos desapareció poco a poco.

Liam se inclinó hacia ella.

Valeria no se movió.

Sus ojos se cerraron lentamente.

Y entonces...

Toc. Toc. Toc.

Los dos se separaron.

—Definitivamente odio a quien esté afuera —murmuró Liam.

Valeria soltó una pequeña risa.

—Parece que tu teléfono no es el único que interrumpe.

El golpe volvió a escucharse.

Pero esta vez fue más fuerte.

—¡Liam! —gritó una voz desde el otro lado.

Él se quedó completamente inmóvil.

Valeria lo miró.

—¿Quién es?

Liam no respondió.

La voz volvió a escucharse.

—¡Sé que estás ahí!

Valeria reconoció la voz.

No porque la hubiera escuchado antes.

Sino porque la expresión de Liam le dio la respuesta.

—Tu padre —susurró.

Liam apretó la mandíbula.

—Sí.

Valeria retrocedió.

—Tengo que irme.

—No.

Ella lo miró.

—¿No?

—No vas a salir sola.

—Liam, tu padre está literalmente al otro lado de esa puerta.

—Y no voy a entregarte.

Valeria sintió cómo su corazón se aceleraba.

—Podrías tener problemas.

—Ya los tengo.

La puerta recibió otro golpe.

—¡Liam Vitale!

Él miró a Valeria.

—La salida trasera.

—¿Y tú?

—Voy a distraerlo.

—No puedes enfrentarte a tu padre por mí.

Liam sonrió levemente.

—No estoy enfrentándome a él.

Valeria levantó una ceja.

—¿Seguro?

—Bueno... todavía no.

A pesar de la situación, ella sonrió.

Pero antes de irse, tomó la mano de Liam.

Él la miró sorprendido.

—Ten cuidado.

—Tú también.

Valeria se quedó quieta.

Por un segundo, pareció querer decir algo más.

En lugar de eso, se inclinó y dejó un beso rápido en la mejilla de Liam.

Cuando se apartó, ambos quedaron en silencio.

Valeria sonrió ligeramente.

—Para que recuerdes que todavía me debes una explicación.




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