Sangre Inmortal

Capítulo 5

De entre la maleza salieron Xavian, Dain, Vera, Alexa y otros tres chicos más que pertenecían a su grupo. Las chicas fueron las primeras en acercarse a examinarme, Alexa con desagrado y Vera con curiosidad. Xavian se acercó de manera burlona sujetando un mechón de mi pelo.

—Pero miren quién volvió. Creí que fuiste devorada por el Wyrm —dijo soltándome—. El capitán Killian hubiese incluso vencido al Draco con solo sus manos y sin arma alguna, eso lo sabe cualquiera.

Lo miré confundida y después dirigí mi mirada hacia Killian, que simplemente me ignoró como si no existiese y se alejó hacia los chicos. Vera se acercó a mí en voz baja.

—Supongo que no sabías que el capitán Killian tiene la fuerza suficiente para aniquilar a los Draco con las manos. Es bien sabido por muchos, se ha enfrentado cara a cara con ellos más de una vez.

La miré sorprendida y volví a dirigir la mirada hacia él.

Si era tan capaz, si podía enfrentarse a ellos sin problema alguno, ¿por qué salvarme a mí? Algo escondía, lo intuía con esa certeza que no viene de la lógica sino de algún lugar más profundo. Lo ignoré por ahora. Debía esperar hasta entender mejor sus intenciones antes de hacer cualquier cosa con esa sospecha.

Suspiré mientras todos empezamos a andar. Estábamos perdidos y los comunicadores habían dejado de funcionar, la señal era completamente nula adentrada en esa zona tan densa del bosque. Por el momento lo más importante era encontrar refugio antes de que cayera la noche ya que los Dracos, Lyndarum y Wyrm eran terrestres, pero las criaturas voladoras eran las que verdaderamente imponían terror porque no había manera de anticipar su dirección. Antes de que oscureciera recogimos algunos suministros de frutos y agua antes de acomodarnos entre los árboles en un lugar improvisado para dormir.

Mi muñeca seguía pulsando con ese dolor constante y sordo que se instaló desde la cueva y no se había ido. Cuando intentaba moverla sentía una punzada aguda que me obligaba a detenerme. La única vez que dejaba de notarla era cuando la adrenalina corría, pero en cuanto todo se calmaba volvía puntual como un recordatorio de que algo no estaba bien. La sujeté contra mi costado en silencio y no dije nada.

.....

Al caer la noche Killian estaba algo alejado de la fogata que hicimos, aunque no tanto como para perderse de vista. Estaba recargado en un árbol con los brazos cruzados y una expresión seria que intimidaba solo con existir. Me debatía si acercarme a preguntarle lo que quería preguntarle, me moría de curiosidad, pero todavía se le veía tenso después de nuestra discusión en la cueva.

Vera se acercó tomándome desprevenida mirando en la misma dirección que yo.

—No sabía que te atraía el capitán. Es muy atractivo, ¿no es así?

La miré algo avergonzada por haberme atrapado viéndolo.

—No me gusta. Solo me da curiosidad saber por qué me salvó, simplemente eso.

—Como digas —respondió sin convicción—. Creí que no sobreviviríamos. Fue algo aterrador ser perseguida por dos monstruos, ser casi devorada, casi descuartizada. Me hizo replantear el querer vivir —mencionó de manera pensativa observando las llamas.

—Sí, lo sé. Parece de locura. Lo mejor sería que durmiéramos, todavía tenemos un largo camino mañana —dije tratando de dar algo de ánimo.

Ella asintió y se fue a recostar. Los demás ya estaban en sus respectivas bolsas de dormir. Dirigí mi mirada por última vez hacia Killian que seguía haciendo guardia, me tumbé y observé las estrellas por un momento hasta que a los pocos minutos caí dormida en un sueño profundo.

.....

El ambiente estaba rodeado de una calma que daba una sensación de paz que yo no recordaba haber sentido en mucho tiempo.

Miré a mi alrededor. Parecía una pequeña villa rural rodeada de naturaleza. Me adentré en un espacio abierto que por dentro se transformaba en algo de fantasía invernal, decoración de colores brillantes, figuras como juguetes, el ambiente de una feria detenida en el tiempo. Había más personas pero todas parecían ir en parejas. Una voz anunció que buscáramos porque pronto empezaría el juego.

Bajé la mirada y noté que el suelo se sentía como una pista de hielo, suave y fría bajo mis pies. En algunas esquinas había nieve amontonada que le daba al lugar un toque tranquilo, casi irreal.

Entonces sentí una presencia.

Alcé la mirada y allí estaba Killian.

No era el Killian de los brazos cruzados y la expresión calculada. Era él pero diferente, más quieto, sin esa guardia permanente que cargaba como parte del uniforme. Me miró de una manera que no reconocí de ninguno de nuestros encuentros reales, sin frío, sin distancia, sin evaluarme. Solo me miró.

Tomó mi mano derecha con suavidad y empezó a guiarme a través de la pista. Yo lo seguí sin preguntar nada porque en ese momento no había nada que preguntar. Simplemente caminamos. Y en ese caminar silencioso sentí algo que no tenía nombre exacto, no era solo seguridad aunque también era eso, era más como la sensación de que alguien conoce exactamente cuánto espacio ocupas en el mundo y decide quedarse de todas formas. Como si con él cerca nada de lo que me asustaba pudiese alcanzarme.

Me pregunté si así se sentía pertenecer a algún lugar.

Entonces escuché su voz, baja y cercana.

—Esta es la segunda vez que nos vemos.

Y desperté.

.....

Jadeé mirando a mi alrededor con los ojos todavía medio cerrados. Los rayos del sol se asomaban entre los árboles anunciando que ya había amanecido. Los demás estaban igual de adormilados que yo.

Pero esa frase seguía resonando.

Esta es la segunda vez que nos vemos.

¿La segunda? ¿Qué significaba eso? ¿Lo había dicho él dentro del sueño o era algo que yo había inventado sin querer? Intenté recordar su expresión al decirlo pero el sueño ya se estaba deshaciendo como siempre lo hacen, dejando solo la sensación sin los detalles. Y la sensación era cálida y extraña y completamente opuesta al Killian que tenía enfrente ahora mismo, que nos miraba a todos con su expresión de mal humor habitual.




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