Han pasado dos semanas. Dos semanas desde aquella noche, desde que desperté con el cuerpo roto... y con esa sensación de que algo dentro de mí no está bien. Papá no me ha dejado sola ni un segundo; sus cuidados se volvieron estrictos, casi asfixiantes. Siempre vigilando, siempre pendiente, como si temiera que desapareciera otra vez. Y Zero... Zero no se separa de mí. Su mirada está siempre presente, siguiéndome, asegurándose de que sigo aquí. A veces es demasiado, pero no digo nada.
Papá sí lo ha notado.
—No me siento cómodo con esto, Gure —me dijo hace unos días— esa cercanía con Zero... no es buena idea.
No respondí. Porque no quiero alejarme.
Pero tampoco es lo único.
Kairen no ha dejado de visitarme. Siempre aparece, siempre con una excusa, y cada vez que lo hace el ambiente cambia. Zero se tensa. Kairen sonríe. Y yo quedo en medio.
Esta mañana no fue diferente.
—Gure.
Levanté la vista. Kairen estaba apoyado en el marco de la puerta, tranquilo, como si nada lo afectara.
—Ven a desayunar conmigo.
Lo miré un segundo. Sabía lo que eso significaba. Sabía que a Zero no le iba a gustar.
Aun así...
—Está bien.
Una leve sonrisa apareció en sus labios.
El salón donde desayunamos era amplio, iluminado por la luz de la mañana que entraba por los ventanales altos. Afuera, el jardín se extendía perfectamente cuidado, en contraste con la tensión que parecía seguirme a todas partes. Me senté frente a él.
—Te ves mejor —dijo, observándome con atención.
—Sigo viva.
—Eso es suficiente por ahora.
Tomé la taza frente a mí, pero no bebí. Mi mente estaba en otro lado. Otra vez.
—Kairen...
Levantó la mirada, atento.
—He estado soñando.
No interrumpió.
—No son sueños normales —continué— cada vez son más claros... hay sangre, demasiada... y esa chica siempre está ahí.
Apreté la taza entre mis manos.
—Me habla como si me conociera, como si supiera cosas que yo no... y cuando despierto siento que algo no está bien conmigo.
El silencio se volvió pesado.
Kairen extendió la mano y tomó la mía, justo donde estaba el anillo. El contacto fue frío. Sus ojos cambiaron, volviéndose rojos mientras observaba mi mano.
—Esto es demasiado extraño.
Fruncí el ceño.
—¿A qué te refieres?
Su pulgar rozó el anillo.
—No son simples sueños —dijo— pero no estás sola en esto.
Apreté un poco su mano sin darme cuenta.
—¿Entonces qué es?
Guardó silencio un momento.
—Conozco a alguien... un brujo.
Parpadeé.
—¿Un brujo?
—Alguien que entiende cosas que nosotros no.
Su mirada no se apartó de la mía.
—Hablaré con él.
Negué levemente, aún confundida.
—Kairen...
—Vamos a entender qué está pasando contigo —dijo con firmeza— te lo prometo.
Solté el aire lentamente.
—Gracias...
No soltó mi mano.
Y por un momento, todo pareció en calma... aunque en el fondo sabía que algo estaba cambiando.
El ambiente en casa era tenso. Otra vez. Estaba frente a papá cuando decidí decirlo.
—Hoy voy a salir con Kairen.
Me miró en silencio unos segundos. Esperaba una negativa... pero no llegó.
—Ten cuidado.
Parpadeé.
—¿Eso es un sí?
—No te voy a encerrar, Gure.
Sonreí apenas.
—Gracias.
—No me gusta.
La voz de Zero cortó el momento. Giré la cabeza. Estaba recargado en la pared, con los brazos cruzados y esa mirada que ya conocía demasiado bien.
—No tienes por qué salir con él.
Suspiré.
—Zero...
—No me agrada.
—Nunca te agrada nada.
—Esto es diferente.
Di un paso hacia él.
—No pasa nada.
—Sí pasa.
Lo miré directo.
—Confía en mí.
Su expresión no cambió, pero su mirada sí. Me acerqué un poco más y dejé un beso suave en su mejilla.
—Voy a estar bien.
#169 en Ciencia ficción
#1405 en Fantasía
#714 en Personajes sobrenaturales
vampiro, vampire academy, cazadora de criaturas sobrenaturales
Editado: 16.06.2026