Sangre Eterna (libro I de la Saga Kuran)

23

Estoy sentada frente a la lápida, observándola en silencio mientras mis dedos recorren la piedra fría, siguiendo las letras una por una, como si al tocarlas pudiera aferrarme a algo... como si todavía quedara algo de ti aquí.

—Han pasado dos semanas...

Mi voz suena baja, cansada.

—Dos semanas desde que me convertí en vampiro... y nada ha mejorado.

Bajo la mirada, sintiendo cómo ese peso vuelve a instalarse en mi pecho.

—He intentado retomar todo... todo lo que dejé en mi niñez, todo lo que alguna vez fui... pero mi mente no descansa, no se calla... no encuentra paz.

Respiro hondo, pero no sirve de nada.

—Kairen y yo hicimos un acuerdo con los cazadores... se supone que eso debía ayudar... —dejo escapar una leve risa sin humor— pero no importa. Cuando me miran... no ven a alguien en quien confiar.

Aprieto suavemente la lápida.

—Ven algo peligroso.

El viento pasa entre los árboles, frío, incómodo.

—Zero se fue... una semana después de que desperté... y lo poco ligero que quedaba... se fue con él... al lado de Lilith.

Trago saliva, sintiendo ese vacío expandirse.

—Supongo que... eso es lo que más pesa.

El silencio me envuelve otra vez, más profundo, más pesado.

Me quedo ahí unos segundos más antes de ponerme de pie.

—Aún no entiendo qué se supone que debo hacer ahora, Arima...

Levanto la mirada al cielo cubierto de nubes oscuras.

—Va a llover...

Las primeras gotas comienzan a caer, deslizándose por mi rostro, mezclándose con algo que no quiero nombrar. Cierro los ojos un instante, dejando que el frío me atraviese, como si eso pudiera ordenar todo lo que llevo dentro.

Pero de pronto... deja de caer sobre mí.

Frunzo ligeramente el ceño y alzo la vista.

Una sombrilla negra me cubre.

Y cuando giro lo suficiente...

Ahí está.

Akatsuki.

Por un momento no digo nada. Solo lo miro.

Y en ese silencio... todo se siente incómodo.

Pesado.

Como si hubiera algo entre nosotros que ninguno quiere tocar.

—¿Cuánto tiempo más vas a seguir así?

Mi voz sale más suave de lo que esperaba, más cansada que molesta.

Él no responde.

Ni siquiera de inmediato.

Su mirada se desvía apenas, no del todo, pero lo suficiente.

Y eso... dice más que cualquier palabra.

Aprieto un poco la mandíbula.

—Antes no eras así...

El comentario se me escapa casi sin pensarlo, cargado de algo que no logro contener del todo.

Otra vez silencio.

Otra vez distancia.

Como si ese momento en el que todo cambió... se hubiera quedado atrapado entre los dos.

—Olvídalo... —murmuro al final, bajando la mirada.

El sonido de la lluvia contra la sombrilla se vuelve más fuerte, llenando el espacio que ninguno de los dos quiere ocupar.

Y entonces—

—Gure.

Mi nombre.

Me tenso al instante.

Reconocería esa voz en cualquier lugar.

Giro.

Y ahí está.

De pie bajo la lluvia, completamente empapada...

Shizuka.

El interior del auto se siente más pequeño de lo que debería, el aire es pesado, casi difícil de respirar. Estoy sentada frente a ella, mirándola, y Shizuka no aparta la mirada. Sus ojos morados están fijos en mí, intensos, como si buscaran algo en mi rostro... o en lo que queda de mí.

—No pensé que tal belleza saldría de esa joven cazadora...

Su voz rompe el silencio, suave, pero cargada de algo que no logro descifrar. Mis dedos se tensan sobre mi regazo y muerdo ligeramente mi labio inferior, conteniendo lo que sea que intenta salir. Hay demasiado entre nosotras, demasiado pasado que no se puede borrar.

—¿Recuerdas todo...?

Asiento sin hablar. No confío en mi voz ahora mismo.

—No te culpo —digo al final, obligándome a sostener su mirada—. No te condeno por lo que hiciste.

Las palabras pesan más de lo que deberían. Entonces lo noto... las lágrimas. Verlas caer me golpea directo en el pecho, abriendo un hueco incómodo, uno que no sabía que seguía ahí. Trago saliva y desvío apenas la mirada.

—No es tu culpa... el amor que recibí... no fue tan malo al final.

Mi voz baja, casi se quiebra, pero sigo. Cuando vuelvo a mirarla, sus lágrimas siguen cayendo, pero ahora hay algo más en su expresión, algo decidido.




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