Sangre Proscrita. El Trono de los Lobos

El Amanecer del Nuevo Vínculo

El primer rayo de sol se filtró entre las copas de los pinos cargados de nieve, pero el amanecer en el campamento de Blackwood no trajo la luz dorada habitual, la claridad de la mañana se fundió con el resplandor de las fogatas, creando una luz limpia que calmaba las sombras del bosque sin destruirlas. El aire ya no se sentía congelado, la temperatura en el perímetro se había estabilizado en una calidez extraña, como si la naturaleza misma se hubiera ajustado para recibirlos.

Kaelen bajó del saliente rocoso a paso firme con Vespera caminando a su lado la manada ya estaba despierta ningún lobo había dormido del todo, pero en sus rostros no había rastro del cansancio o la paranoia de la noche anterior. Los guerreros se encontraban reunidos en el centro del campamento, hablando en voz baja hasta que la silueta del Alfa y la joven apareció frente a ellos.

El silencio se apoderó del lugar de inmediato. Jarek, Silas y Maeve dieron un paso al frente en representación de los capitanes todas las miradas se posaron de inmediato en el antebrazo de Kaelen.

La manga de su camisa estaba recogida, dejando al descubierto la delicada red de líneas plateadas que ahora formaba parte de su piel. A la luz del día, la marca del Abismo no parecía una cicatriz ni una quemadura brillaba con suavidad, latiendo al ritmo de su pulso de Alfa. Cuando Kaelen alzó la mano, los destellos plateados en su piel reflejaron la luz ámbar de sus ojos, mostrando una unión perfecta de su fuego solar y la penumbra primordial.

  • Alfa - dijo Jarek, mirando fijamente el brazo de Kaelen. El enorme guerrero no retrocedió en su lugar, golpeó su propio puño contra el pecho en el saludo oficial de la manada - Los linderos del bosque están en paz, las patrullas regresaron del flanco oeste. Las sombras... ya no susurran con hostilidad se sienten como parte de las defensas como si el territorio se hubiera expandido.

Silas dio un paso adelante, observando a Vespera. El veterano rastreador ya no tenía el rostro pálido ni las manos temblorosas.

  • Teníamos miedo de lo que no conocíamos, mi señora - admitió Silas, inclinando la cabeza con un respeto sincero - Pero esta mañana al despertar, el lobo en nuestro interior ya no vio una amenaza en la oscuridad. El vacío que nos rodea no quiere nuestra carnequiere defendernos. Sentimos su protección en la piel.

Vespera miró a los guerreros. La estática en su voz había desaparecido, sustituida por una claridad firme que transmitía una autoridad innata.

  • El Abismo solo devuelve lo que recibe -respondió Vespera, manteniendo la mano cerca de la de Kaelen - Blackwood me dio un hogar cuando el mundo me dio la espalda. Mis ancestros ahora cuidan sus sueños porque ustedes eligieron cuidar los míos. No hay maldición en este vínculo, Silas solo justicia.

Kaelen barrió a su gente con su imponente mirada dorada. El aura de mando que desprendía era mucho más fuerte que el día anterior la marca en su brazo potenciaba su estatus de Alfa, dándole una presencia imponente ante sus subordinados.

  • La mentira del Consejo se terminó -sentenció Kaelen, y su voz ronca se extendió por todo el campamento - Durante siglos nos hicieron creer que era un monstruos que debían vivir al margen, haciendo que temieramos a las sombras y sirviendo a sus tratados de paz. Hoy la marca que llevo en el brazo es la prueba de que Blackwood ya no le rinde cuentas a nadie ya no somos los perros de caza del Consejo somos los guardianes de la Reina del Abismo.

Un rugido unísono estalló entre los guerreros, los capitanes alzaron sus armas y el clamor de la manada hizo eco en las montañas. Ya no había confusión ni dudas en sus ojos lla aceptación era total. Los lobos habían comprendido que la oscuridad que siempre temieron se había convertido en su armadura más fuerte y que la paria que una vez ignoraron era ahora la luna que guiaría su nuevo camino.

El sol terminó de levantarse sobre Blackwood, iluminando a una manada que ya no pertenecía al viejo mundo, lista para marchar bajo el manto de la sombra y el fuego.




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