Sangre Proscrita. El Trono de los Lobos

Ecos de un Linaje Prohibido

El cielo sobre Blackwood tenía el color de un moretón, una mezcla de violetas y grises que anunciaba el fin de la noche. Vespera no había dormido se encontraba agazapada cerca de los establos, donde los enormes lobos de carga resoplaban vapor en el aire gélido.

Mientras la manada terminaba de cargar las provisiones, una figura encapuchada se separó de las sombras de los robles, era uno de los Guardianes de la Magia, un hombre de edad indescifrable cuya presencia hacía que los caballos licántropos relincharan con un nerviosismo instintivo. Se acercó a Kaelen, que ajustaba la cincha de su semental negro.

  • Alfa - dijo el Guardián, su voz sonando como hojas secas arrastradas por el viento - Debes tener cuidado con lo que llevas con vos, no es solo una prisionera, es una herencia que nunca debió existir.

Kaelen se giró, su mirada ámbar endureciéndose. No le gustaban los acertijos y mucho menos los de los Guardianes.

  • Vespera tiene un nombre, Guardián. Y según vuestro propio Consejo, ella es la única que puede cerrar la grieta, si tienes algo que decir dilo sin rodeos.

El Guardián miró hacia donde Vespera montaba su caballo, manteniéndose apartada de los lobos como una mancha de tinta en un lienzo blanco.

  • Vespera es el resultado de una blasfemia que las tres razas intentaron olvidar - susurró el anciano - Su madre era una Suma Sacerdotisa de nuestro orden que rompió el voto de pureza con un Primogenium vampiro de la estirpe de Valerius, lo que nació de ellos no fue solo una híbrida, sino un vacío absoluto. Ella no solo posee magia, ella es un abismo que busca ser llenado.

Kaelen frunció el ceño, recordando la forma en que las sombras de la chica habían reaccionado a su propio calor en el bosque.

  • ¿Un abismo? - preguntó Kaelen - He visto su poder. Es caótico, pero nada que no pueda ser contenido.
  • Porque está sellada, Alfa - replicó el Guardián con una sonrisa críptica - Existe una contención, una atadura invisible que mantiene su naturaleza devastadora bajo control pero esa marca es caprichosa se alimenta de la voluntad, pero se deshace ante la presencia de su opuesto. Si la fuerza que la retiene se debilita, lo que hay dentro de ella no solo cerrará la Ciudad de Plata... podría consumirla a ella y a todo lo que la rodee.

Kaelen apretó los puños, la ambigüedad del Guardián le irritaba pero las piezas empezaban a encajar, la palidez de Vespera, su resistencia al contacto físico y esa extraña fatiga después de usar sus sombras.

  • ¿Y qué rompe esa atadura? - quiso saber Kaelen, dando un paso intimidante hacia el hombre.
  • La luz más pura o el fuego más ardiente - respondió el Guardián, retrocediendo hacia la maleza - Tened cuidado, Alfa a veces en el afán de proteger a la presa el cazador termina rompiendo la jaula sin darse cuenta. Si ella empieza a brillar con una luz que no es suya sabed que el final ha comenzado.

El hombre se desvaneció entre las sombras antes de que Kaelen pudiera exigir más respuestas. El Alfa se quedó inmóvil, mirando a Vespera a la distancia recordó el calor abrasador que había compartido con ella en el bosque y la forma en que sus sombras parecían beber de su vitalidad.

Montó en su semental y cabalgó hacia ella.

Vespera se levantó y se deslizo a a una de las tiendas ya vacia con dedos temblorosos retiró el broche de hierro, el alivio fue momentáneo, seguido de una punzada de terror, la marca del Sello de Ébano ya no era una mancha oscura y silenciosa, las nuevas grietas palpitaban con una luz ámbar rítmica, como si un corazón de fuego estuviera intentando nacer bajo su piel.

  • Un día más - susurró para sí misma, ajustando el vendaje de lino que ahora envolvía su clavícula para absorber el calor antinatural - Solo necesito llegar a las cuevas de los altares de la Ciudad de Plata.
  • Las oraciones no sirven de mucho en las Tierras Altas, Vespera.

Ella se sobresaltó, cubriéndose rápidamente con el chal. Kaelen apareció entre las sombras, montando un imponente semental negro. No llevaba su armadura pesada sino cueros de viaje que marcaban la amplitud de sus hombros, su mirada recorrió la figura de la híbrida, deteniéndose un segundo de más en su cuello.

  • No estaba rezando - respondió ella, recuperando su máscara de frialdad - eso lo dejo a tu raza que cree en diosas y lunas.

Al llegar a su lado, la observó con una nueva y perturbadora sospecha.

—Vespera - dijo él, su voz más profunda de lo habitual - El Guardián me ha hablado de tu origen y tus padres, dice que eres un vacío.

Vespera sin mirarlo subio a su caballo ajustando las riendas con manos enguantadas. El Sello de Ébano, oculto y ya agrietado dio un latido doloroso ante la cercanía del Alfa.

  • Los Guardianes siempre han tenido una forma poética de llamarme monstruo, Kaelen -respondió ella con frialdad - No te creas todo lo que dicen los hombres que tienen miedo a la oscuridad.

Kaelen no respondió, pero su mirada se posó en la clavícula de la chica, preguntándose qué clase de atadura estaba él mismo poniendo en riesgo.




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