Sangre Proscrita. El Trono de los Lobos

El Color de la Traición Silenciosa

El cielo se tiñó de un violeta fúnebre, el aire antes gélido se volvió estático y pesado saturado con el hedor a ceniza antigua. No hubo aviso las sombras del Abismo no caminan, se filtran a través de las fisuras de la realidad.

  • ¡Formación de círculo! - rugió Kaelen desenvainando su espada de acero negro.

De entre los riscos surgieron los Segadores, pero algo era distinto, no eran manchas negras, sino reflejos blanquecinos y vacíos que emitían un zumbido ensordecedor, Jarek y los guerreros chocaron contra la primera oleada, pero sus ataques físicos solo atravesaban el humo sin causar daño.

Vespera dio un paso al frente, sintiendo que su pecho iba a estallar, el Sello de Ébano, debilitado por sus propias suturas reaccionó violentamente. Cuando Kaelen se lanzó hacia ella para protegerla de un golpe mortal, el contacto físico provocó una explosión de energía que nadie esperaba

En el momento en que Kaelen la rodeó con su brazo, imbuido en su juramento de protección, el sello de Vespera estalló en un blanco cegador y puro, un color que no pertenecía a ninguna de las tres razas conocidas la onda expansiva desintegró a los Segadores al contacto, dejando un rastro de ceniza brillante.

  • ¿Qué es esto? - jadeó Kaelen, cubriéndose los ojos mientras sostenía a la híbrida - ¿Qué clase de magia estás invocando, Vespera?

El chal de Vespera se desintegró, dejando al descubierto la marca para Kaelen y los guerreros aquello seguía siendo una mancha luminosa, una anomalía de poder que no lograban comprender. Kaelen la miró con una mezcla de horror y fascinación, convencido de que la aberración estaba alcanzando su punto de ruptura.

  • Vespera, ¿qué te está pasando? - preguntó él su voz cargada de una preocupación que ella no podía permitirse aceptar.

Pero Vespera con los ojos fijos en el resplandor que emanaba de su propia piel, sintió que el mundo se detenía, ella entendió.

Al contacto con la lealtad pura del Alfa, la máscara de magia negra impuesta por los Guardianes se había vuelto transparente solo para ella, debajo de la costra de oscuridad, la marca era una llave de luz estelar. Los Guardianes no la habían sellado para proteger al mundo de su oscuridad híbrida la habían sellado para usarla como batería.

Habían disfrazado su mayor don, una magia de creación capaz de restaurar el equilibrio como una maldición de sangre impura para que ella nunca reclamara su propio trono. Toda su vida había sido una mentira no era una paria por ser impura sino por ser demasiado poderosa para que los Guardianes la dejaran libre.

Vespera miró a Kaelen, la sostenía como si fuera a romperse, con los ojos llenos de una lealtad que estaba terminando de destruir la mentira de los Guardianes. Él no entendía que su protección era el disolvente del sello solo veía que ella sufría.

  • No es nada, Kaelen... solo un efecto secundario - mintió con la voz temblorosa, cubriéndose rápidamente con los restos de su ropa - Una reacción al Abismo, no vuelvas a tocarme así.

Kaelen retrocedió, herido por el rechazo pero sus ojos no se apartaron de la clavícula de ella. Vespera se puso en pie sintiendo por primera vez el verdadero peso del poder en sus venas no podía decirle la verdad, si él sabía que ella no era el monstruo que todos creían, el Consejo la cazaría no por miedo sino para poseerla.

Ahora, más que nunca debía llegar a la Ciudad de Plata, pero no para sellar la grieta según las órdenes de Elara, sino para reclamar el destino que le habían robado.




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