Sangre Proscrita. El Trono de los Lobos

El Triunvirato de la Discordia

El resplandor blanco que había estallado en el pecho de Vespera no se apagó se transformó en un faro que rasgó el velo entre las tierras. La mentira de los Guardianes había caído y con ella el anonimato que la mantenía a salvo. El sello ya no era una mancha borrosa, sino una constelación grabada en su piel que palpitaba con una fuerza ancestral.

Kaelen apenas tuvo tiempo de procesar la nueva luz de Vespera cuando la temperatura del desfiladero descendió de forma antinatural, el olor a ozono y bosque fue sofocado por un aroma pesado a rosas secas y sangre antigua.

  • ¡A las armas! - rugió Kaelen, sintiendo el pelaje de su nuca erizarse - ¡Vampiros!

De entre los remolinos de nieve aparecieron figuras vestidas con sedas negras y armaduras de plata pulida se movían con una velocidad que hacía que los guerreros licántropos parecieran lentos, en el centro con una elegancia que ocultaba una crueldad milenaria, avanzaba Valerius, el Primogeniun de los Vampiros sus ojos rojos brillaban con una codicia renovada al fijarse en el pecho descubierto de Vespera.

  • Vaya, vaya... - la voz de Valerius era una seda afilada - Parece que el perrito ha roto el juguete antes de tiempo pero debo agradecerte, Alfa nos has ahorrado décadas de espera para despertar lo que realmente nos pertenece.

Kaelen se interpuso entre el vampiro y Vespera, su espada de acero negro apuntando directamente al corazón de Valerius.

  • Ella no pertenece a nadie, Valerius está bajo la custodia del Tratado de los Seis Meses. Da un paso más y convertiré tu linaje en ceniza.

Valerius soltó una carcajada cristalina, ignorando la amenaza.

  • ¿El Tratado? Ese papel era una farsa para mantenerla sedada ahora que la Llave de Luz Estelar ha despertado, Vespera es la heredera legítima del trono de los tres clanes, empezando por el mío. Ella no es una híbrida por error, Alfa. Es nuestra salvación... o nuestro arma definitiva.

Vespera camino hacia Kaelen y la luz blanca de su clavícula comenzó a teñirse de un carmesí oscuro, reaccionando a la presencia del Primogeniun, su parte vampírica alimentada por el poder del sello roto, reclamaba su lugar.

  • No soy vuestro arma - siseó Vespera sus colmillos emergiendo con una longitud y un brillo que hicieron que incluso Valerius retrocediera un centímetro - Me hicisteis creer que era una aberración para que no viera vuestras garras en mi cuello.
  • No te confundas, pequeña - dijo Valerius, extendiendo una mano pálida hacia ella - Los lobos te ofrecen una jaula con calor yo te ofrezco un imperio construido sobre las cenizas de los que te sellaron entrega la luz a tu verdadera sangre.

Kaelen sintió que el vínculo en su brazo ardía con una advertencia desesperada podía sentir la tentación de Vespera, el hambre de poder que su sangre vampírica gritaba ahora que el sello no la frenaba.

  • Vespera, no lo escuches - suplicó Kaelen, sin apartar la vista de los guerreros vampiros que los rodeaban - Él no quiere protegerte, quiere consumirte.

La tensión alcanzó su punto de ruptura los lobos gruñeron, los vampiros desenvainaron sus sables curvos y en medio de ellos, Vespera sentía cómo su nueva luz luchaba por decidir si ser el sol que Kaelen protegía o la oscuridad que Valerius reclamaba.

Antes de que Vespera pudiera responder a la oferta carmesí de Valerius, un estallido de luz esmeralda y oro rasgó el cielo, el suelo bajo sus pies floreció en espinas de cristal y raíces antiguas, obligando a vampiros y licántropos a retroceder saturando hasta el aire de una estática tan violenta que los cabellos de los presentes se erizaron.

Desde un torbellino de hojas secas y pergaminos flotantes, emergió Lady Elara, la Suma Sacerdotisa escoltada por un círculo de Guardianas cuyas túnicas blancas ondeaban como alas de cuervo sus ojos, antes serenos, ahora ardían con una determinación despiadada.

  • ¡Basta de blasfemias! - la voz de Elara resonó con el poder de mil años - Valerius, retira a tus sombras, Kaelen suelta a la criatura. El sello se ha roto prematuramente por vuestra negligencia y ahora la Fuente debe ser reclamada por sus legítimos custodio.

Vespera soltó una carcajada amarga, sujetándose el pecho donde la luz blanca seguía pulsando ahora en un ritmo frenético.

  • ¿Custodios? - escupió ella dando un paso vacilante hacia la bruja - Me vendisteis la mentira de que era una abominación para ordeñar mi luz como si fuera ganado, me sellasteis para que nunca supiera que esta magia... - señaló el resplandor de su piel - no es una maldición, sino vuestro sustento.

Elara no mostró remordimiento en su lugar, alzó su báculo de plata que empezó a brillar en sintonía con la marca de Vespera.

  • Era un sacrificio necesario para mantener el equilibrio, Vespera tu existencia es una anomalía que solo nosotras podemos canalizar, si te entregas a los vampiros serás una segadora, si te quedas con los lobos, te marchitarás solo con los Guardianes cumplirás tu propósito ser el motor que selle el Abismo para siempre.

Kaelen se colocó frente a Vespera, formando un escudo humano su espalda ardía por la proximidad de la magia de ella, pero no cedió. Estaba rodeado los vampiros a su izquierda, las brujas a su derecha, y su propia manada confundida detrás de él.

  • Ella no es un motor, ni un arma, ni una heredera - rugió Kaelen, sus ojos ámbar brillando con una luz salvaje que desafiaba a la Suma Sacerdotisa - Es una mujer y yo hice un juramento de protección que vuestras leyes de papel no pueden romper. Si la queréis, tendréis que quemar este bosque conmigo dentro.
  • Qué conmovedor - siseó Valerius, desenvainando un sable de plata que goteaba veneno - El perro cree que el amor de cachorro puede frenar la política de los siglos.

La tensión era un hilo a punto de romperse los tres clanes representaban los tres destinos de Vespera, Poder en los vampiros, Deber en las brujas o Protección en los licántropos.




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