Salgo del hospital y me subo al coche junto a Eduard.
El chófer nos observa a través del espejo retrovisor.
-¿A dónde los llevo, señor?
Eduard le da una dirección.
-Al hotel. Ya sabes cuál.
El chófer asiente y pone el coche en marcha.
Yo permanezco en silencio, mirando por la ventana.
No conozco nada de este reino.
Las calles, los edificios, los vehículos... todo me resulta extraño. Hace demasiados años que no estoy en la Tierra. Si es que alguna vez llegué a conocerla realmente.
Intento comprender cómo demonios terminé aquí.
Los portales se cerraron hace años, después de la Guerra de las Cuatro Sangres. Desde entonces, nadie había conseguido atravesar el Velo.
O eso era lo que todos creíamos.
Frunzo el ceño.
Entonces, ¿qué está pasando?
¿Cuál de las razas está intentando romper el Velo?
¿Los vampiros?
¿Los hombres lobo?
¿Las hadas?
¿Los elfos?
Y, sobre todo...
¿Para qué?
Si alguien ha conseguido abrir una grieta entre los mundos, no puede ser por casualidad.
¿Qué están planeando?
Me sumerjo en mis pensamientos, intentando reconstruir lo ocurrido durante la batalla. Recuerdo el caos,
los gritos, la sangre...
Y después...
Nada.
Una sensación extraña me recorre el cuerpo.
Como si algo me hubiera arrastrado hasta aquí.
-Hemos llegado, señor.
La voz del chófer me saca de mis pensamientos.
Miro por la ventana.
Frente a nosotros hay un enorme edificio iluminado.
Un hotel.
Bajo del coche junto a Eduard y observo todo a mi alrededor.
No conozco nada de la Tierra.
Las personas caminan de un lado a otro, los vehículos pasan por las calles y las luces de los edificios iluminan la noche.
Todo es diferente.
Todo me sorprende.
Pero no voy a demostrarlo.
Eduard se acerca a mí.
-Es por aquí, señor.
Lo sigo hasta el interior del hotel.
Se acerca a recepción y habla con una de las personas que trabajan allí.
Después de unos segundos, le entregan una llave.
Nos dirigimos hacia el ascensor.
Las puertas se cierran y comenzamos a subir.
Observo los números cambiar.
Cuarto piso.
Quinto.
Sexto.
Cuando las puertas se abren, salimos y caminamos por el pasillo hasta detenernos frente a una de las habitaciones.
Eduard me entrega la llave.
-Señor, esta es su habitación. Yo estaré justo al lado. Si necesita cualquier cosa, avíseme. Descanse un poco.
Asiento con la cabeza.
-Gracias.
Abro la puerta y entro.
La habitación es bastante grande, aunque no se compara con la que tengo en mi reino.
Dejo la puerta atrás y lo primero que hago es acercarme a la ventana.
Aparto ligeramente la cortina.
La vista me deja inmóvil durante unos segundos.
Las calles están llenas de luces. Los edificios se levantan unos junto a otros y cientos de personas caminan por debajo.
La Tierra.
Después de tantos años...
Estoy aquí.
Respiro profundamente.
El olor de los humanos sigue molestándome.
Es demasiado fuerte.
Demasiado diferente.
Pero ya no es como cuando desperté en el hospital.
Ahora puedo tolerarlo.
Me quedo observando la ciudad en silencio.
Algo no encaja.
Los portales no pueden abrirse por sí solos.
Alguien los está intentando romper.
Y si consiguieron traerme hasta aquí...
tal vez no fue un accidente.