Sangre Proscrita. El Trono de los Lobos

Una Luna que no se Apaga

El campamento en los límites de Blackwood era, por primera vez, un lugar de quietud. Las hogueras ardían con un fuego inusual, teñido de destellos plateados y los guerreros de la manada descansaban bajo una vigilancia que ya no era necesaria las sombras del bosque parecían susurrar protección en lugar de amenazas.

Kaelen encontró a Vespera en un saliente rocoso, mirando hacia la Ciudad de Plata que se vislumbraba en el horizonte la luz de su pecho se había asentado en un resplandor tenue, como una estrella en calma sin embargo, los cambios eran innegables la marca del Abismo una delicada red de líneas plateadas ahora recorría también el antebrazo del Alfa, brillando con suavidad bajo su piel.

Él se sentó a su lado guardando una distancia que ya no se sentía como una barrera sino como un espacio de respeto.

  • Mis hombres dicen que las sombras les hablan - rompió Kaelen el silencio, su voz era baja y ronca - Dicen que se sienten más fuertes como si el bosque mismo les hubiera dado permiso para existir.

Vespera soltó un suspiro largo, dejando que el aire gélido llenara sus pulmones antes de responder.

  • El Abismo no es un lugar, Kaelen es una memoria. Mis ancestros no buscaban destruir el mundo, buscaban mantenerlo unido al protegerte a ti y a tu manada, simplemente están reconociendo a los que se negaron a ser parte de la mentira.

Kaelen guardó silencio por un momento, bajando la vista hacia la marca en su brazo. Sentía cómo latía en perfecta sincronía con el corazón de ella.

  • ¿Y qué significa esto para nosotros? -preguntó, volviéndose hacia ella. Sus ojos ámbar estaban despojados de su máscara de soberano - El sello se ha roto, la mentira ha caído... pero ahora estoy marcado por tu vacío, Vespera y tú estás anclada a mi fuego. Ya no es el Tratado lo que nos une.

Vespera se giró para enfrentarlo, la vulnerabilidad que antes la aterraba ahora se sentía como su mayor fortaleza estiró la mano y con una delicadeza que le robó el aliento al Alfa, trazó la línea plateada que recorría el brazo de él.

  • Significa que ya no puedes protegerme desde lejos, Kaelen - susurró ella - Y que yo ya no puedo esconderme en las sombras para no herirte. Tu juramento de protección no solo rompió mi celda, cambió mi naturaleza lo que soy ahora... es parte de ti.

Kaelen cerró los dedos sobre la mano de ella, entrelazándolos con firmeza. El calor solar de su sangre de lobo y el frío ancestral del vacío se anularon al contacto, creando una temperatura perfecta, un equilibrio absoluto.

  • No me arrepiento - dijo él, acercándose hasta que sus frentes se tocaron - Que los clanes se preparen para la guerra, que el mundo se desmorone si quiere pero tú no volverás a caminar sola, hija del Abismo porque el lobo ha encontrado su luna una que no se apaga y no pienso dejar que nadie vuelva a intentar eclipsarla.

Vespera cerró los ojos, permitiéndose por fin apoyarse en él en esa primera noche de paz verdadera ambos comprendieron que su vínculo no era una cadena, sino la primera piedra de un nuevo imperio, uno que ninguno de los dos había buscado, pero que ambos estaban listos para gobernar.




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