Sangre Inmortal

Capitulo 9

Caminamos durante casi tres horas antes de ver a alguien.

Tres horas de selva cerrada, suelo irregular y silencio entre los dos que ya no era incómodo pero que tampoco era completamente cómodo porque ambos sabíamos que en algún momento íbamos a llegar con los demás y el paréntesis extraño de las últimas horas terminaría y volveríamos a ser lo que éramos normalmente, el comandante y la soldado más atrasada del escuadrón, sin noches junto a formaciones de roca ni sacos militares prestados ni conversaciones sobre padres muertos.

Yo iba a mi ritmo detrás de él. El tobillo había mejorado marginalmente con el descanso de la noche pero marginalmente era la palabra exacta, seguía siendo lento y seguía protestando en los terrenos irregulares. Killian ajustó el paso sin comentarlo, sin hacer ningún gesto que pudiese interpretarse como consideración deliberada, simplemente avanzó un poco más despacio y eso fue todo.

Lo noté. No dije nada.

El bosque fue cambiando gradualmente a medida que avanzábamos hacia el norte, la vegetación haciéndose menos densa, la luz llegando con más facilidad entre los árboles, el suelo más firme y predecible bajo los pies. Señales de que nos acercábamos al límite de la zona inexplorada aunque todavía no pudiese verlo.

En algún punto de la segunda hora empecé a escuchar agua a lo lejos y después pájaros, más de los que había escuchado en días, lo cual según lo poco que sabía sobre este tipo de terreno significaba que las criaturas grandes no estaban cerca. Pequeño consuelo pero consuelo al fin.

En la tercera hora el suelo empezó a subir levemente y Killian se detuvo en la cima de una pequeña elevación mirando hacia adelante. Me acerqué a su lado y vi lo que él veía.

El límite.

Donde los árboles se abrían y la vegetación se hacía menos densa, el punto donde la zona explorada terminaba y empezaba todo lo que habíamos estado cruzando. Y en ese límite había gente, uniformes, armas, el movimiento organizado de un grupo que lleva tiempo esperando.

Refuerzos.

Los escuchamos antes de verlos claramente.

Voces, varias, el sonido metálico de armas siendo revisadas y el crujido de botas sobre tierra seca. Killian redujo el paso instintivamente y yo hice lo mismo medio segundo después, los dos deteniéndonos entre los últimos árboles escuchando antes de movernos.

—Son del escuadrón —dijo él después de un momento sin necesidad de explicar cómo lo sabía.

Salimos de la maleza y el grupo nos vio casi al mismo tiempo que nosotros los vimos a ellos. Había más gente de la que esperaba. No solo los del escuadrón sino oficiales de rango alto, uniformes con más insignias, caras que no reconocía pero que cargaban la autoridad de quienes toman decisiones desde lejos.

Y allí estaba la capitana Alicia.

Me detuve un momento al verla. En el coliseo su presencia había sido imponente pero aquí en el límite de la selva con el uniforme sucio y el cabello recogido con menos cuidado que de costumbre era algo diferente, más real, más del tipo de persona que efectivamente entra a los lugares peligrosos en vez de solo enviar a otros.

Sus ojos encontraron a Killian primero y después a mí con una expresión que procesó varias cosas en menos de dos segundos.

—Pensamos que los habíamos perdido —dijo acercándose. No era alivio exactamente, era la versión contenida del alivio que tienen las personas que no pueden permitirse sentirlo completamente en medio de una operación.

—Nos separamos durante la persecución —dijo Killian con su tono habitual, como si reportara el clima.

Alicia me miró a mí después, el inventario rápido de mis lesiones, la espada envuelta en tela sujeta a mi espalda, la ropa todavía con restos de barro del lago.

—¿Estás en condiciones de caminar? —me preguntó directamente.

—Sí —dije, que era verdad a medias pero era la única respuesta útil en ese momento.

Vera apareció entre el grupo y me miró con una mezcla de alivio genuino y algo que parecía querer convertirse en preguntas pero que contuvo con visible esfuerzo. Xavian estaba más atrás con los brazos cruzados y una expresión que no era exactamente arrepentimiento pero tampoco era la burla habitual. Dain no me miró.

Alexa sí me miró, brevemente, y desvió la vista.

Killian ya estaba hablando con Alicia y dos de los oficiales de alto rango en voz baja, el tipo de conversación que no incluye a los soldados rasos. Podía ver por el ángulo de sus cuerpos que era algo serio, algo que requería decisiones.

Me acerqué a Vera.

—¿Cuánto tiempo llevan aquí? —pregunté en voz baja.

—Desde ayer por la tarde —dijo igual de bajo—. Cuando los comunicadores dejaron de funcionar enviaron refuerzos desde la sede. —Hizo una pausa—. Xavian dijo que te había perdido de vista durante la huida.

Lo miré de reojo.

—Sí —dije solamente.

Vera me miró un momento con esa expresión suya que significaba que sabía exactamente lo que había pasado y que tendría algo que decir al respecto pero que elegiría el momento con cuidado.

Antes de que pudiese decir nada más el cielo cambió.

No fue gradual. Fue el tipo de cambio que ocurre demasiado rápido para ser natural, la luz alterándose de golpe como cuando una nube enorme tapa el sol excepto que no había nubes. Alguien del grupo lo notó antes que yo y gritó algo que no alcancé a procesar porque en ese mismo momento la sombra llegó.

Era enorme.

Más grande que cualquier cosa que hubiese visto desde el aire, con unas alas que al extenderse bloqueaban franjas enteras del cielo. Bajó en picada desde arriba con una velocidad que no correspondía a su tamaño, el rugido llegando medio segundo después de que ya estaba sobre nosotros como el trueno que llega después del relámpago.

Un dragón.

No el rojo apagado de la cascada. Este era oscuro, casi negro con reflejos que en la luz del mediodía parecían azules o verdes dependiendo del ángulo, y era considerablemente más grande. Sus ojos eran del mismo dorado pero más intensos, más presentes, como algo que ha estado en el mundo mucho más tiempo que cualquier cosa que lo rodea.



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En el texto hay: fantasa y magia, fantasia con accion y ciencia ficcion

Editado: 14.05.2026

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