El campamento apenas despertaba bajo el manto gris del alba Kaelen incapaz de conciliar el sueño tras el incidente de la cueva se había alejado del fuego principal para inspeccionar el perímetro se detuvo en seco al ver a su padre el Rey Ulric y a un pequeño grupo de guerreros de élite apostados tras unas rocas, observando el claro que descendía hacia el río. Todos guardaban un silencio reverencial, casi temeroso.
Kaelen se asomó Vespera estaba sola en el claro, creyéndose a cubierto por la niebla matutina no sabía que sus ojos de lobo la veían con la claridad del mediodía.
Ella no estaba entrenando de forma convencional estaba librando una batalla interna que se manifestaba en el mundo físico, se movía en una danza macabra y frenética lanzando estocadas al aire con una velocidad que desafiaba la vista. Cada vez que su cuerpo giraba, sus manos se cerraban con tal fuerza que sus nudillos blanqueaban. Invocaba ráfagas de oscuridad que cortaban troncos de pino como si fueran papel.
Con cada giró su mente regresaba a la agonía de la noche anterior recordaba el frío de las agujas de sombra perforando su propia carne en la cueva, el sonido sordo de su magia siendo cosida a la fuerza para que el Sello de Ébano no estallara frente al Alfa. "Tensa la sombra, ancla el dolor" se repetía ella en silencio, creyéndose sola.
Los guerreros licántropos, incluyendo al rudo Jarek y los gemelos observaban cómo ella invocaba ráfagas de oscuridad que cortaban troncos de pino como si fueran papel pero lo que más los impactaba era la brutalidad de sus movimientos, Vespera se lanzaba al suelo, rodaba y se ponía en pie con una elegancia letal, ignorando los espasmos de dolor que sacudían su cuerpo de forma intermitente. Cada vez que extendía el brazo, Kaelen veía cómo sus tendones se tensaban de forma antinatural, como si hilos invisibles tiraran de ella desde dentro.
Kaelen sintió un nudo en la garganta no sabía qué había pasado exactamente en la cueva pero era el único que sabía que ese despliegue de fuerza bruta era en realidad un desesperado intento de Vespera por mantener lo que le aterraba a raya y el resultado que veía era a una mujer que quemaba su propia vida para demostrar que no estaba derrotada. Veía cómo ella se detenía por un segundo, apretando el chal contra su pecho con una mano temblorosa, antes de lanzarse a otra serie de ataques devastadores que hacían vibrar el suelo helado.
Vespera terminó su rutina con un golpe seco que levantó una nube de nieve y sombras. Se quedó allí, sola, jadeando con la cabeza baja y los hombros caídos por un agotamiento que parecía mortal. Solo cuando ella empezó a caminar de regreso al campamento, recomponiendo su máscara de frialdad y sarcasmo, Kaelen y los demás se retiraron a las sombras para que ella nunca supiera que habían visto su momento de mayor vulnerabilidad y poder.
Cuando Vespera llegó a las monturas, se encontró con un Alfa que la miraba con una intensidad nueva una mezcla de terror y una admiración que quemaba más que el sol, él la interceptó antes de que subiera a su caballo, sujetando las riendas con una firmeza inusual.
Vespera intentó soltar una réplica mordaz, pero el Alfa se acercó un paso más, invadiendo su espacio con ese calor que ella tanto temía.
Vespera le sostuvo la mirada, sus ojos violetas empañados por la fatiga.
Y mientras iniciaban la marcha juró que no dejaría que ella se desgarra por dentro para ocultar su secreto incluso si tenía que quemar el mundo para salvarla de sí misma