Sangre Inmortal

Capitulo 8

Encontramos refugio antes de que cayera la tarde.

Era una formación de rocas lo suficientemente grande para cubrirse del viento y lo suficientemente cerrada para que nada pudiese acercarse sin que lo escucháramos primero. Killian la examinó durante un par de minutos antes de decidir que serviría, caminando el perímetro con esa manera suya de revisar los lugares como si pudiese leer el peligro en las superficies.

Me senté contra la roca más grande con las piernas estiradas y los ojos cerrados sintiendo el peso de las últimas horas instalándose en cada parte de mi cuerpo al mismo tiempo. El tobillo, la muñeca, la cabeza, el agotamiento general de haber pasado una noche en un pozo y una mañana huyendo de cosas que querían comerme. Todo llegó junto ahora que había dejado de moverme.

Escuché a Killian acomodarse cerca sin decir nada.

Abrí los ojos y lo vi sacando de su mochila lo que quedaba de suministros. Poca cosa, algunos frutos secos y una cantimplora que dividió sin comentarlo, dejando la mitad frente a mí antes de sentarse con la espalda contra la roca opuesta.

Lo miré un momento.

—Gracias —dije.

Asintió sin mirarme como si el agradecimiento fuese un trámite menor que prefería despachar rápido.

Comimos en silencio. No era el silencio incómodo de quien no sabe qué decir ni el silencio tenso de quien tiene demasiado que decir y lo está conteniendo. Era algo diferente, más parecido al silencio de dos personas que han pasado suficientes horas difíciles juntas como para no necesitar llenarlo con nada. Me sorprendió notarlo. Me sorprendió más que no me molestara.

El sol empezó a bajar entre los árboles pintando todo de un naranja que en otras circunstancias hubiese sido bonito.

—¿Cuánto tiempo llevas en las expediciones? —pregunté sin saber exactamente por qué. No era la pregunta que quería hacer pero era la más segura de las que tenía.

Killian tardó un momento en responder como si estuviese evaluando si la pregunta merecía respuesta.

—Desde los diecisiete —dijo finalmente.

Lo miré tratando de hacer el cálculo. Ocho años. Ocho años entrando a zonas como esta, enfrentando criaturas como las que yo había visto por primera vez esta semana. Algo en ese número se sentía demasiado pesado para cargarlo sin que se notara y sin embargo él lo cargaba sin que se notara.

—¿Y antes de los diecisiete? —pregunté antes de poder detenerme.

Sus ojos se movieron hacia los míos con una expresión que no era exactamente cerrada pero tampoco era abierta. Era la expresión de alguien que decide cuánto deja ver con mucho cuidado.

—Antes de los diecisiete el mundo era diferente —dijo con una voz completamente neutral que no invitaba a seguir preguntando.

No seguí preguntando.

El silencio volvió y esta vez ninguno de los dos hizo nada por romperlo. Me recosté despacio con el saco doblado bajo la cabeza mirando el cielo que empezaba a oscurecerse entre las copas de los árboles. Las primeras estrellas aparecieron sin anunciarse como siempre lo hacen, de una en una hasta que de repente hay demasiadas para contarlas.

Pensé en mi padre.

Pensé en su diario y en la página doblada y en la letra apretada hacia la derecha que yo reconocería en cualquier parte. Pensé en que él había sabido que algo así existía y que por alguna razón había querido que yo lo encontrara aunque no hubiese podido decirme por qué. O tal vez sí había querido decirme y simplemente no había tenido tiempo.

No me di cuenta de que lo estaba diciendo en voz alta hasta que ya lo había dicho.

—Mi padre tenía un diario. Lo cargué sin saber por qué cuando vine aquí. —Hice una pausa—. Encontré algo en él sobre el onirismo involuntario. Sobre entrar a los sueños de otros sin saberlo.

El silencio que siguió era diferente al anterior. Era el silencio de alguien que está escuchando con más atención de la que muestra.

—¿Tu padre era soldado? —preguntó Killian después de un momento.

—No. Era solo alguien que recopilaba cosas. Historias, datos, cosas que otros descartaban por irrelevantes o peligrosas. —Hice una pausa—. Murió cuando tenía once años. En el primer ataque.

No sé por qué lo dije. No era información que compartiera con facilidad, no era algo que hubiese mencionado ni con Vera que era la persona más cercana a una amiga que tenía en este lugar. Simplemente salió como salen las cosas cuando el cuerpo está demasiado agotado para mantener los filtros en su lugar.

Killian no respondió de inmediato. Cuando lo hizo no fue con el tipo de respuesta que uno espera cuando dice algo así.

—Los que recopilan cosas que otros descartan generalmente saben algo que los demás todavía no saben que necesitan saber —dijo con una voz que había perdido casi toda su temperatura habitual, como le pasaba a veces cuando bajaba la guardia sin que pareciera intencional.

Lo miré desde donde estaba recostada.

No era consuelo. No era condolencia. Era simplemente la única manera en que alguien como él podía reconocer que había escuchado algo sin convertirlo en una debilidad para ninguno de los dos.

Fue suficiente.

Cerré los ojos sintiendo el cansancio bajar sobre mí como algo físico y pesado. El bosque tenía sus propios sonidos nocturnos, distintos a los del día, más quietos pero más presentes. El viento entre las hojas, algo pequeño moviéndose lejos, el crujido ocasional de la madera.

Estaba casi dormida cuando lo escuché moverse.

No abrí los ojos pero sentí el peso del saco militar cubriéndome despacio, acomodado con un cuidado que no tenía nada de torpe, el tipo de cuidado que se usa cuando no se quiere despertar a alguien. Me quedé completamente quieta con los ojos cerrados y la respiración pareja fingiendo que ya dormía porque algo me dijo que si reaccionaba él lo negaría o lo convertiría en algo práctico y frío y yo no quería que lo hiciera.

Me quedé quieta y lo dejé.

El calor del saco llegó despacio y con él algo parecido a la sensación del sueño de la pista de hielo, esa misma calma sin nombre que no venía de ningún lugar lógico pero que estaba allí de todas formas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.