Desperté de golpe. No fue un sonido... fue esa sensación, esa presión suave pero inconfundible que solo él provoca en mí. Antes de abrir los ojos, ya lo sabía. Zero estaba ahí. Abrí los ojos lentamente y lo encontré observándome, recargado, como si no se hubiera movido en toda la noche.
—Buenos días... —murmuró.
Lo miré unos segundos más de lo necesario, analizando cada detalle de su expresión.
—¿Es que nunca duermes?
Negó con la cabeza, inclinándose apenas hacia mí, acortando la distancia con una naturalidad que me erizó la piel.
—Desde que llegaste... me es difícil hacerlo.
Una sonrisa se dibujó en mis labios, lenta, intencional.
—¿Eso es una queja... o te estoy gustando más de lo que deberías?
Sus ojos se oscurecieron apenas. No respondió de inmediato, y ese silencio me hizo consciente de cada centímetro entre nosotros.
—Deberías dejar de hacer eso —murmuró.
—¿Qué cosa?
—Provocarme... como si no supieras lo que haces.
Mi sonrisa creció apenas.
—¿Y si sí sé?
Lo vi dudar, solo un segundo, pero fue suficiente. Sus manos subieron a mi rostro con firmeza, como si ya no fuera a retroceder, y cuando sus labios tocaron los míos todo lo demás desapareció. Fue un beso suave pero cargado, con intención, con algo que no se decía pero se sentía demasiado claro. Mi respiración se enredó con la suya, y por un instante... quise quedarme ahí.
—¿A dónde fuiste cuando escapaste? —preguntó contra mis labios, sin separarse del todo.
La realidad volvió de golpe. Apreté los labios, bajando apenas la mirada.
—Fui a ver a Shizuka.
Lo sentí tensarse.
—¿Qué hiciste...?
—Hablar— respondí, sosteniendo su mirada—. En mi última alucinación... la vi. Necesitaba respuestas— el ambiente cambió, se volvió más frío, más real —Dice que soy... la primogénita perdida.
Las palabras salieron, pero no se sintieron mías. ¿Y si es verdad? ¿Y si todo esto ya estaba decidido? Zero no retrocedió ni dudó. Volvió a tomar mi rostro, obligándome a mirarlo.
—Pase lo que pase... voy a estar detrás de ti.
Tragué saliva.
—Las fechas... coinciden con lo que dice Cross...
—¡Desayuno! —la voz irrumpió, rompiendo todo.
El momento se quebró. Nos quedamos mirándonos unos segundos más, demasiado cerca, demasiado conscientes, y luego me levanté. Al abrir la puerta, Cross estaba ahí, pero algo no estaba bien; su expresión, su postura... todo en él gritaba tensión.
—Gure... tu madre llegará en dos horas.
Sentí un vacío en el estómago. Mi madre. Caminé en silencio hasta el comedor; no estaba lista, no sabía qué decirle ni qué iba a ver en sus ojos cuando me mirara. Suspiré y tomé asiento, intentando enfocarme en algo tan simple como comer, pero el ambiente ya no era normal, era pesado, denso, como si algo estuviera a punto de romperse. Cross tomó el correo y entonces cambió; su rostro palideció de golpe.
—No... —murmuró, negando con la cabeza.
Zero reaccionó de inmediato, quitándole la carta.
—¿Qué dice?
Levanté la mirada, sintiendo cómo mi pecho se tensaba.
—¿Qué pasa?
Silencio. Demasiado silencio. Hasta que la puerta se abrió de golpe; el sonido atravesó el aire como una advertencia. No necesité verlo para saber quién era, lo sentí: esa presencia pesada, firme, inconfundible. Kairen. Mis ojos se movieron hacia la entrada justo cuando apareció, y todo dentro de mí se tensó.
—Es una orden de la Asociación de Cazadores... —dijo Zero, su voz dura—. Para arrestarte, Gure.
El mundo se volvió borroso, el sonido se apagó. Vi a Cross moverse rápido, desesperado, dirigiéndose a su habitación; vi a Kairen avanzar, pero mi cuerpo no reaccionó. Mi mente se quedó atrás. El latido de mi corazón retumbaba en mis oídos. Uno.
Una mano sujetó mi brazo con fuerza y el mundo regresó de golpe. Parpadeé. Zero.
—Gure —su voz fue firme, urgente— reacciona—Lo miré, aún atrapada entre quedarme o desaparecer —Tienes que irte... ya.
No me moví. No quería hacerlo, porque irme significaba que todo esto era real... y por primera vez, no estaba segura de querer huir
Tomé aire de golpe, como si apenas regresara a mi propio cuerpo. El ruido volvió, las voces, la tensión... todo cayendo encima de mí al mismo tiempo.
—Dame la carta —dije, más firme de lo que me sentía.
Zero dudó un segundo, pero me la entregó. La leí rápido, demasiado rápido, como si las palabras pudieran cambiar si no las retenía. Mi ceño se frunció.
—¿Cómo es posible...? —murmuré—. No había condena aún.
—Algo falló —respondió Kairen, su voz cortante—. Mis informantes dentro de los cazadores no quieren decir nada... quieren mantener el factor sorpresa.
#169 en Ciencia ficción
#1405 en Fantasía
#714 en Personajes sobrenaturales
vampiro, vampire academy, cazadora de criaturas sobrenaturales
Editado: 16.06.2026