Sangre Eterna (libro I de la Saga Kuran)

24

No lo vi venir.

De un segundo a otro, su mano ya estaba en mi cuello, apretando sin piedad, levantándome apenas del suelo. El aire desapareció de mis pulmones y un jadeo roto escapó de mis labios. Mis dedos se aferraron a su muñeca, intentando apartarlo, pero era inútil... demasiado fuerte.

El sabor metálico llenó mi boca.

Sangre.

Alcé la mirada... y ahí estaba.

Alto. Imponente. De cuerpo firme, perfectamente definido, como si cada músculo estuviera tallado con precisión. Su presencia era abrumadora, dominante... y su cabellera roja caía con elegancia salvaje, contrastando con esos ojos rojos que ardían en la oscuridad.

Un vampiro en toda regla.

—Y-yo... sé dónde está... —logré decir con la voz quebrada— suéltame...

Apretó un poco más, como si disfrutara ese último instante... y entonces me soltó caí contra el sillón, tomando aire con dificultad, pero no tardé en recomponerme nunca lo hacía.

—No es necesario usar la fuerza... Rildo.

Al decir su nombre, sentí cómo mis heridas se cerraban al instante. La sangre desapareció, el dolor se disipó, y me incorporé con elegancia, como si nada hubiera pasado. Pasé mi mano por mi cabello, acomodándolo con calma mientras lo observaba.

Esos ojos...

Hubo un tiempo en que me hicieron perder el suelo.

—Aunque no creo que ella quiera verte... después de lo que hiciste.

Su voz llegó profunda, dura, inquebrantable.

—Eso no importa— una leve sonrisa se dibujó en mis labios —Es mi hija. Y tomaré lo que es mío— claro... El mismo de siempre entonces su mirada se afiló aún más —Y no te interpongas— el ambiente se tensó —Porque ella no podrá defenderlos.

Su tono bajó, peligroso.

—Mataré a esos dos chiquillos... y no habrá nada que pueda hacer para evitarlo.

Ahí estaba la verdad.

No me hablaba a mí... hablaba de Gure.

De lo que él creía que aún podía controlar.

Reí.

No pude evitarlo.

—¿De verdad crees que Gure sigue siendo esa niña?— Incliné ligeramente el rostro, observándolo con burla —Tu hija acabará contigo.

No hubo reacción. Ni duda. Solo esa mirada fría, decidida.

—¿Dónde está?

Suspiré, cruzándome de brazos.

—Esta noche celebrarán el baile de su presentación oficial... darán a conocer su historia— mis labios se curvaron lentamente —Será un buen escenario.

Lo vi soltar un leve suspiro antes de girarse y caminar hacia la salida, como si todo ya estuviera decidido desde antes de llegar.

—No esperes que te ame como antes —dije, más bajo, más real de lo que me gustaría admitir.

No se detuvo.

—Al final... es mi hija.

Y desapareció.

Y en ese momento...

supe que no venía a buscarla.

Venía a reclamarla.

Y esta vez...

nadie saldría intacto.

No sabía cuántos vestidos más iba a probarme. Mi cuarto estaba hecho un desastre, telas por todos lados, y yo frente al espejo, girando un poco, observando cómo el vestido caía sobre mi cuerpo sin terminar de convencerme.

—Así que... ¿Zero te besó?

La voz llegó entre risas suaves. Me giré de inmediato.

—Ana...

Ahí estaba, recargada en la sombra como si nada. No pude evitar sonreír un poco. Aún me sorprendía que siguiera aquí... que no tuviera miedo. Cuando le conté la verdad, solo me abrazó emocionada porque era fan de Crepúsculo.

Negué divertida.

—No fue nada... Zero dijo que estaba con Lilith, así que me fui.

Ana hizo una mueca.

—Qué estúpido.

—Un poco —murmuré, girando otra vez hacia el espejo.

—Entonces... ¿cuál te pondrás?

Me encogí de hombros, dejando caer la tela entre mis dedos.

—El azul es mejor.

La voz desde la puerta hizo que levantara la mirada. Sonreí apenas.

Kairen.

—Hola, Kairen —saludó Ana primero.

Él le devolvió la sonrisa con esa facilidad tan suya, pero sus ojos ya estaban en mí.

—Yo también le dije que el azul te hará resaltar.

Rodé los ojos con una leve sonrisa.

—Parece que ya decidieron por mí.

—No decidimos —respondió, acercándose lentamente—... solo tenemos buen gusto.

Mi respiración se hizo un poco más lenta cuando se detuvo frente a mí.

—Entonces será el azul —dije en voz baja.




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