Sangre Inmortal

Capitulo 7

Me quedé sentada en la orilla del lago más tiempo del que debería.

El agua seguía moviéndose suavemente como si nada hubiese caído en ella hace unos minutos, como si no hubiese habido ningún Draco ni ninguna pelea ni ninguna chica ahogándose en su fondo. El bosque también estaba tranquilo. Demasiado tranquilo para un lugar donde hacía menos de una hora había habido una criatura del tamaño de tres caballos destruyendo todo a su paso.

Me miré la mano.

La espada seguía allí. La sostuve frente a mí estudiando el grabado del mango a la luz de la mañana. Eran líneas que se cruzaban formando algo que parecía un patrón pero que no reconocía de ningún lugar. No era ningún símbolo militar que hubiese visto en el escuadrón, no era nada de lo que mi padre hubiese dibujado en su diario. Era algo anterior a todo eso, algo que se sentía más viejo que cualquier cosa que yo pudiese nombrar.

La hoja seguía perfecta. Sin una sola mancha de agua.

La envolví en el pedazo de tela que arranqué de la parte baja de mi camisa y la sujeté contra mi espalda usando las tiras de la mochila que todavía tenía. No era el método más seguro del mundo pero era lo que había.

Me puse de pie despacio tomando inventario del daño. Tobillo izquierdo inflamado, funcional pero lento. Muñeca derecha con esa inestabilidad constante que ya conocía de memoria. Cabeza con un golpe que pulsaba cada vez que me movía demasiado rápido. Rodilla con el raspón viejo del primer día de entrenamiento que nunca había terminado de cerrar bien.

Estaba hecha un desastre completo.

Empecé a caminar siguiendo el borde del lago hacia el norte porque el norte era la única dirección que tenía algún sentido en ese momento. El sol estaba subiendo y eso al menos me daba orientación aunque no me daba ninguna otra cosa útil como comida o un comunicador que funcionara o algún compañero de escuadrón que no me hubiese abandonado deliberadamente en un pozo.

Caminé durante lo que calculé que era casi una hora.

El bosque fue cambiando gradualmente sin que yo lo notara al principio. Los árboles se fueron haciendo más altos y más juntos, la luz filtrándose en ángulos más cerrados, el suelo más húmedo bajo mis pies. El sonido también cambió, menos pájaros, menos viento entre las hojas, menos de todo lo que normalmente llena el silencio de un bosque y lo hace sentir vivo.

Me detuve.

No había escuchado nada. No había visto nada. No había ninguna razón concreta para dejar de caminar en ese momento preciso y sin embargo algo me lo impidió con la misma certeza con que uno retira la mano de una llama antes de quemarse, antes de siquiera procesar que hay fuego. Era una sensación en el pecho, como una presión suave pero firme que decía quieta sin usar palabras.

Me quedé completamente inmóvil.

El silencio del bosque se extendió durante tres segundos, cuatro, cinco.

En el sexto segundo algo se movió a mi derecha entre los árboles.

Era grande. No del tamaño de un Draco sino diferente, más largo que alto, moviéndose casi paralelo al suelo con una fluidez que no tenía nada de torpe. Tardé un momento en verlo completo porque su piel tenía un color entre gris verdoso y café oscuro que se confundía perfectamente con la sombra de los árboles. Tenía cuatro patas pero el cuerpo era demasiado largo para su altura, casi serpentino, y la cabeza era plana con unos ojos amarillos que no parpadeaban.

No lo había visto nunca.

No era un Draco ni un Wyrm ni un Wyvern. No coincidía con nada de lo que nos habían descrito en las clases de armamento que yo había perdido por estar haciendo el doble de entrenamiento. Pero había escuchado el nombre una vez en una conversación entre Killian y uno de los tenientes, dicho en el mismo tono en que se mencionan las cosas que es mejor no encontrar.

Lyndarum.

Se movía despacio entre los árboles sin mirarme directamente, lo cual era peor que si lo hiciera porque significaba que ya sabía exactamente dónde estaba yo y no necesitaba mirarme para saberlo. Era el movimiento de algo que no tiene prisa porque sabe que su presa no tiene a dónde ir.

Retrocedí un paso con el pie bueno.

La espada estaba en mi espalda y mis manos la encontraron antes de que mi cabeza tomara la decisión. La saqué despacio sin hacer ruido, el metal frío y perfectamente equilibrado en mi mano como si lo hubiese sostenido antes aunque era la primera vez. El grabado del mango se sentía diferente entre mis dedos ahora, más presente, como algo que genera calor propio aunque la lógica dijera que era imposible.

El Lyndarum se detuvo.

Levantó la cabeza lentamente y sus ojos amarillos se fijaron en la espada. No en mí. En la espada. Y en ese instante algo en su postura cambió de una manera que no supe leer del todo, no era miedo exactamente pero tampoco era la confianza de hace un momento. Era reconocimiento.

Como si hubiese visto esa espada antes.

Nos miramos durante lo que se sintieron como varios minutos sin que ninguno de los dos se moviera. Yo sostenía el arma con ambas manos aunque la muñeca protestaba con cada segundo, el dolor subiendo por el antebrazo en oleadas regulares que intenté ignorar. El Lyndarum seguía con los ojos fijos en la hoja.

Entonces se agachó.

No para atacar. Para bajar la cabeza hacia el suelo, lentamente, en un gesto que no tenía ninguna explicación racional dentro de todo lo que yo sabía sobre aquellas criaturas que era admitidamente poco pero que incluía la certeza de que no hacían gestos como ese.

No supe qué hacer con eso.

Retrocedí otro paso y después otro, sin darle la espalda, hasta que los árboles a mi izquierda me dieron suficiente cobertura para girar y caminar rápido en dirección contraria. No corrí porque con el tobillo correr era más ruido que velocidad y el ruido era lo último que necesitaba. Caminé lo más rápido que pude durante varios minutos sin mirar atrás hasta que el sonido del bosque volvió a su estado normal y la presión en el pecho desapareció.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.