De pronto la niebla se volvió tan espesa que Kaelen a solo unos pasos se convirtió en una sombra borrosa, el caos estalló a su alrededor el chocar del acero contra el aire extrañamente, nadie golpeaba nada sólido. Vespera estaba aturdida, la marca ardía con tal furia que la nieve a sus pies comenzó a derretirse, revelando la roca negra.
De la blancura absoluta surgieron tres figuras eran altas, de extremidades excesivamente largas y dedos que terminaban en puntas de hueso, sus rostros carecían de ojos cubiertos por una piel pálida y tensa pero sus mandíbulas se desencajaron al unísono. Se lanzaron hacia ella con una velocidad que desafiaba la física, ignorando por completo a todos los presentes que les lanzaban ataques que solo lograban atrevesar sus cuerpos como si fueran humo.
Kaelen rugió su nombre, lanzándose hacia ella con el espadón en alto pero antes de que pudiera llegar ocurrió algo que congeló la sangre de los presentes, las criaturas que estaban a centímetros de desgarrar a Vespera, se detuvieron en seco el impulso de su ataque se desvaneció y sus cuerpos se encorvaron, adoptando una postura de sumisión absoluta. El siseo de sus gargantas cambió ya no era un aullido de caza, sino un ronroneo vibrante que resonó en el pecho de Vespera.
Una de las criaturas extendió una mano esquelética no para herirla sino para tocar el aire impregnado de la luz ámbar que emanaba de su cuello, sus rostros se inclinaron como si estuvieran olfateando algo sagrado o terriblemente antiguo.
Vespera se quedó inmóvil con el corazón martilleando contra sus costillas por un segundo la luz ámbar de sus ojos se reflejó en la piel de los monstruos, iluminando un vínculo invisible, entonces tan rápido como habían aparecido, las criaturas soltaron un chasquido seco y se disolvieron en la niebla, convirtiéndose en jirones de vapor que el viento se llevó montaña abajo.
El silencio que siguió fue más aterrador que el ataque la niebla comenzó a disiparse, revelando a los vampiros, a los Guardianes y a los guerreros de Blackwood con las armas en alto, temblando de adrenalina y desconcierto. Todos los ojos se posaron en Vespera quien seguía de pie en el centro del círculo con el sudor evaporándose de su piel.
Kaelen se acercó lentamente, con la espada aún en la mano, pero su mirada ya no era de sospecha, era de algo más.
Kaelen no guardó su espada sabía que mentia de lo contrario como podía explicarse que los Guardianes y los vampiros estuvieran tan quietos y silenciosos, ellos sabían que lo que fuera que se iban había pasado era solo el principio. Caminó hacia el punto exacto donde las criaturas se habían detenido, observando la nieve no había huellas, ni rastros de sangre, ni restos orgánicos solo la roca desnuda.
Las Voces en su cabeza rieron, un sonido como de cristal rompiéndose.