—Gure... hey, despierta... vamos, por favor.
Parpadeé varias veces antes de enfocar. Todo estaba borroso, mi cabeza daba vueltas. Sentí unas manos frías sostener mis mejillas y, poco a poco, mis sentidos regresaron. Cuando logré ver con claridad, encontré el rostro de Zero frente a mí. Su expresión estaba tensa, inquieta, como si hubiera estado al borde de perder el control.
—Estoy bien, Zero... —susurré.
Tomé su mano.
—Estoy bien.
No la solté. Temblaba.
—El vampiro me mordió el cuello... eso hizo que me soltaras... pero alguien te sostuvo.
Giré apenas la cabeza.
A unos pasos, Akatsuki observaba en silencio. Alto, de cabello naranja corto, ojos café claro y una presencia firme, contenida. A diferencia de otros, él no sonreía. Solo vigilaba. Sabía perfectamente lo peligroso que era.
Con ayuda de Zero me puse de pie, pero el dolor en mi tobillo me hizo tambalear.
—Despacio —murmuró, rodeando mi cintura.
Caminamos hasta el auto. Antes de subir, miré hacia atrás. La torre comenzaba a arder. Las llamas crecían con rapidez, consumiendo la madera vieja mientras el humo se elevaba hacia el cielo.
Dentro del auto, Zero tomó mi mano otra vez. Apoyé la cabeza en su hombro.
—Perdón por soltarte... —murmuró—. ¿Por qué me seguiste?
—La chica...
—Impulsos de cazadores —dijo, entrelazando sus dedos con los míos.
El auto se detuvo frente a la casa. Zero bajó primero y me ayudó a salir, pasando mi brazo por su cuello. Apenas dimos unos pasos, dos figuras nos detuvieron.
Kairen y Cross.
—¡Hija! —Cross corrió hacia mí—. Kairen llamó y dijo que tú...
—Estoy bien, papá...
Pero la tensión no estaba ahí.
Estaba entre ellos.
—Debemos agradecer que llegó a tiempo —dijo Kairen con calma, observando a Zero.
Zero no respondió pero dio un paso al frente.
—No necesitaba tu ayuda.
El aire se volvió pesado.
Kairen sonrió apenas.
—Y aun así... la aceptaste.
En un parpadeo, Zero lo sujetó del cuello del uniforme, empujándolo ligeramente hacia atrás. No fue un ataque total... pero sí una advertencia.
—Aléjate de ella.
Akatsuki dio un paso al frente.
Cross habló de inmediato.
—¡Zero!
Pero Kairen levantó una mano, deteniendo todo no hizo nada para apartarlo.
Solo lo miró.
Y entonces, un recuerdo cruzo mi mente.
—Zero, sobre la guardia...
Abrí la puerta de su habitación. Estaba al fondo, respirando con dificultad. Sus ojos rojos, la marca en su cuello más intensa que nunca.
—¿Qué haces aquí? ¡Vete! —gruñó—. ¡Vete, Gure!
No me detuve. Tomé su rostro.
—¿Qué tienes?
Me apartó, pero en un instante me tenía contra la cama, su cuerpo sobre el mío.
—Zero...
Sentí sus labios fríos rozar mi piel.
No podía moverme.
No era miedo.
Era él.
—Vete... —murmuró, alejándose y cayendo al suelo.
Lo miré.
Era Zero.
No un monstruo.
Me arrodillé frente a él.
—Tómala.
Descubrí mi cuello.
—Tómala, Zero.
Sus brazos me rodearon. Su mano en mi cabello inclinó mi cabeza. Sus colmillos atravesaron mi piel.
El dolor fue breve, intenso una lágrima cayó.
Cuando terminó, me abrazó con fuerza.
—Perdón, Gure...
El recuerdo se rompió.
Zero apretó el agarre... pero luego lo soltó.
El silencio quedó suspendido.
Kairen acomodó su ropa con calma.
—Control interesante... —murmuró, apenas audible.
No hubo más.
Zero me ayudaba a caminar hacia mi habitación. No escuché qué decían Cross y Kairen. Solo sentí el peso de sus manos sosteniéndome. Me recostó con cuidado y permaneció sentado a mi lado.
Luego se levantó.
—No debiste darme tu sangre.
La puerta se cerró.
Me quedé mirando el techo mientras las lágrimas llenaban mis ojos así que cerré los párpados.
#169 en Ciencia ficción
#1405 en Fantasía
#714 en Personajes sobrenaturales
vampiro, vampire academy, cazadora de criaturas sobrenaturales
Editado: 16.06.2026