Sangre Proscrita. El Trono de los Lobos

El Tropiezo del Rey

Vespera sintió la presión del brazo de Kaelen, ese agarre de hierro que pretendía recordarle quién mandaba. Para cualquier otra, habría sido una amenaza para ella, era un chiste sin remate. Una sonrisa gélida y cargada de un desprecio exquisito curvó sus labios mientras clavaba su mirada violeta en la suya, sin un ápice de parpadeo.

  • Oh, Kaelen... hablas de hambre con esa intensidad de villano de opereta, como si fueras el primer lobo que descubre que los dientes muerden - susurró ella, dejando que sus ojos se tornaran en dos abismos de oscuridad absoluta - Pero tienes un problema de atención olvidas que las sombras no solo sirven para esconderse.

Con un movimiento casi imperceptible, Vespera convocó el resto de su energía. No fue un estallido, fue un susurro de magia negra. Mientras él la sostenía con esa posesividad de quien cree que posee el mundo, una brizna de sombra se deslizó como una cobra por el suelo, trepó por el cuero caro de la bota del Alfa y, con un tirón seco y malintencionado, enredó los cordones de ambos pies en un nudo marinero digno de un naufragio.

Vespera apoyó las palmas de sus manos en el pecho de Kaelen, dándole un par de palmaditas condescendientes, como quien consuela a un niño testarudo.

  • Me rindo ante tu control mi Rey - soltó con un sarcasmo que cortaba más que cualquier daga - Pero vigila ese equilibrio. Tu imponente presencia parece tener la estabilidad de una torre de naipes en un huracán.

Se zafó de su agarre con un giro perezoso y retrocedió, disfrutando del espectáculo. Kaelen, mordiendo el anzuelo de su propio ego, intentó dar un paso dominante para cerrarle el paso. Fue sublime. El poderoso Alfa de la manada, el terror de los bosques, dio un traspié tan patético que terminó abrazado a la mesa de roble para no morder el polvo. El estruendo de la cubertería de plata volando por los aires fue la banda sonora perfecta para su humillación.

Vespera soltó una carcajada vibrante, una burla sonora que resonó en las vigas del salón.

  • Cuidado, Alfa - se mofó, caminando hacia la puerta con un contoneo descarado - Parece que tus propios pies están conspirando para darte una lección de humildad. Quizás, en lugar de tantas reglas de etiqueta, deberías pedirle a tus guardias que te enseñen a caminar sin parecer un pato mareado.

Se detuvo en el umbral, apoyando el hombro contra el marco y mirándolo con una mezcla de lástima y diversión.

  • Por cierto, esa sangre de ciervo era basura aguada. La próxima vez, busca un sacrificio que tenga algo de dignidad... si es que queda algo de eso en este castillo después de verte casi besar el suelo. No te molestes en levantarte por mí, ya conozco el camino a la salida

Kaelen no tardó en responder a la humillación. Con el orgullo herido y la mandíbula apretada, decidió que si Vespera tenía tanta energía para bromas, la usaría en algo productivo. Su castigo, limpiar los establos reales, el lugar más sucio, maloliente y carente de glamour de todo el territorio alfa.

Kaelen observaba desde la barandilla superior, con los brazos cruzados y una sonrisa de satisfacción que creía ganada. Abajo, en el fango y el heno, Vespera permanecía de pie con una pala en la mano, rodeada por el olor penetrante de los caballos de guerra de la manada.

  • ¿Dónde está tu lengua afilada ahora, híbrida? - se mofó Kaelen desde las alturas - Aquí las sombras no te servirán de mucho. La bosta no se limpia con sarcasmo. Tienes hasta el atardecer, o dormirás aquí mismo con los sementales

Vespera levantó la vista, entrecerrando sus ojos violetas. El sol filtrándose por las rendijas del techo le daba un aire casi angelical, si no fuera por la mirada de absoluta travesura que relucía en su rostro.

  • Oh, Kaelen. Siempre tan rústico - respondió ella, dejando caer la pala con un estruendo metálico - Realmente crees que voy a ensuciarme las manos porque tú lo digas. Qué tierno.

Vespera cerró los ojos un segundo. No necesitó grandes gestos solo un susurro de su magia de sombras. De repente, la oscuridad bajo los establos cobró vida. Decenas de pequeñas figuras sombrías, como manos incorpóreas y escobas hechas de pura tiniebla, emergieron del suelo.

Mientras Kaelen observaba con la boca casi abierta, las sombras comenzaron a trabajar con una eficiencia aterradora. El heno sucio volaba hacia las carretillas, el agua se vertía sola en los bebederos y los suelos quedaban impecables en cuestión de segundos.

Vespera, mientras tanto, conjuró una pequeña silla de sombras en el rincón más limpio, se sentó con una elegancia insultante y sacó una manzana que le había robado a uno de los caballos.

  • ¿Sabes qué es lo mejor de tener poderes de rata, Alfa? - dijo ella, dándole un mordisco sonoro a la fruta y mirándolo con total irreverencia - Que el trabajo sucio se hace solo mientras yo me dedico a lo importante pensar en nuevas formas de desatar tus cordones.

Kaelen bajó de un salto, aterrizando frente a ella, rodeado por el torbellino de sombras trabajadoras que ni siquiera se inmutaban ante su presencia.

  • Esto es trampa - gruñó él, aunque una chispa de admiración reticente brillaba en sus ojos ámbar.
  • No, querido. Esto es optimización de recursos - le guiñó un ojo - Deberías probarlo. Quizás así tendrías tiempo de practicar tu equilibrio. Por cierto, ¿esos son tus mejores establos? Mis sombras dicen que el polvo es de muy baja calidad para su gusto.

Kaelen le arrebató la manzana de la mano, pero en lugar de tirarla, le dio un mordisco justo donde ella lo había hecho, manteniendo una mirada fija y desafiante.

  • Si tus sombras son tan eficientes, quizás deban empezar a limpiar también mis aposentos... conmigo dentro - susurró él, dando un paso hacia su espacio personal - Veamos si son tan listas cuando no haya muros de madera que nos separen.




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