La ciudad era fría, oscura y tenebrosa. Y no solo aquella. Se sabía que hace más de cien años las calles estaban vacías y sin ruido alguno. Ese era el mundo actualmente. El miedo era la principal razón de la tortura que sentían.
Pero, ¿por qué?, ¿qué había pasado para que la vida normal de millones de personas se vea afectada de tal modo que nadie podía salir de casa?
Los padres de cada niño en esa época contaban la historia como cuento de cuna. Así:
Hace cientos de años la sombra se trepó por las calles. Ya no se oía melodías pegajosas ni siquiera por gusto alguno, solo eran los gritos de personas inocentes siendo atacadas por feroces criaturas que hasta entonces, se creían solo ser mitológicas.
Esa pálida y fría piel, aquellos ojos de sensaciones profundas... aquellos colmillos filudos los cuales eran manchados de sangre a media noche. Esas eran las características de las bestias más temidas por los seres humanos: los vampiros.
Nunca se supo de dónde o cómo surgieron, solo sabían que tan de pronto cómo aparecieron, se esparcieron por todo el mundo al igual que una epidemia difícil de controlar. Y no, nadie pudo contra ella. Ni siquiera existían científicos ya. Si habían avanzado como sociedad con la tecnología y las ideas, pues ahora habían retrocedido miles de años.
Nadie iba a la escuela.
Ni a las universidades.
Nadie trabajaba.
Pero en algo coincidían todos: sobrevivían.
Ese, era el vivir de Blanca. Muchos dirían que por su nombre debe ser una chica de sentimientos y vibras delicadas. Y sí, lo era, pero hace más de veinte años, cuando aún lloraba por hambre y usaba trapos especiales para contener sus necesidades al pasar de las horas. Cuando aún era una pequeña criatura sin razón alguna. Esa fue Blanca.
Pero el pesar de los años y el pasado vivido fueron duros con ella.
No conoció a sus padres. Ni siquiera supo dónde nació con exactitud. Solo sabe que aquel señor que llamaba "padre" era una de las pocas personas en las que podía confiar. Kendry había estado allí con ella desde que la vio por primera vez en aquel oxidado bote de basura, llorando y moviendo sus pequeñas manitas en busca de alguien donde pueda apoyarse.
Ahora, Blanca ya no era una niña inocente. Ni siquiera había quedado rastro de la pequeña que jugaba con la arena. El saber que no tendría una vida digna, ni siquiera que podía quedarse en un solo lugar para vivirla, moldeó su personalidad.
Ahora, con veintiséis años lideraba su pequeño pueblo. Aquel que se unía para enfrentar a quienes los asechaban. Aquel que se unía al menos por la busca de un poco de tranquilidad.
—¡Esta noche, señores! ¡Esta es la luna en la que todos los vampiros vendrán al asecho! ¡Pero nosotros estaremos preparados! ¡Pronto será el fin para ellos!
Su voz se escuchaba con fuerza. Sus pies sobre una gran roca que la hacía resaltar entre la multitud. Llevaba una capa negra encima, aquella que la cubría del frío de la noche y había sido su fiel compañera desde que empezó a entrenar con espada y puño.
Todas aquellas personas confiaban en ella. La habían seguido desde hace un largo tiempo. Blanca, junto a quien confiaba, había entrenado a casi todo el pueblo para luchar, incluyendo entre ellos jóvenes mujeres que buscaban su libertad.
Sin embargo, ¿de qué hablaba Blanca?, ¿qué pasaría aquella noche?
No era algo nuevo, pero sí un tema de qué hablar en cada escalofriante cena: La luna roja.
Pasaba cada dos años aproximadamente. Era la noche en la que los vampiros, aunque ya eran bestias aterradoras, se volvían peores. Ya no tenían control de sí mismos. Iban en busca de personas como animales totales, los cuales solo seguían sus instintos.
Sí, morirían miles, pero lucharían por su vida.
Blanca les ordenó preparar hachas, espadas, antorchas y trampas contra aquellos animales.
Fue entonces cuando llegó el momento. Antes de que el sol pasara por el punto más bajo, todos se ocultaron en sus lugares asignados. Niños y ancianos en un túnel bajo el suelo; jóvenes y adultos listos para la batalla.
Fueron unas horas de espera cuando inició. Los gritos y chillidos que podían hasta romper los tímpanos de una persona se oyeron con fuerza cuando la luna empezó a tornarse roja. Tan roja como la sangre que empezaría a recorrer pronto.
Era un eclipse.
Pisadas rápidas. Respiraciones pesadas.
Todo se volvió un caos.
Blanca gritó y fue cuando todos empezaron a luchar. Ellos lucían como muertos salidos de sus tumbas. Sus ojos rojos y encendidos bajo la luz de la luna. Blanca logró plantarle el puñal en el corazón a uno y lo vio retorcerse, abriendo la boca horrorosamente, de tal forma que logró ver hasta su garganta. Escupió con desprecio sobre su rostro y siguió con la batalla.
Venció a más de la cuenta, cada uno chillaba ruidosamente cuando ella traspasaba los músculos del corazón de cada uno de ellos sin piedad alguna. No le importaba verlos destrozarse sus propios rostros con sus garras hasta desangrarse. Porque ellos ya ni siquiera pensaban correctamente. Solo eran animales desesperados por presas fáciles.
Pero no duraría mucho. El tiempo se hizo demasiado pesado sobre sus músculos. Empezaba a cansarse.
Demonios, no. No podrían resistirlo. Empezaron a caer. Uno por uno.
—¡Retirada! ¡Retirada! ¡Todos bajo el túnel ya!
Gracias al cielo, Kendry estaba escondido bajo tierra, a salvo. O eso pensó antes de ver a un vampiro rascando con locura desenfrenada el suelo, buscando algo. Ya muchos habían estado ingresando para refugiarse.
No, no, ¡demonios!
Aquella bestia logró ingresar. Corrió con todas sus fuerzas y fue cuando le plantó el puñal lleno de sangre oscura por la espalda; pero aquel movimiento brusco hizo que ambos cayeran dentro del túnel. Aquellos dos metros de caída hicieron crujir su huesos, pero eso no le impidió levantarse.
Editado: 12.01.2026