La oficina está hecha un desastre papeles por todas partes. Libros abiertos, algunos apilados sin orden, otros en el suelo como si hubieran sido revisados con prisa. La luz entra apenas por la ventana, gris, opaca... insuficiente.
Estoy cansado.
Apoyo una mano sobre el escritorio, inclinándome ligeramente. La camisa negra que llevo está arrugada, los primeros botones abiertos. No recuerdo cuándo fue la última vez que dormí bien.
Mi mirada cae sobre el libro ese maldito libro.
Suspiro.
Todo esto... empezó con ella, recuerdo cuando salimos de la casa de Marcel Gure no dejó de hacer preguntas ni un solo segundo.
—Kairen, ¿qué está pasando?
No respondí.
—¡Kairen!
Su voz tenía frustración... y algo más. Miedo.
La miré de reojo mientras caminábamos.
—Déjame investigar.
—No es suficiente.
—Confía en mí.
Se detuvo.
—No me estás diciendo nada.
Apreté la mandíbula.
—Lo haré... pero no ahora.
El silencio entre nosotros se volvió pesado.
—Kairen...
—Confía en mí.
Esa vez sonó más firme.
Más serio.
Más real.
Ella no dijo nada durante unos segundos.
—...Está bien.
Pero no lo estaba se notaba en su expresión. En la forma en que evitó mirarme después a regañadientes.
Aceptó.
—No es normal.
La voz de Marcel sigue resonando en mi cabeza.
—Eso ya lo sé.
—No... no lo entiendes.
Su mirada ya no era la misma. No había rastro de esa actitud relajada.
—La chica tiene un bloqueo.
Fruncí el ceño.
—¿Un bloqueo?
—En su mente... y en su cuerpo.
—¿Quién hizo algo así?
Marcel negó lentamente.
—No "quién"... sino "qué".
El silencio se volvió incómodo.
—¿Puedes quitarlo?
Sus ojos se clavaron en los míos.
—Yo no.
Apreté el libro entre mis manos.
—Entonces, ¿quién?
No dudó.
—Tú.
Recuerdo perfectamente ese momento.
—¿Yo?
—Solo alguien como tú puede romper algo así.
—¿Y qué pasará cuando lo haga?
Marcel no respondió de inmediato eso fue lo que más me molestó.
—¿Qué pasará?
Su expresión cambió más seria.
Más... pesada.
—No te va a gustar.
Sentí algo incómodo en el pecho.
—Habla claro.
—Vas a destapar una vida llena de tormento.
El aire se volvió frío.
—¿Qué significa eso?
—Que lo que sea que esté dentro de ella... no está dormido por casualidad.
Apreté la mandíbula.
—¿Y eso es todo?
Marcel negó.
—No.
Hizo una pausa.
—Esa chica... está destinada a una puerta.
Fruncí el ceño.
—¿Una puerta?
—No solo la de ella.
Sus ojos brillaron levemente.
—La de todos.
El silencio fue absoluto.
—¿Qué demonios significa eso?
Pero no respondió en lugar de eso, caminó hacia un estante y tomó un libro viejo. Pequeño. Gastado y lo puso en mis manos.
—Empieza por aquí.
Bajé la mirada.
—¿Un cuento?
—Léelo.
—Marcel, no tengo tiempo para esto.
—Léelo.
Abro el libro de nuevo las páginas están amarillentas. Es... un cuento infantil una princesa perdida frunzo el ceño pasando las página y ahí está su nombre.
Gure.
El mismo exactamente el mismo Cierro el libro lentamente.
—¿Qué demonios eres...?
Murmuro para mí mismo.
Porque esto...
Ya no tiene sentido.
Y eso es lo que más me preocupa.
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Editado: 16.06.2026