—Despierta... tienes que despertar, Gure.
La voz atravesó la oscuridad como un susurro que no pertenecía al mundo de los sueños.
—Ah...
Desperté de golpe, incorporándome en la cama mientras mi respiración se volvía irregular. Durante unos segundos solo pude escuchar el fuerte latido de mi propio corazón.
Últimamente se estaba volviendo un hábito muy frecuente desde mi llegada a la academia.
Me quedé mirando mi mano estirada hacia el techo mientras intentaba recuperar el aliento. Cada vez que despertaba así, mi cabeza dolía y mi cuerpo se sentía entumido, como si hubiera corrido durante horas dentro de ese sueño del que nunca lograba recordar nada.
Miré rápidamente el reloj. —Ah... voy tarde.
Por suerte me había quedado dormida con el uniforme puesto. Solo tuve que colocarme los zapatos antes de salir corriendo. Recordé lo que había dicho mi padre: las clases nocturnas comenzaban exactamente a las siete de la noche.
Corrí hacia el otro extremo de la academia.
El aire nocturno era frío y los enormes edificios se alzaban silenciosos bajo la luz de la luna. Fue entonces cuando vi la multitud la mayoría de las chicas de las clases diurnas estaban reunidas frente al edificio principal, esperando con emoción.
Esperaban ver a los estudiantes de la clase nocturna.
Claro... Ellas no sabían la verdad.
Para ellas, la clase nocturna no era más que un grupo de estudiantes excepcionales: jóvenes elegantes, brillantes, provenientes de familias poderosas. Muchos de ellos eran hijos de empresarios multimillonarios, herederos de grandes compañías o figuras influyentes en distintos países. Estudiaban carreras normales como cualquier otra persona.
Derecho.
Medicina.
Negocios internacionales.
Arquitectura.
Las mismas materias que cualquier estudiante universitario la única diferencia... era una que nadie más podía ver entre esas materias normales también aprendían algo más.
Controlar su sed de sangre.
—¡Niñas, atrás!
Intenté apartarlas para despejar el camino, pero eran demasiadas. La presión de la multitud era más fuerte que mi propia resistencia.
De repente, mis piernas cedieron.
—Ah...
—Ten más cuidado.
La voz que escuché era fría, tan fría como el hielo levanté la mirada. Sus ojos estaban fijos en los míos. Eran de un tono morado claro, intenso y extraño bajo la luz de la noche. Por un momento todo a mi alrededor pareció detenerse.
Tragué saliva al notar su cabello plateado cayendo suavemente sobre sus hombros y su piel increíblemente pálida. Sus labios tenían un tono rojo muy fino que contrastaba con su expresión seria.
—Lo... lo siento.
Logré ponerme de pie mientras mi mente intentaba volver a la realidad cuando él apartó la mirada de mí, giró la cabeza hacia la multitud de chicas. Su expresión se volvió aún más seria bastó una sola mirada.
Solo una.
Para que el grupo de estudiantes comenzara a retroceder, intimidado por su presencia poco a poco se formaron dos filas a cada lado del camino las grandes puertas del edificio se abrieron entonces aparecieron ellos. Los estudiantes de la clase nocturna.
Sus uniformes eran completamente distintos.
Elegantes.
Blancos, con delicados detalles en rojo que resaltaban en la tela, recordando ligeramente a los uniformes de la marina. Caminaban con una calma absoluta, como si la atención de todos fuera algo completamente normal para ellos. Algunos incluso saludaban con una sonrisa a las chicas que los observaban fascinadas.
La clase nocturna no era muy grande existían dos grupos: Clase A y Clase B en total había alrededor de quince vampiros de clase media cada uno diferente del otro pero todos...
peligrosamente hermosos.
—Tú eres la nueva Perfecta, ¿verdad? Gure... la hija de Cross.
Giré la cabeza el estaba a mi lado ahora pude notar mejor su cabello plateado bajo la luz de la luna.
Tomé aire.
Las chicas comenzaban a dispersarse, regresando lentamente a sus dormitorios.
—Sí... ¿se nota tanto? solo una mueca salió de su rostro —Y tú debes ser Zero, ¿no es así?
Supuse que debía ser muy obvio después de todo, mi padre me había hablado de él. Sus ojos se estrecharon ligeramente.
—Quisiera decir que es un placer... pero no creo que sea así.
Su tono era seco.
Casi hostil.
—Solo no te confíes de ellos.
Miró hacia los vampiros con evidente desconfianza una desconfianza profunda después se dio la vuelta y se alejó rápidamente, dejándome sola. Me quedé parada unos segundos, tratando de procesar algo muy simple.
Zero sabía quién era yo.
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Editado: 14.06.2026