Sangre Inmortal

Capitulo 11

Lo primero que noté fue el silencio.

No el silencio de la cueva, que tenía sus propios sonidos pequeños, el goteo lejano del agua, el crujido ocasional de la piedra asentándose. Este era diferente. Era el silencio de un lugar donde el sonido no existe porque nunca ha existido, donde la ausencia no es una falta sino una propiedad fundamental del espacio mismo.

Abrí los ojos aunque no recordaba haberlos cerrado.

No estaba en la cueva.

O estaba en la cueva pero la cueva había dejado de ser la cueva. Las paredes seguían allí en algún sentido, podía intuir su forma, pero eran translúcidas ahora, como si fuesen el recuerdo de unas paredes en vez de paredes reales. La esfera seguía frente a mí pero su luz se había expandido hasta llenar todo el espacio con esa blancura fría y densa que no era exactamente luz sino algo anterior a la luz.

Bajé la mirada hacia mi mano.

Mis dedos todavía tocaban la superficie de la esfera pero no podía sentir el frío. No podía sentir nada físico, ni el suelo bajo mis pies ni el peso del rifle en mi hombro ni el dolor constante de la muñeca que había sido mi compañero permanente desde días atrás. Era como si el cuerpo siguiera allí pero yo hubiese dado un paso hacia atrás dentro de él.

—No te asustes.

Me volteé de golpe.

Había un hombre.

No había estado allí un segundo antes, o si había estado no lo había visto, pero ahora estaba a unos metros de distancia con la misma naturalidad con que se está en un lugar que le pertenece a uno. Tendría unos treinta años, de complexión normal, con una ropa que no pertenecía a ninguna época que yo pudiese identificar, ni antigua ni moderna, simplemente ropa oscura y sencilla que no llamaba la atención. Su expresión era tranquila sin ser fría, el tipo de tranquilidad que viene de haber visto suficientes cosas como para que pocas te alteren ya.

Me miró con algo que se parecía a la paciencia.

—¿Dónde estoy? —pregunté porque era la pregunta más urgente de las muchas que tenía.

—En el mundo astral —dijo como si fuese la respuesta más natural del mundo—. O en el límite de él. La esfera es una puerta, no un destino. Tú todavía no puedes ir más adentro.

Lo miré sin entender.

—¿El mundo astral?

—El plano que existe entre lo que llamas realidad y lo que llamas sueño —dijo con la misma calma—. Aunque esa distinción es menos clara de lo que crees.

Procesé eso durante un momento.

—¿Quién eres?

—Alguien que lleva tiempo esperando que llegaras aquí —dijo sin responder realmente la pregunta—. Puedes llamarme Sael. Es suficiente por ahora.

Sael. Lo guardé sin saber dónde ponerlo.

—¿Por qué me esperabas?

—Porque llevas mucho tiempo llegando a este momento —dijo—. Más tiempo del que puedes recordar. Más vidas de las que podrías contar.

Me quedé quieta procesando esa frase.

—¿Más vidas?

—Tú no mueres, Eris —dijo con una voz que no tenía dramatismo, solo el peso de algo que se dice porque es verdad—. O mueres, pero no de manera permanente. Regresas. Siempre has regresado. En cada vida diferente, en cada época diferente, pero siempre tú. Siempre con el mismo núcleo, el mismo poder, la misma esencia que no puede extinguirse porque no fue creada de la misma manera en que fueron creadas las demás cosas.

Lo miré durante un momento largo intentando encontrar en su expresión alguna señal de que estaba exagerando o siendo metafórico o cualquier cosa que hiciera esa información más manejable.

No encontré ninguna.

—Eso no tiene ningún sentido —dije.

—Lo sé —respondió sin ofenderse—. Todavía.

—No, espera —dije levantando una mano—. No me digas todavía como si eso fuese una respuesta. Acabas de decirme que soy algún tipo de ser que reencarna infinitamente y tu respuesta a que no lo entiendo es todavía. Necesito más que eso.

—Lo que necesitas y lo que puedo darte en este momento no son la misma cosa —dijo con esa calma suya que empezaba a irritarme profundamente.

—¿Por qué no?

—Porque hay un orden —dijo—. Porque tu mente en este momento no está preparada para recibir todo al mismo tiempo sin romperse.

—Mi mente lleva días sin romperse y he pasado por cosas considerablemente peores que una conversación —respondí con más brusquedad de la que pretendía—. He caído en pozos, casi me ahogo dos veces, pasé una noche sola con criaturas que querían comerme y ahora estoy en algún lugar entre sueño y realidad hablando con alguien que supuestamente me esperaba pero que no parece tener ninguna intención real de explicarme nada. Así que inténtalo. Explícame.

Sael me miró durante un momento con una expresión que no cambió exactamente pero que se acomodó de alguna manera, como si mi frustración fuese información que estaba registrando.

—Hay seres en este universo que existen porque el universo los necesita para funcionar —dijo finalmente—. Seres de equilibrio. Tú eres uno de ellos. Y hay fuerzas en el mundo astral que llevan tiempo intentando interrumpir ese equilibrio. Que te rastrean. Que han aprendido que el momento en que eres más vulnerable no es cuando estás despierta sino cuando duermes.

Algo hizo clic.

Los sueños donde siempre huía. La oscuridad persiguiéndome. Siempre corriendo, siempre asustada, siempre despertando justo antes de que me atraparan.

—Los sueños —dije en voz baja.

—Sí.

—¿Y Killian? —pregunté antes de poder detenerme—. Él apareció en mis sueños antes de conocerlo en persona. Él me perseguía. ¿Eso qué significa?

—Eso es más complicado de lo que parece —dijo.

Lo miré fijamente.

—Eso no es una respuesta.

—No —admitió—. No lo es.

—Entonces dame una que sí lo sea —dije con la voz más firme que pude sostener—. Porque llevamos varios minutos en esta conversación y lo único que tengo claro es que algo me persigue mientras duermo. Lo cual es aterrador pero completamente inútil si no sé qué hacer con esa información.



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En el texto hay: fantasa y magia, fantasia con accion y ciencia ficcion

Editado: 14.05.2026

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