Mirando aquellos ojos negros, sentí cómo su mano rodeaba mi muñeca con calma, firme pero sin imponer fuerza, guiándome más que obligándome a soltar el arma. No apartó la mirada ni un segundo. Yo tampoco. Lentamente bajé el brazo hasta que la pistola quedó colgando a un lado de mi cuerpo, pero dentro de mí la ira seguía creciendo, silenciosa, constante.
—Estás dispuesta a perderlo todo por él... ¿no es así? —su voz era tranquila, casi suave.
—Sí —respondí sin dudar.
Una sonrisa leve apareció en sus labios, de esas que no sabes si son sinceras o peligrosas.
—Lilit dijo exactamente lo mismo... —murmuró— y míralo cómo terminó.
—¿Viva? —respondí, alzando una ceja.
Kairen soltó una pequeña risa, apenas un suspiro divertido.
—Me agradas... no tiemblas.
—No me has dado razones para hacerlo —mentí.
Sus ojos brillaron con un interés más marcado.
—Eso suena más a reto que a respuesta.
Solté el aire y me dejé caer en el asiento a su lado, cruzando una pierna con falsa tranquilidad. Estar cerca de él era... incómodo de una forma distinta. No era miedo, era algo más peligroso: curiosidad.
—¿Qué quieres, Kairen? —pregunté directamente.
No respondió de inmediato. Me observó como si estuviera leyendo algo escrito bajo mi piel.
—Quiero saber quién eres realmente... —dijo al final— y proponerte algo que no podrás rechazar.
—Suena arrogante.
—Suena realista.
Sus dedos rozaron mi barbilla, levantando apenas mi rostro. Esta vez no me aparté.
—Quiero que trabajes para mí.
Solté una risa corta.
—¿Eso es todo? Pensé que sería algo más interesante.
—Oh, lo es... —respondió, tomando un sobre de la mesa y extendiéndomelo—. Depende de lo que encuentres dentro.
Lo abrí con desconfianza. Fotografías. Una mujer de cabello violeta, elegante, fría... peligrosa incluso en papel.
—Bonita... —murmuré—, pero no es mi tipo.
—No es para ti —respondió con calma—. Es para que la encuentres.
Leí el nombre. Y todo cambió.
—Shizuka Otome... —susurré.
—La última de la segunda familia original —añadió—. Un pequeño problema que quiero... resolver.
Levanté la mirada.
—¿Y qué te hace pensar que aceptaré?
Kairen se recostó ligeramente, observándome con una tranquilidad insultante.
—Porque eres una cazadora clase S.A... porque eliminaste a más de treinta vampiros clase E tú sola... y porque cuando decides algo... no te detienes.
Mi expresión no cambió, pero por dentro algo se tensó.
—Sabes demasiado.
—Sé lo necesario.
—¿También sabes cuándo dejar de hablar?
Sonrió.
—Aún no.
Chasqueé la lengua y miré de nuevo las fotos.
—¿Por qué yo?
—Porque ya has hecho cosas peores.
Mi mirada se endureció apenas.
—Cuidado.
—¿Te incomoda que lo sepa? —respondió sin perder la calma—. Clan León... veintidós cazadores... una sola sobreviviente.
El silencio cayó entre nosotros.
—No sobrevivieron —corregí en voz baja.
Sus ojos brillaron.
—Aún mejor.
Apreté las fotos entre mis dedos.
—Sigues sin responder. ¿Por qué yo?
Kairen inclinó ligeramente la cabeza.
—Porque esto no es solo trabajo... es personal.
Lo miré fijamente.
—Explícate.
Su sonrisa cambió. Más suave. Más peligrosa.
—Ella fue quien convirtió a Zero.
El mundo se detuvo.
No dije nada. No pude.
Mi respiración cambió sin que pudiera evitarlo.
—Ahora sí tengo tu atención... —murmuró.
—Si esto es un juego...
—No lo es. Pero tú decides si lo conviertes en uno.
Lo miré con frialdad.
—¿Y qué gano yo?
—Libertad —respondió sin dudar—. Entrar y salir de la academia cuando quieras. Sin permisos. Sin límites.
—Eso suena demasiado conveniente.
—Eso suena a que me necesitas.
Sonreí apenas.
—No necesito a nadie.
—Claro que no... —se inclinó un poco más hacia mí—. Pero aun así estás considerando aceptar.
Silencio.
Maldita sea... tenía razón.
Bajé la mirada a las fotos.
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Editado: 16.06.2026