—ayuda...
Caminaba por pasillos blancos, interminables, tan largos que parecía que no tenían fin. Las puertas se alineaban a ambos lados, una tras otra, todas iguales, todas cerradas. El silencio era pesado, incómodo, como si algo estuviera mal desde el inicio. Mis pasos sonaban huecos, vacíos... ajenos.
Seguí avanzando el aire cambió lo sentí antes de verlo bajé la mirada el suelo ya no era blanco.
Rojo.
Un rojo oscuro, espeso... como sangre. Se extendía bajo mis pies, manchándolo todo, avanzando lentamente como si respirara. Me detuve un segundo, pero mi cuerpo no respondió... seguí caminando.
—ayúdame, Gure...
Mi respiración se volvió inestable. Esa voz... la conocía, pero no sabía de dónde. Miré a mi alrededor. No había nadie solo una puerta la única abierta al final del pasillo.
Tragué saliva y caminé hacia ella. Cada paso se sentía más pesado, como si el suelo me atrapara, como si no quisiera que llegara.
Empujé la puerta.
El sonido fue seco.
Y entonces la vi.
Encadenada.
Su cuerpo estaba cubierto de sangre, seca en algunas partes, fresca en otras, escurriendo lentamente por su piel. Las cadenas atravesaban sus brazos, sus piernas... la sostenían, la mantenían ahí como si fuera un castigo.
—ayúdame... debes despertar...
Me acerqué sin pensar, cayendo de rodillas frente a ella. Mis manos temblaron al tocar su rostro.
Estaba fría.
Demasiado fría.
Su piel estaba húmeda... pegajosa.
Sangre.
Mi mirada bajó a sus labios cubiertos de rojo sonrió lento torcido como si supiera algo que yo no un escalofrío recorrió todo mi cuerpo.
—GURE—
Caminaba por los pasillos del colegio con la mente aún atrapada en el sueño. Todo era igual que siempre... estudiantes, voces, pasos... pero yo no lograba concentrarme en nada. Sentía esa incomodidad en el pecho, como si algo no estuviera bien y no pudiera entender qué era.
Zero.
Apreté ligeramente los labios.
Ya había pasado tiempo... demasiado. No había regresado, no había llamado, ni un solo mensaje. Nada. Era como si hubiera decidido desaparecer sin decir nada... sin explicaciones.
Bajé la mirada mientras seguía caminando.
—Gure Cross—
Levanté la vista.
Ichigo estaba frente a mí. Cabello rubio, ojos azules, postura impecable como siempre. Su presencia era tranquila, pero firme.
—Kairen-sama quiere verte. Te hace una invitación a comer con él— dijo con respeto —sígueme, por favor.
Lo miré un segundo, dudando.
Zero no estaba.
Y probablemente no volvería pronto.
Solté el aire lentamente.
—Está bien.
Ichigo asintió y comenzó a caminar. Lo seguí en silencio, atravesando los pasillos hasta salir al patio que conectaba con la mansión. El ambiente cambió de inmediato; era más tranquilo, más silencioso... más aislado del resto de la academia.
El lago estaba ahí, reflejando la luz del cielo. Todo se sentía demasiado calmado Kairen estaba sentado bajo un árbol esperando Ichigo se detuvo detrás. Yo avancé sola hasta él.
Se levantó apenas al verme, pero no dijo nada de inmediato. Solo me observó con esa calma que siempre tenía... esa forma de mirar que parecía analizarlo todo.
Me senté a su lado, dejando que mi mirada se perdiera en el agua.
—Pensé que no vendrías— dijo finalmente.
—Estaba ocupada.
—¿Pensando en alguien?
Lo miré de reojo.
Una leve sonrisa apareció en sus labios.
—No es asunto tuyo.
—Tal vez no... pero me interesa.
Rodé los ojos apenas, pero no pude evitar una ligera exhalación.
El silencio volvió, pero esta vez era distinto. Más cercano.
—Gure...— su voz bajó apenas —ven al baile conmigo.
Giré el rostro hacia él.
—Como mi pareja.
Sentí ese pequeño nudo en el pecho otra vez.
Zero.
Su ausencia el silencio el hecho de que no estaba... de que no había nada.
Cerré los ojos un segundo ¿Entonces por qué no?
Volví a mirarlo.
—Solo como amigos —dije con calma— no te confundas.
Kairen sonrió, pero esta vez más leve... más seguro.
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Editado: 16.06.2026