Vespera apretó los dientes, sintiendo cómo el sudor frío le recorría la columna, no era solo el calor de Kaelen; era la forma en que su energía de Alfa golpeaba el Sello, como un mazo contra un cristal ya agrietado.
Jarek, impaciente por el espectáculo, no esperó a que terminara la lección, con un rugido gutural, se lanzó hacia adelante, transformando su inercia en un golpe de mazo con el puño cerrado. Kaelen se apartó en el último milisegundo, dejando a Vespera sola ante la embestida.
Ella no retrocedió, en lugar de bloquear se dejó caer, girando sobre sus talones en un movimiento fluido que desafiaba la gravedad. El puño de Jarek solo encontró el aire viciado del foso. Antes de que el lobo pudiera reaccionar, Vespera estaba tras él, la daga de entrenamiento apoyada firmemente contra su yugular.
El silencio volvió a reinar, pero esta vez era denso, cargado de una electricidad nueva. Bajo el chal, el Sello de Ébano lanzó un destello tan violento que Vespera tuvo que clavar sus propias uñas en su palma para no gritar.
Kaelen observaba desde el borde del círculo, sus ojos dorados fijos en el punto exacto donde el chal de Vespera parecía emitir un calor antinatural
Jarek gruñó un sonido que vibró en el suelo de tierra batida. La daga en su cuello era un insulto que su instinto de lobo no podía procesar, con un movimiento brusco, desplazó su peso y lanzó un codazo hacia atrás, obligando a Vespera a saltar para evitar que le rompiera las costillas.
Kaelen no intervino se cruzó de brazos, observando con una intensidad depredadora. Sabía que si detenía la pelea ahora, Vespera nunca se ganaría el respeto de la manada, pero sus ojos no se apartaban del broche de hierro en su hombro, que vibraba sutilmente. Jarek cargó de nuevo, pero esta vez no fue un ataque frontal descuidado utilizó su velocidad licántropa, convirtiéndose en un borrón de músculos y furia. Vespera esquivó el primer zarpazo, sintiendo el viento del golpe rozarle la mejilla, pero Jarek fue más rápido: barrió sus pies con una patada baja.
Vespera cayó de espaldas. El impacto contra la tierra dura le sacó el aire y, por un segundo, la agonía del Sello de Ébano nubló su vista.
Jarek ya estaba encima de ella, lanzándose con todo su peso para inmovilizarla. Vespera rodó lateralmente en el último instante, clavando los talones en la tierra para impulsarse. Mientras Jarek se recomponía, ella lanzó tres estocadas rápidas con la daga de entrenamiento no buscaba matar, sino puntos de presión, el tendón de la corva, el costado y el antebrazo.
El lobo rugió de dolor y frustración al sentir los golpes precisos, la agilidad de Vespera era frustrante se movía como el humo entre sus dedos.
Él cambió su postura, agazapándose como si fuera a transformarse parcialmente. La atmósfera en el patio se volvió asfixiante. Vespera sintió que el Sello quemaba con una urgencia nueva, alimentándose de su adrenalin, sabía que el siguiente intercambio decidiría si salía del foso por su propio pie o en una camilla.
Vespera respiró hondo, ignorando el fuego líquido que recorría su clavícula, no podía permitirse usar el Sello si una sola chispa de ese poder oscuro se filtraba, Kaelen la encerraría en una celda antes de que pudiera decir Ciudad de Plata. Tenía que vencer a la bestia con la cabeza, no con la magia.
Jarek se lanzó de nuevo, esta vez con la intención de usar su fuerza bruta para embestirla como un ariete. El suelo tembló bajo sus pies, Vespera no se movió hasta que el lobo estuvo a menos de un metro.
En lugar de rodar hacia los lados, Vespera se lanzó hacia adelante, deslizándose por la tierra batida directamente entre las piernas del gigante. Mientras pasaba, usó el mango de la daga para golpear con precisión quirúrgica el nervio detrás de la rodilla de Jarek.
El licántropo flaqueó, soltando un gruñido de sorpresa, pero su inercia lo mantuvo en pie, se giró con un zarpazo salvaje, pero Vespera ya estaba arriba. Ella no se alejó al contrario, se pegó a su espalda aprovechando que Jarek era mucho más alto, escaló por su columna usando los puntos de apoyo de su armadura de cuero.
Vespera no soltó, pasó sus piernas alrededor del cuello del lobo y usando el peso de su propio cuerpo como palanca, realizó una maniobra de asfixia técnica combinada con un giro de cadera. Al mismo tiempo, le arrebató el cuchillo de hueso que Jarek llevaba en el cinto.
El impulso del giro, sumado al desequilibrio de Jarek por el golpe en la rodilla, hizo que el gigante perdiera el centro de gravedad. Con un estruendo que levantó una nube de polvo, Jarek cayó de bruces contra la tierra.
Vespera aterrizó sobre él, inmovilizando su brazo derecho tras la espalda y presionando el cuchillo de hueso con la propio arma de Jare, contra la base de su cráneo.