Sangre Inmortal

Capítulo 6

Sentí su mirada pesada mientras me miraba de forma burlesca desde el borde del pozo.

—Pero miren nada más qué bonita vista. Deberías llevarte el premio a la persona más estúpida que conozco.

—Deja eso y ayúdame a subir —lo miré de forma suplicante.

Vi cómo su sonrisa se ensanchó con malicia mientras negaba con la cabeza despacio, saboreando el momento.

—Lo mejor es que te quedes aquí para ser el aperitivo de los Dracos esta noche.

Se cruzó de brazos y se alejó del borde sin apresurarse, como alguien que acaba de cerrar un asunto sin importancia.

—Por favor espera. Por favor, no me quiero quedar aquí —empecé a gritar desesperada, la voz quebrándose, las manos buscando algo en las paredes de tierra que no encontraban nada a qué sujetarse.

Silencio.

Lloré. No quería hacerlo pero el miedo y la frustración y la impotencia llegaron todos juntos sin pedir permiso y no tuve manera de detenerlos. Me quedé en el fondo del pozo con las mejillas mojadas y las manos sucias de tierra escuchando cómo los pasos de Xavian desaparecían entre la maleza.

Entonces ocurrió algo extraño.

Sin entender cómo ni por qué, empecé a ver.

No con los ojos, porque mis ojos seguían mirando las paredes de tierra del pozo. Era algo diferente, como una ventana que se abrió en algún lugar dentro de mi cabeza sin que yo la abriera. Podía ver al grupo avanzando entre los árboles, sus espaldas moviéndose entre la maleza, sus voces amortiguadas por la distancia. Nadie miraba hacia atrás. Nadie contaba cabezas. Nadie notaba que faltaba una persona.

Me quedé muy quieta con esa visión flotando en algún lugar que no era exactamente mi mente pero tampoco era otra cosa. No supe qué era lo que estaba pasando. No supe si estaba alucinando por el miedo o por el golpe o por alguna otra cosa que no quería nombrar todavía. Solo supe que lo que veía se sentía completamente real, tan real como la tierra húmeda bajo mis manos.

La visión se apagó sola.

Me quedé con el silencio y la oscuridad bajando poco a poco sobre el pozo mientras perdía la noción del tiempo.

.....

Anocheció.

El cielo sobre mí pasó de naranja a azul oscuro a negro sin que yo pudiese hacer nada más que observarlo. Ya no lloraba. El llanto se había agotado solo y lo que quedaba era una especie de calma forzada, la calma de quien ya procesó el miedo y ahora simplemente espera.

Entonces escuché un sonido entre los árboles.

Me pegué a la pared de tierra instintivamente y contuve la respiración.

En medio de la oscuridad apareció un Draco. Era grande, casi del tamaño de un caballo, y se movía con una lentitud extraña para una criatura de ese tamaño. Empezó a olfatear el aire en círculos lentos y fue entonces cuando lo noté: sus ojos eran completamente grises, opacos, sin ningún reflejo de luz. Era ciego.

Me aplasté contra la pared lo más que pude sin hacer ningún sonido. No respiré. Cerré los ojos aunque no servía de nada porque él no podía verme de todas formas, era instinto puro, como si cerrando los ojos pudiese volverme más pequeña o más invisible o simplemente menos presente en ese espacio.

El Draco bajó la cabeza hacia el pozo y empezó a olfatear directamente hacia donde yo estaba.

El corazón se me detuvo.

Lo tenía a metros. Podía sentir el calor de su respiración, podía oler algo parecido a tierra mojada y metal viejo que venía de él. Y sin embargo no atacó. Me olfateó durante lo que se sintieron como minutos eternos y no hizo nada. Solo olió y se quedó quieto como si estuviese procesando algo que no terminaba de entender.

Yo tampoco lo entendí.

¿Por qué no atacaba? Podía olerme, era evidente que sabía que yo estaba allí. Pero algo en mí no le parecía una amenaza o no le parecía una presa o no le parecía algo que debía atacar, y no supe cuál de las tres era y eso me aterraba y al mismo tiempo me generaba algo que no esperaba sentir por una criatura como esa.

Algo parecido a la compasión.

Era ciego y estaba solo y en lugar de atacarme simplemente me estaba conociendo a su manera, con el único sentido que le quedaba. Algo en eso me golpeó de una forma que no supe explicar.

Entonces escuchamos un rugido a lo lejos y el Draco levantó la cabeza rápidamente, giró y salió corriendo entre los árboles.

El silencio volvió.

Me quedé pegada a la pared temblando durante varios segundos antes de que mi cerebro empezara a funcionar de nuevo. Tenía que salir. El pozo tenía unos dos metros y medio de altura y no había nada a qué sujetarse en las paredes, lo había comprobado ya. Pero el Draco seguía cerca, podía escucharlo moviéndose entre la maleza.

Entonces lo vi pasar de nuevo justo al borde del pozo.

No pensé. O pensé demasiado rápido para llamarlo pensar. Era desesperación, era instinto, era la certeza de que si me quedaba en ese pozo hasta el amanecer no iba a sobrevivir para verlo. Me impulsé con el pie bueno agarrándome del borde de tierra y con lo que me quedaba de fuerza en los brazos me lancé hacia arriba sujetándome del lomo del Draco.

Él lo sintió de inmediato.

Empezó a sacudirse con una brusquedad que no esperaba, moviéndose de un lado a otro intentando deshacerse de mí. Me aferré todo lo que pude pero no era suficiente y lo sabía. Fácilmente brincó fuera del área del pozo llevándome con él, y en ese movimiento yo perdí el agarre y salí volando.

Golpeé el suelo con el costado izquierdo y después la cabeza contra un tronco de árbol.

El sonido fue sordo y el dolor fue blanco y brillante durante medio segundo antes de que todo se apagara.

.....

La calle olía a verano.

Era un olor que reconocí antes de ver nada, el concreto caliente y el pasto recién cortado y algo vagamente dulce que no tenía nombre pero que pertenecía completamente a ese lugar. Cuando pude ver era exactamente como la recordaba: la calle angosta de casas pequeñas donde crecí, las mismas bardas bajas, los mismos árboles que en mi memoria siempre estaban inclinados hacia el mismo lado.




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