Sangre Proscrita. El Trono de los Lobos

El Silencio de la Sombra

La primera noche en las faldas de las Montañas de los Lamentos fue un ensayo de la muerte, el frío calaba hasta los huesos y el fuego de la manada apenas lograba mantener a raya la oscuridad que acechaba desde los pinos. Kaelen se despertó de un sobresalto su instinto de Alfa le gritó que el equilibrio de su entorno se había roto.

Alargó la mano hacia el espacio que debía ocupar Vespera, pero solo encontró pieles frías, ella se había ido.

  • ¡Vespera! - el rugido de Kaelen partió el silencio como un rayo.

Los centinelas se tensaron, confundidos nadie la había visto pasar para un lobo, que alguien escapara de su vigilancia era la mayor de las humillaciones. La furia de Kaelen se encendió como yesca estaba convencido de que la híbrida lo había manipulado, usando el momento de vulnerabilidad en la torre para ablandar su guardia y buscar su libertad.

  • ¡Maldita seas, traidora! - gruñó entre dientes, transformando sus ojos a un ámbar incandescente mientras buscaba su rastro.

Rastreó el aire con desesperación hasta que captó un hilo casi imperceptible de ozono y jazmín marchito, el rastro no iba hacia el camino principal sino hacia una zona de riscos escarpados, un callejón sin salida. Kaelen corrió con una velocidad inhumana, saltando entre las rocas con el corazón martilleando de puro odio finalmente divisó una cueva estrecha, medio oculta por una cortina de nieve.

  • ¡Se acabó el juego, Vespera! - rugió, entrando en la cavidad rocosa con los puños cerrados - ¡Si creías que podías!...

Sus palabras se congelaron. Vespera no estaba de pie, desafiante estaba tendida en el suelo de piedra, desmayada, su cuerpo parecía una estatua de mármol rota sobre el lecho de roca, estaba pálida, casi translúcida, y un sudor frío empapaba su frente.

Kaelen se arrodilló a su lado, su furia transformándose en una inquietud punzante, al moverla para buscar su pulso, el chal que ella siempre llevaba tan ajustado se deslizó ligeramente, dejando al descubierto la base de su clavícula.

Kaelen entrecerró los ojos allí donde la piel de la chica debería haber estado limpia vio algo extraño una sombra anómala, una mancha borrosa y cambiante que se retorcía bajo la superficie como si fuera humo atrapado. No lograba distinguir una forma clara, ni una runa, ni un dibujo preciso era una distorsión visual que parecía repeler su mirada, una negrura que vibraba con un eco de poder antiguo.

Acercó su mano y al aproximar su calor de Alfa, la mancha reaccionó, agitándose violentamente antes de desvanecerse en una palidez enfermiza sus instintos le dieron un vuelco. Ella no estaba huyendo estaba escondiéndose de algo que la estaba devorando por dentro.

  • ¿Qué demonios es esto? - susurró él, sintiendo una punzada de sospecha - ¿Qué te estás guardando, Vespera?

La cargó de regreso al campamento, envolviéndola en su capa su instinto le decía que esa marca invisible a sus ojos era la clave de su comportamiento y que el vacío del que habló el Guardián era mucho más real de lo que él quería admitir.

El regreso al campamento fue un desfile de sombras y sospechas, Kaelen la dejó sobre las pieles cerca del fuego principal pero no se alejó se quedó allí de pie, proyectando una silueta imponente que bloqueaba la luz de las llamas, esperando a que el conocimiento regresara a los ojos de ella.

Cuando Vespera finalmente abrió los párpados, el mundo dio vueltas lo primero que vio fue el rostro de Kaelen, tallado en una furia contenida que resultaba casi física.

  • ¿Qué estabas haciendo en esa cueva, Vespera? - la voz del Alfa era un latigazo - Y no me vengas con tus juegos de palabras vi tu piel, vi esa mancha que se retorcía bajo tu cuello como si fuera un parásito.

Vespera intentó incorporarse pero un gemido de dolor escapó de sus labios, se llevó la mano al pecho apretando el chal con dedos temblorosos. En su mente las imágenes de la cueva golpeaban con la fuerza de un mazo recordaba el momento en que el Sello de Ébano estuvo a punto de estallar, las grietas ámbar abriéndose paso a través de su carne para contenerlo, para que Kaelen no viera la marca de los Guardianes, había tenido que hacer lo impensable alimentar el sello con su propio dolor.

Había usado sus sombras para coser la marca por dentro, desgarrando su propia esencia mágica para parchar las grietas momentáneamente, el precio había sido su vitalidad se sentía como si hubiera bebido ceniza fría.

  • No... fue nada - susurró ella, pero por primera vez su voz no tenía el filo del sarcasmo, estaba rota.

Kaelen se inclinó sobre ella atrapando sus muñecas con una firmeza que no admitía réplicas.

  • Mientes, estás pálida como un cadáver y tu pulso apenas se siente - gruñó él su mirada ámbar perforando la de ella - El Guardián dijo que eras un vacío, pero lo que vi allí atrás parecía una prisión rompiéndose. ¿Qué me ocultas? ¿Es un arma? ¿Es una traición de tus padres?

Vespera no respondió apartó la mirada dejando que su cabeza cayera hacia un lado, sus ojos usualmente cargados de desafío se llenaron de una humedad que se negó a dejar caer se sentía pequeña, expuesta y el hecho de que Kaelen fuera el único testigo de su desmoronamiento era la peor de las torturas.

  • Dímelo - insistió él suavizando el agarre pero no la intensidad - Si vas a estallar y llevarte a mi manada por delante tengo derecho a saberlo.
  • No lo entiendes... - logró decir ella su voz apenas un hilo - Si te lo digo dejarás de mirarme como a una enemiga... y empezarás a mirarme como a una víctima. Y prefiero que me odies, Kaelen el odio es sólido la lástima es lo que termina de romper a la gente como yo.

Kaelen guardó silencio impactado por la vulnerabilidad cruda de sus palabras sus dedos rozaron involuntariamente el borde del chal, justo donde la mancha borrosa había aparecido. Él no sabía que lo que estaba viendo era la cuenta regresiva de su propia destrucción.

  • No te tengo lástima, Vespera - susurró él, su rostro a milímetros del suyo - Te tengo miedo, miedo de que lo que sea que lleves ahí dentro sea lo único que te hace ser tú y que cuando desaparezca, yo también pierda algo que no sabía que tenía.




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