El motor rugía mientras atravesábamos las calles vacías de la ciudad. No tenía idea de adónde nos dirigíamos. Desde que salimos de la mansión de Shizuka, Lilith no había dejado de mirar la pantalla de su teléfono mientras colocaba una dirección tras otra en el navegador. Yo tampoco pregunté. Si ella tenía una pista, era mejor que quedarme sentado esperando noticias.
La tensión dentro del automóvil era insoportable.
Gure seguía desaparecida.
Rildo seguía libre.
Y cada minuto que pasaba sin encontrarla me hacía sentir más inútil.
-Aquí es -dijo finalmente Lilith.
Levanté la vista.
Frente a nosotros se alzaba un edificio de departamentos bastante normal. Nada llamativo. Nada que hiciera pensar que un brujo vivía allí.
-¿Estás segura?
-Sí.
Estacioné de inmediato.
Subimos las escaleras casi corriendo hasta el tercer piso. Lilith llamó a la puerta varias veces antes de que finalmente escucháramos pasos acercándose.
La cerradura giró.
La puerta se abrió.
Un hombre joven apareció frente a nosotros. Cabello oscuro, gafas y una expresión de evidente sueño.
-Lilith.
La sorpresa apareció en su rostro.
-No esperaba verte.
-Marcel, necesitamos ayuda.
La sonrisa desapareció de inmediato.
-¿Qué ocurrió?
Entramos al departamento y durante varios minutos Lilith le explicó todo lo sucedido. El secuestro de Gure. La guerra. Rildo. La academia.
Mientras escuchaba, la expresión de Marcel se volvió cada vez más seria.
Cuando terminamos de hablar permaneció varios segundos en silencio.
-Entonces realmente la llevó allí...
Mis ojos se clavaron en él.
-¿Sabes dónde está?
Marcel asintió lentamente.
-Sí.
Mi corazón se aceleró.
-¿Dónde?
-Yo fui quien creó el hechizo que oculta esa residencia.
El silencio cayó sobre la habitación.
-¿Puedes llevarnos?
-Claro que puedo.
Se levantó del sofá caminando hacia una mesa cubierta de libros antiguos.
-Pero necesito una cosa.
Lilith dio un paso adelante.
-¿Qué?
-Sangre Kuran.
Ni siquiera dudó.
Extendió la mano.
-Toma la mía.
Marcel negó con la cabeza.
-Solo un poco.
Sacó una pequeña hoja de plata y realizó un corte superficial sobre la palma de Lilith. Varias gotas de sangre cayeron dentro de un recipiente de cristal.
Entonces comenzó el ritual.
Extraños símbolos aparecieron sobre el suelo. Las luces parpadearon. El aire vibró alrededor de nosotros mientras la sangre comenzaba a flotar lentamente frente a Marcel.
Observé la escena sin apartar la mirada.
Nunca me acostumbraría a la magia.
Marcel cerró los ojos pronunciando palabras en una lengua que jamás había escuchado. Poco a poco la sangre se transformó en una pequeña esfera roja brillante que comenzó a girar sobre sí misma.
-Listo.
Abrió los ojos.
-Aunque siendo sincero, esto solo confirma algo que ya sabía.
-¿Qué?
-La ubicación de la mansión.
Fruncí el ceño.
-Entonces ya sabías dónde estaba.
-Siempre fui el brujo de la familia Kuran.
Tomó una chaqueta negra del perchero.
-Y voy con ustedes.
No perdimos más tiempo.
Menos de una hora después habíamos abandonado completamente la ciudad.
Las luces desaparecieron.
Las carreteras desaparecieron.
Y finalmente solo quedó el bosque.
Oscuro.
Silencioso.
Interminable.
La esfera de sangre flotaba delante del automóvil guiándonos entre los árboles.
Hasta que finalmente se detuvo.
-Aquí.
Apagué el motor observando alrededor.
-No veo nada.
-Porque no puedes verlo.
Giré la cabeza hacia Lilith.
Ella estaba completamente inmóvil.
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Editado: 16.06.2026