Sangre Inmortal

Capítulo 3

Muy jodida estoy.

No llevamos ni una hora y ya me estaba rindiendo con el entrenamiento. Solo llevábamos una cuarta parte, todavía nos faltaban treinta vueltas más a la pista que era enorme. Allí estaba Killian observando nuestros avances mientras yo trataba de seguir corriendo. Incluso Alexa y Vera llevaban más que yo y se seguían viendo bien, casi sin sudor, a diferencia de mí y de los demás. La mayoría de los hombres avanzaban rápidamente al igual que algunas chicas que claramente eran atléticas. Yo iba casi al último.

Iba a mi ritmo mientras trataba de no desmayarme del cansancio. Mi vista empezaba a nublarse y me obligaba a mantenerme despierta con cada paso. Estuve así por algunos minutos hasta que finalmente logré mantenerme de pie, justo cuando el chico rubio que pertenecía al mismo grupo de amistad que Alexa y Vera me dio un pequeño empujón haciendo que cayera al piso y me saliera un raspón en la rodilla. Rápidamente se alejó burlonamente mientras Killian y una enfermera se acercaban a verme. Avergonzada me quedé sentada en el suelo mientras la enfermera examinaba la herida.

—Es solo una pequeña herida aunque creo que dejará cicatriz —pronuncia la enfermera mientras ella y Killian me ayudan a levantarme.

—Eres demasiado frágil. Suficiente para que ellos te devoren en menos de un minuto —dice de manera fría Killian mientras yo bajo la mirada avergonzada.

Él se retira para seguir vigilando a los demás mientras la enfermera me cura. Tenía en parte razón, no era lo suficientemente fuerte para hacer frente a ninguna de esas bestias. Ni hablar de los dragones, me comerían viva literal y figurativamente. Incluso algunos de los que habían terminado de correr se reían burlonamente. Estaba en la cueva del lobo.

.....

Después de que terminó el entrenamiento todos los demás fueron a otra sala donde explicaban el uso de armas y yo me quedé atrasada. Después de que me curaron y me dieron algunos minutos me mandaron a que completara el doble del entrenamiento. Quería desaparecer. Estaba totalmente adolorida y en algún momento creí que mis piernas ya no podrían más y caería de rodillas al piso.

Poco después de que terminé finalmente con los ejercicios los demás ya habían concluido su práctica con armas. Burlonamente Xavian, el chico que me había provocado la caída, me apuntaba de forma burlesca mientras fingía disparar. Había escuchado su nombre de su amigo Dain, quien me miraba de forma fría. Ambos se alejaron con los demás mientras Vera y Alexa los seguían. Se podía oír sus risas hasta varios metros de distancia.

Killian me miraba con desaprobación mientras me indicaba con un gesto que me uniera a los demás ya que iríamos al campo de tiro. Apresurada los seguí ya que era la única sin arma. Entramos todos a una enorme sala que simulaba un bosque con escombros realistas dispersos por todas partes. Rápidamente Killian dio la orden y todos empezaron a moverse para cazar sus objetivos de práctica.

Yo me quedé quieta sin saber qué hacer ya que no tenía arma. Me acerqué con cautela y en silencio hacia Killian que los observaba con expresión seria. Su presencia seguía atemorizándome un poco. Mientras me acercaba desde su lado izquierdo podía notar su perfil, algo embobada, hasta que noté que su mirada se movió levemente hacia mí. Me quedé en silencio sintiendo el peso de sus ojos, como si su sola presencia me dejara sin aliento. Me avergoncé de mí misma. Él tenía veinticinco años, era mi comandante, y yo empezaba a sentir esas llamadas mariposas que no me pedían permiso para aparecer.

Que estoy pensando, me regañé internamente, y aparté la mirada.

.....

Esa misma semana, entrada ya la noche del segundo día de entrenamiento, me di cuenta de que dormir con el cuerpo destrozado era un arte que yo todavía no había aprendido.

Me dolía todo. No era una exageración, era una descripción médicamente precisa de mi situación. Me dolían los hombros, me dolían las pantorrillas, me dolían músculos que no sabía que existían hasta que el entrenamiento decidió recordármelos uno por uno con mucha crueldad. Me moví en la cama buscando una posición que no doliera y no la encontré. Después de media hora de intentarlo me rendí, me levanté con cuidado de no despertar a nadie y salí al pasillo.

El frío del corredor fue un alivio pequeño pero real.

Me apoyé contra la pared con los ojos cerrados respirando despacio. No había nadie. O al menos eso creí hasta que escuché pasos al final del pasillo, pausados y seguros, los pasos de alguien que conoce cada centímetro del lugar que recorre. Abrí los ojos.

Era Killian.

Hacía ronda nocturna con el uniforme puesto y una expresión que no distinguía entre el día y la noche, siempre la misma, siempre calculada. Me vio de inmediato, era imposible no verme, era la única persona parada en medio del pasillo en pijama con cara de no haber dormido nada.

Se detuvo a unos metros. Me miró de esa manera que Vera ya me había descrito y que ahora yo podía confirmar que era exactamente así: no como a un problema, no como a una soldado inútil en ese momento, sino como a algo que todavía estaba tratando de descifrar.

El silencio entre los dos duró lo suficiente para volverse incómodo.

—No puedo dormir —dije finalmente en voz baja, sin saber por qué sentía la necesidad de explicarme.

Él no respondió de inmediato. Solo me siguió mirando un segundo más antes de desviar la vista hacia el pasillo oscuro al fondo.

—Mañana el entrenamiento será más exigente que hoy —dijo con esa voz suya que sonaba igual de fría a cualquier hora—. Deberías intentarlo.

Iba a alejarse. Ya había dado medio paso cuando se detuvo sin voltearse del todo, como si hubiese pensado algo que no tenía planeado decir.

—No tienes que tener miedo —pronunció en voz baja, casi como si no fuese para mí aunque no había nadie más—. No te pasará nada.

Se fue antes de que pudiera responder.




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