Valeria se quedó inmóvil.
El hombre estaba a unos metros de distancia.
No parecía tener prisa.
Eso era lo que más le preocupaba.
Las personas que querían hacerle daño normalmente no tenían tanta paciencia.
—¿Quién eres? —preguntó Valeria.
El hombre sonrió ligeramente.
—Creo que tú ya sabes quién soy.
—No.
—Entonces tu familia no te ha contado toda la historia.
Valeria sintió que algo dentro de ella se tensaba.
—¿Qué historia?
El hombre comenzó a acercarse.
Valeria no retrocedió.
—La historia de los Vitale.
—¿Trabajas para ellos?
—Digamos que conozco a la familia desde hace mucho tiempo.
—¿Y qué quieres de mí?
El hombre se detuvo frente a ella.
—Advertirte.
Valeria frunció el ceño.
—¿Advertirme?
—Aléjate de Liam.
Aquellas palabras hicieron que su expresión cambiara.
—Eso no es asunto tuyo.
—Debería serlo para ti.
—¿Por qué?
El hombre la observó durante unos segundos.
—Porque Liam no es quien tú crees.
Valeria soltó una pequeña risa.
—Apenas lo conozco.
—Precisamente.
—Entonces explícame.
El hombre negó lentamente con la cabeza.
—No aquí.
Valeria escuchó un ruido detrás de él.
Un automóvil.
Después otro.
Sus sentidos se agudizaron.
No estaba solo.
—¿Cuántos son? —preguntó.
El hombre sonrió.
—Los suficientes.
Valeria dio un paso atrás.
—¿Me estás amenazando?
—No.
Su expresión se volvió seria.
—Te estoy dando una oportunidad.
—¿Una oportunidad para qué?
—Para marcharte antes de que sea demasiado tarde.
Valeria sostuvo su mirada.
—¿Y si no quiero?
El hombre suspiró.
—Entonces tendrás que descubrir por qué tu familia lleva tantos años ocultándote la verdad.
Valeria sintió un escalofrío.
—¿Qué verdad?
Pero el hombre ya estaba alejándose.
—Pregúntale a tu padre por la noche de la traición.
Valeria se quedó inmóvil.
Ese nombre no significaba nada para ella.
Todavía.
—¡Espera!
El hombre continuó caminando.
—¿Qué traición?
Se detuvo por un instante.
Sin girarse, respondió:
—La que convirtió a los Vitale y a los Drăculea en enemigos.
Después subió al automóvil.
El vehículo desapareció por la calle.
Valeria permaneció allí.
Pensando.
La noche de la traición.
Nunca había escuchado ese término.
Y eso solo podía significar una cosa.
Su familia le había ocultado algo.
Mientras tanto, en el apartamento de Liam...
—¿Dónde está? —preguntó su padre.
Liam permaneció junto a la puerta.
—¿Quién?
Su padre levantó el bolso de Valeria.
—No juegues conmigo.
Liam miró el bolso.
—No sé de qué hablas.
—Entonces explícame esto.
Liam guardó silencio.
Su padre dejó el bolso sobre la mesa.
—Te dije que si encontrabas a Valeria Drăculea, me avisaras.
—Y lo hice.
—No.
Su padre dio un paso hacia él.
—La ocultaste.
Liam sostuvo su mirada.
—No sabes eso.
—Te conozco, Liam.
El silencio se volvió incómodo.
—¿Dónde está? —repitió su padre.
—No lo sé.
—Estás mintiendo.
—Quizá.
Los hombres que estaban detrás de su padre intercambiaron miradas.
Su padre, en cambio, permaneció completamente tranquilo.
—¿Sabes qué es lo que más me preocupa?
Liam no respondió.
—Que pareces dispuesto a protegerla.
—No la estoy protegiendo.
—Entonces dime por qué mentiste por ella.
Liam apretó la mandíbula.
No tenía respuesta.
Su padre tomó el bolso nuevamente.
—Ella no es una chica cualquiera.
—Lo sé.
—No.
La voz de su padre se endureció.
—No sabes nada.
Liam levantó la mirada.
—Entonces dime.
Por primera vez, su padre pareció dudar.
Fue apenas un segundo.
Pero Liam lo notó.
—¿Qué ocurrió entre los Vitale y los Drăculea?
Su padre se quedó inmóvil.
Liam continuó:
—¿Qué pasó realmente?
—No vuelvas a preguntar eso.
—¿Por qué?
—Porque no es asunto tuyo.
Liam soltó una risa seca.
—Soy tu hijo y el futuro heredero de esta familia. Creo que ya es asunto mío.
Su padre lo observó fijamente.
—Hay cosas que es mejor no saber.
—Eso siempre significa que hay algo que estás ocultando.
El hombre guardó silencio.
Después dejó el bolso sobre la mesa.
—Aléjate de ella.
—No.
La respuesta salió demasiado rápido.
Su padre lo miró.
Liam también pareció sorprendido por sus propias palabras.
—No sabes siquiera por qué la estoy buscando —dijo su padre.
—Entonces explícamelo.
—No puedo.
—¿No puedes o no quieres?
Su padre se acercó a él.
—Liam, escúchame con atención.
Su voz ya no sonaba como una orden.
Sonaba como una advertencia.
—Esa chica podría destruir nuestra familia.
Liam recordó a Valeria.
Su forma de hablar.
Su orgullo.
La manera en que había intentado ocultar el miedo que sentía.
Y recordó también el pequeño beso que había dejado en su mejilla antes de marcharse.
Su expresión cambió.
—No lo creo.
Su padre entrecerró los ojos.
—Ese es precisamente el problema.
Horas después, Valeria regresó a la residencia Drăculea.
No había avisado a nadie.
Cuando atravesó las enormes puertas, varios guardias se acercaron.
—Su majestad la estaba esperando.
Valeria se detuvo.
—¿Mi padre?
—Sí.
—¿Dónde está?
—En la biblioteca.
Valeria caminó por los pasillos.
Cada paso parecía hacerla pensar más.
La noche de la traición.
¿Por qué nadie le había hablado de ella?